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Mostrando entradas de junio 3, 2026

Sobre despertares afortunados

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Agraciado el hijo del escritor Montaigne al que su padre despertaba todas las mañanas con la suave melodía del violín. Bendecido Balzac, que cada amanecer, y después de haber escrito durante la madrugada, el pajarillo que se posaba en el mismo árbol de su calle parisina cada mañana le sacaba del sueño con su dulce sinfonía. Suerte la de Anais Nin, a quien muchas mañanas le arrebataban de los brazos de Morfeo los brazos amorosos de Henry Miller para darle el placer que dos seres enamorados desean y necesitan. Afortunado el joven aprendiz de escritor Raymond Carver, que a primera hora le despertaba el cadencioso y cuidadoso sonido del trajín de su madre en la casa -que nunca pretendía despertarle-, y que siempre le hacía sonreír. Bendecido esta mañana -yo también afortunado-, cuando en mi rostro los finos rayos de este sol de junio -mi mes preferido- y la suave brisa que entraba por la ventana abierta me han despertado con sus tiernas caricias, y me han hecho pensar que la vida merece la...

La delicadeza del cancionero tradicional

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Dentro de la historia de la poesía española, el cancionero tradicional anónimo sigue entusiasmándome. Son piezas encantadoras, finísimas, íntimas y delicadas. Canciones breves, muchas de ellas en la voz de una mujer enamorada, impregnadas de deseo, nostalgia y una emoción que ha atravesado los siglos. Esta tradición hunde sus raíces en las jarchas mozárabes del siglo XI y continuó viva durante toda la Edad Media, hasta ser recogida y recreada por autores cultos de los siglos XV, XVI y XVII, como Gil Vicente o Lope de Vega. Buena parte de esta tradición poética quedó reunida en el  Cancionero general de muchos y diversos autores,  de Hernando del Castillo, impreso en Valencia en 1511, una de las obras fundamentales de la literatura española y considerado por muchos el primer gran éxito editorial de nuestras letras. Aunque no recoge las jarchas mozárabes —que serían descubiertas siglos después—, sí conserva una extraordinaria muestra de la poesía castellana de finales de la Edad...

¿Y si la mala suerte no existiera? El físico Timothy Palmer cree que el azar podría ser una ilusión

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  ¿Y si la mala suerte no existiera? El físico Timothy Palmer cree que el azar podría ser una ilusión Quizá ese café derramado, ese pinchazo inesperado o esa cadena de pequeños desastres cotidianos no sean fruto de la mala suerte. Una nueva propuesta científica plantea una idea fascinante: tal vez el universo funcione siguiendo reglas ocultas que todavía no somos capaces de comprender y que no tienen relación con el azar Todos hemos tenido alguna vez uno de esos días en los que parece que el universo se ha puesto de acuerdo para llevarnos la contraria. Te levantas tarde, pierdes las llaves, se derrama el café sobre la camisa recién planchada y, para rematar, llegas tarde a una cita importante. En esos momentos solemos echarle la culpa a la mala suerte. Pero ¿y si la suerte, buena o mala, no existiera? Esa es, en cierto modo, la provocadora idea que defiende Timothy Palmer, físico de la Universidad de Oxford . Según su planteamiento, muchas de las cosas que interpretamos como azar ...