TRAMO SEÑALIZADO. Entrevista a la escritora Macu García González: Mención de Honor 'Rosa Chacel'

La escritora Macu García González y Miguel Asensio (presidente de la Asociación Cultural Eclipse), junto a la escultura de Rosa Chacel, en la plaza del Poniente de Valladolid.

   

 Macu García González: 

«La mujer en el ámbito literario, tanto como escritora como en los personajes, es a mi juicio la gran olvidada y, siendo progresista y feminista, me siento en la obligación de darles voz»



Así entiende la literatura Macu García González (León, 1963), una escritora que ha hecho de las historias de mujeres, la memoria y la reivindicación social algunas de las señas de identidad de su obra. Galardonada con la Mención de Honor «Rosa Chacel», que concede la Asociación Cultural Eclipse de Valladolid, su trayectoria literaria es la de una autora inquieta que encontró en la literatura una manera de acercarse a las realidades que le preocupan y dar voz a quienes no siempre la han tenido. Para ella, el secreto de una buena creación literaria está en saber mirar «a los personajes al corazón», una sensibilidad que se percibe en unas historias profundamente humanas, comprometidas con la justicia social. Este reconocimiento coincide con la promoción de su tercera novela, La mujer que odiaba los geranios, de reciente publicación. Macu me cede amablemente unas horas para charlar sobre su trayectoria literaria y su manera de entender la escritura, sin olvidar, por supuesto, su última novela. Una oportunidad para conocer mejor a la persona, a la escritora y a su universo literario. Pasen y lean.


PREGUNTA. Muchas felicidades, Macu, por tu Mención de Honor ‘Rosa Chacel’ que concede la vallisoletana Asociación Cultural Eclipse, y que reconoce la trayectoria narrativa de autoras y autores vallisoletanos o vinculados con la ciudad. ¿Qué sensaciones te produjo la noticia?

RESPUESTA. Gracias, Jorge. La noticia fue una sorpresa, y me emocionó saber que me habían elegido. Es muy importante para mí que sea una asociación cultural quien lo haya hecho.

P. Naciste en León, pero resides desde hace años en la capital del Pisuerga. ¿Qué es para ti Valladolid?

R. Nací en León y, aunque llevo toda la vida viviendo en Valladolid, sigo vinculada a León, sobre todo a la zona de las montañas en la que tengo una vivienda. Allí disfruto de una energía y una paz especiales. Pero mi vida, mi trabajo y mi familia están en Valladolid, la ciudad en la que he crecido y me he desarrollado.

P. Valladolid posee una gran tradición literaria. Es y ha sido cuna de ilustres escritoras y escritores. ¿Por qué crees que esta ciudad es todo un referente en literatura?

R. Como bien dices, esta ciudad es cuna de escritoras y escritores cuya valía los convierte en referentes de la literatura. Desconozco el motivo, pero deseo que siga siendo así.



P. Has dicho en alguna ocasión que tu afición por la literatura empezó de niña, en la infancia. Por motivos de salud, comenzaste a leer y, desde entonces, ya no has parado. Este es un dato que se encuentra en la biografía de muchos escritores: la enfermedad y el reposo los hicieron acercarse a los libros. ¿Cómo recuerdas aquellos días? ¿Qué te regaló la literatura en esos momentos?

R. Cierto. De muy niña, la salud me postró un tiempo en la cama y lo más socorrido —quizá lo único en aquellos momentos en los que ni siquiera existía programación de televisión por la mañana y, por supuesto, tampoco tecnología— era la lectura; los libros eran un gran regalo. Por mi carácter, no recuerdo con dolor aquella etapa, porque la literatura me brindó la oportunidad de soñar y de vivir historias increíbles. Supongo que me podía evadir de una realidad injusta para una niña a través de las páginas y los dibujos de aquellos cuentos.

P. Macu, ¿en qué momento te diste cuenta de que tu camino no solo era el de ser lectora, sino también el de escribir?

R. Con certeza, recuerdo empezar a escribir poesía sobre los trece años. Pienso que la mayoría de las personas que leemos de manera habitual siempre encontramos el momento de dar el salto a la página en blanco. Las letras siempre han sido mis compañeras.

Cada género tiene sus cualidades y sigo cultivando el relato y el microrrelato, pero ahora me encuentro mejor en la novela, en todo lo que rodea su elaboración

P. Muchos lectores te conocerán por las tres novelas que has publicado hasta ahora: Los tiempos de Olvido (ed. Círculo Rojo, 2022), La lectora (Círculo Rojo, 2025) y La mujer que odiaba los geranios (Círculo Rojo, 2026), recientemente publicada y de la que estás en plena promoción. Pero antes de ellas, frecuentaste (aunque sigues frecuentando) otros géneros como el relato corto, el microrrelato, la poesía, el microensayo, los relatos biográficos o hasta textos para escape rooms, y hasta algunos de ellos te han hecho ganar certámenes literarios. ¿En qué género te encuentras más cómoda como escritora? ¿La novela es tu territorio preferido?

R. Soy una mujer inquieta en la vida y también en la literatura; lo he sido como lectora y lo soy como escritora. Cada género tiene sus cualidades y sigo cultivando el relato y el microrrelato, pero ahora me encuentro mejor en la novela, en todo lo que rodea su elaboración: en las fases de documentación, la creación de personajes y el desarrollo de la trama. Es como si el universo que gira en torno a toda la historia me dejara un buen sabor de boca durante más tiempo y me permitiera vivir muchas horas en un universo paralelo al real.




P. Se podría decir que tu primera publicación en solitario (Los tiempos de Olvido), con 59 años en 2022, es tardía. Tenemos casos similares en la historia de la literatura como los de Frank McCourt o Anne Youngson, aunque debutaron con más edad. ¿Por qué no publicaste antes? ¿Quizá 2022 era el momento adecuado?

R. Es verdad, es tardía. Entre otras cosas, porque el mundo laboral, en el que llevo más de cuarenta y cinco años, no me ha dejado mucho tiempo. Además, soy madre de tres hijos que, aunque ahora ya vuelan solos, en su momento me requirieron mucho tiempo. Para dar el salto necesitaba una madurez literaria y personal, y tiempo. Una novela requiere más dedicación y menos cosas en la cabeza. Los tiempos de Olvido la comencé creo que sobre 2017, aunque no llegó a los lectores hasta 2022, porque cuando termino una novela la dejo un tiempo en el cajón para revisarla con una perspectiva menos apegada y más objetiva.




P. Tengo una curiosidad que pregunto a muchos escritores: la obsesión por su obra y por su oficio. ¿Te consideras una escritora obsesionada? ¿Vives 24 horas para la literatura? ¿Cómo es un día en la vida de Macu?

R. No me obsesiona nada en la vida. Me preocupan algunas cosas y me ocupan otras muchas, pero todo con un orden. Es verdad que a veces hay personajes que se me imponen y transitan conmigo por lo cotidiano, pero les presto la atención que puedo, no toda la que ellos quieren en el día a día. Eso sí, cuando estoy en el proceso creativo propiamente dicho les dedico muchas horas; incluso paso días en los que me recluyo sola en las montañas para convivir con ellos. En mi día a día soy una mujer muy madrugadora: sobre las 5:30 o las 6:00 me levanto para escribir, corregir o leer documentación hasta las 7:30, más o menos, que me preparo para ir a trabajar. Dependiendo de si trabajo por la tarde o no, le dedico unas horas a la lectura o al cine. Lo que es escribir, siempre es por la mañana a primera hora, antes de contaminarme de lo cotidiano. En los fines de semana o en las vacaciones, esas dos horas se expanden un montón.

P. Tu mundo y tu estilo literario son muy reconocibles. Existe un sello personal en tu obra. Se trata de una literatura que explora la intimidad de los personajes de manera sensible y muy humana, con cierta poesía por momentos, cercados por una realidad y un pasado injustos y dolorosos. En tus libros hay una reflexión, con un estilo sencillo y cargado de emoción, sobre la soledad, la incomunicación y la marginación, sin olvidar tampoco un grito social y reivindicativo. Y en ese mundo, sin olvidar a los personajes masculinos, la mujer ocupa un lugar importante. En tus tres novelas hasta ahora, creas mujeres inolvidables como Olvido, Catalina o Karina, llenas de vida y verdad. ¿Crees que se ha escrito aún poco sobre el papel de la mujer en la historia reciente? ¿Qué es lo que intentas hacer sentir a los lectores con tus tres novelas hasta ahora?

R. Pretendo escribir de manera que acercarse a mis historias sea cómodo en lo que se refiere al estilo sencillo, pero los temas que elijo son complejos. Antes de empezar el proceso pienso de qué quiero hablar, qué me preocupa, cuál es el asunto que despierta mis ganas de dar a conocer una situación. Con ese planteamiento, mis obras son reivindicativas y sacan a la palestra temas sociales que no puedo silenciar. Es verdad que las protagonistas son mujeres en las tres novelas y, de momento, también en las que estoy trabajando. El motivo es que como mujer conozco más la psicología femenina, y soy más empática con las mujeres. La mujer en el ámbito literario, tanto como escritora como en los personajes, es a mi juicio la gran olvidada y, siendo progresista y feminista, me siento en la obligación de darles voz. Quiero que las lectoras y los lectores de mis novelas naveguen en ellas por otros terrenos y se acerquen a temas especiales, espinosos en algunos casos, como la violencia de género, el rechazo por la orientación sexual, las dificultades para conquistar derechos, etc. Y, sobre todo, deseo que al cerrar la novela algo de lo que han leído les sirva para mirar la vida desde otro prisma más abierto y más solidario.

P. Seguro que tienes maravillosas anécdotas con lectores que se hayan acercado a ti para contarte cómo les has influido en sus vidas...

R. Sí, me he visto bailando en el patio del castillo de Portillo, un pueblo de Valladolid, incitada por el grupo musical que acompañó la presentación. He leído poemas en la Casa de Cervantes de Bruselas por una serendipia ocurrida en la presentación en Santander de una obra escrita sobre escritoras vinculadas a Castilla y León. He encontrado lectores cero o beta para otras novelas tras conocerlos en una presentación. He tomado café y charlado de literatura con lectoras que se han puesto en contacto conmigo a través de las redes. Incluso he modificado el planteamiento de estructura de la primera novela (que está dividida en tres partes en referencia al lugar donde suceden), porque una lectora me indicó que, al no tener capítulos, le resultó complicado parar. Desde entonces todas tienen capítulos.




P. Esa maravillosa humanidad y esa verdad... ¿Cómo se consiguen en literatura? ¿Cuál es el secreto para crearlas?

R. Mirando a los personajes al corazón. Teniendo en cuenta lo que sienten, lo que les preocupa, todo aquello que desde mi punto de vista no es justo. Lo mismo que hago con las personas que me rodean y, en especial, con las más vulnerables.




Con la lectura somos mejores sin lugar a dudas, más sabios y más empáticos. Quien piense que la literatura no puede cambiar vidas creo que se equivoca; puede hacerlo. 

P. Quiero recuperar el tema del poder de la literatura. Aparece claramente, por ejemplo, en La lectora, una novela que, entre otras cosas, es un homenaje a los libros como fuente indispensable no solo de placer y conocimiento, sino también de crecimiento y libertad. ¿Crees que sin literatura seríamos peores personas? ¿Qué le dirías a alguien que piense que los libros no pueden cambiar vidas?

R. La lectora es una apología de la lectura, en el sentido de defensa, alabanza y justificación de los libros. En ella hablo de veintitantas obras y se incluyen fragmentos de relatos eróticos escritos por mí. Los libros tienen un poder sanador: te abren los ojos a información que desconoces, te pueden llevar a lugares que nunca has pisado y llegan a plantearte situaciones que nunca se te habían pasado por la cabeza. Pueden despertar en ti sentimientos maravillosos o hacer que te reconozcas en escenas que en la vida diaria te habían pasado desapercibidas; todo eso sin contar su poder de entretenimiento. Con la lectura somos mejores sin lugar a dudas, más sabios y más empáticos. Quien piense que la literatura no puede cambiar vidas creo que se equivoca; puede hacerlo. De hecho, yo misma he sido testigo de una mujer que, tras leer Los tiempos de Olvido, fue consciente de que sufría violencia de género psicológica y se replanteó su vida en pareja.

P. Tengo mucha curiosidad por tus referentes literarios, por tus escritores de cabecera como lectora y como autora.

R. Siempre he leído de todo, pero ahora me he vuelto más selectiva. Combino las lecturas de obras de compañeros y compañeras con las que coincido en ferias del libro con las de reconocidas autoras y autores. La siguiente novela que leeré es la de Alana Portero, Cosamala. Ya leí su novela anterior, La mala costumbre, y me gusta su forma tan diferente de escribir. En su momento, Almudena Grandes y Dolores Redondo fueron mis compañeras, pero no tengo ninguna escritora de cabecera; de hecho, en muchas ocasiones, son mis libreras de confianza las que me incitan a leer a autores y autoras que desconocía y, en algunas ocasiones, lectoras que me recomiendan un título.

P. Los premios literarios. No te ha ido mal en ellos. Entre ellos —porque la lista es larga— has ganado el certamen literario de Bollullos del Condado (Huelva), en 1992, por Sol y luna, una historia de amor; el VI Certamen de Relatos Breves de Mujer del Ayuntamiento de Valladolid, en 2003, por XXL, o el segundo puesto del VIII Premio de Periodismo y Narración Trinidad Arroyo, de Palencia, en 2004, por Cuando tus manos no me acarician. También has sido premiada por El país de los Selaguis, en Medina del Campo, o con el microrrelato Mami, en el concurso Uryula Puro Arte. ¿Crees que los certámenes literarios son una parte fundamental en la carrera de un escritor? ¿Qué significan para ti?

R. Creo que son un aliciente para trabajar y, en mi caso, para hacerlo en algunas ocasiones sobre temáticas concretas que ponen las bases: la minería, el edadismo o el vino. Si no me hubiera planteado participar, no habría escrito sobre esos temas. Son deberes que me impongo: tienen un plazo, una extensión, un formato. Hay que ceñirse y me viene bien; y si gano, ni te cuento.

P. No quiero olvidar otra de tus facetas como escritora que resulta muy interesante. Me refiero a la recuperación y reivindicación de importantes mujeres leonesas cuya trayectoria ha quedado relegada al olvido. Nombres como Manuela Rejas, Eva González Fernández o Dolores Fernández Geijo han protagonizado algunas de tus páginas. De nuevo, la memoria en tu literatura. Cuéntanos.

R. He tenido la suerte de cruzarme en el camino con Mercedes González Rojo, la promotora de esta iniciativa, y conocer a mujeres que han sido invisibilizadas por la historia. Como leonesa me parece importante sacar a la luz su trabajo, y como mujer, aún más. Mientras se me ofrezca la oportunidad de colaborar en este proyecto, estaré encantada y agradecida de hacerlo. El tiempo no puede borrar la labor de muchas mujeres.




P. De reciente publicación, te encuentras en plena promoción de tu tercera novela, La mujer que odiaba los geranios (ed. Círculo Rojo). En ella, cuentas la historia de Catalina que, después de casi treinta años lejos, se ve obligada a regresar al piso donde creció. Entre muebles cubiertos de polvo, objetos que creía olvidados y el persistente olor fantasma de los geranios que siempre odió, irrumpe también una infancia marcada por el miedo, la violencia de su padre y un secreto que ha condicionado toda su vida. Siendo apenas una adolescente, fue enviada a Madrid y acabó recluida en la maternidad de Peña Grande, conocida oficialmente como Nuestra Señora de la Almudena, un centro dependiente del Patronato de Protección a la Mujer. En nombre de una moral equivocada y de unas creencias alejadas de un Dios justo, las religiosas le arrebataron allí, entre castigos, silencio y culpa, mucho más que su juventud. ¿Qué más les puedes contar sobre ella a todos los lectores? Seguro que te esperan muchas presentaciones y firmas de libros. 

R. Esta novela nace de la necesidad de dar a conocer una institución franquista que marcó la vida de muchas mujeres: El Patronato de Protección a la Mujer. Catalina es una protagonista creada por mí sobre la base y la investigación de la realidad de esta situación. El pasado 28 de octubre, el Boletín Oficial del Estado (BOE) publicó la declaración del «Patronato de Protección a la Mujer (1941-1985)» como Lugar de Memoria Democrática. En el texto de la resolución se recogen las presiones ejercidas sobre jóvenes embarazadas para que entregaran a sus hijos en adopción, como le sucede a Catalina, protagonista de La mujer que odiaba los geranios, así como los casos de sustracción de bebés. El centro en que es recluida Catalina en la novela también es mencionado en el documento publicado en el BOE, Nuestra Señora de la Almudena, conocido como Peña Grande. Para no hacer spoiler, no cuento más.

Me satisface, además, contar con el prólogo de Consuelo García del Cid Guerra, la mujer que ha sacado a la luz este atropello y ha luchado incansablemente para darlo a conocer desde la perspectiva de las víctimas y supervivientes. Esta resolución supone, asimismo, un respaldo institucional a la veracidad de los hechos que se narran en la novela.

P. Para terminar, Macu, miremos al futuro. ¿Cuáles son tus planes vitales y literarios?

R. En estos momentos voy a centrarme en dar a conocer la última novela, La mujer que odiaba los geranios, tanto porque es necesaria su promoción como por la realidad que conlleva la historia que la conforma. En la medida de lo posible, quiero poner mi granito de arena para que las víctimas de esa institución sean reparadas. Tengo iniciadas dos novelas que espero retomar cuando tenga más tiempo, ya que dejarlas a medio camino guardadas en un cajón supone, al regresar a ellas, una revisión de la documentación y de la escaleta de trabajo. También seguiré escribiendo relatos y microrrelatos de vez en cuando para mantenerme en forma.


                      


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