Microrrelatos ganadores del II Certamen Internacional de Microrrelato 'Jorge Alonso Curiel' 2023




Aquí están las obras ganadoras del II Certamen Internacional de Microrrelato 'Jorge Alonso Curiel' 2023. Espero que os gusten.


GANADOR:


Getty imagen


Así están las cosas, de Euloxio Fernández. 


Hace miles de años una tortuga milenaria, hoy multimilenaria, levantó su cabeza y miró hacia lo alto, no miró al cielo, ni a la luna que brillaba a pleno día, miró al infinito, y no contenta con mirarle también le habló:

-¡La vida no tiene ningún sentido! ¿Me oyes infinito?

Y el infinito contestó:

-Las tortugas no hablan.

Y la tortuga replicó:

-Ni los infinitos tampoco.

Y... así están las cosas.

Esta historia quedó anotada gracias a un perro que fue testigo de aquella conversación. 

-¡Los perros no escriben! 

Y... así siguen las cosas. 


SEGUNDO PUESTO:   




Botellón, de Héctor Daniel Olivera (España).

 

A los viejos del lugar lo que más les irritaba de los jóvenes con los que compartían el parque era que cuando se marchaban los chavales lo dejaban todo perdido de sueños.



MENCIÓN DE HONOR:




Una antológica reunión familiar, de Martín Ernesto Troncoso (Argentina).



Adoro reunir a la familia frente a la mesa. Les convido con manjares de distintas procedencias. Algunos llegan de lejos (más de lo que se imaginan). Los ancianos, dispuestos a contar historias que paladeamos en silencio. Me encanta recibirlos personalmente, abrazarlos o presentar mis respetos, según solturas y recatos.

A muchos no llegué a conocerlos. Son bienvenidos igual. Cierta similitud indica que venimos de la misma cepa.

Una vez al año. Todos asisten. La heráldica y el árbol familiar varían, según la memoria narradora y la ingesta de bebidas espirituosas.

Es una tradición que se mantiene por centurias. Nos une la sangre. Las ganas de brindar con los nuestros. Aunque debo confesar que nuestros fantasmas, a la hora de alzar las copas, se desviven por un brandy de Jerez.

Por esas cosas de la inmaterialidad, me duele hasta en el alma, no poder satisfacerles el deseo.


MENCIÓN DE HONOR:




La coma criminal, de Marco Antonio Román Encinas (Perú).

 

—El acusado se interpuso deliberadamente entre un sujeto y un verbo y no se movió de allí. Tengo testigos del hecho —dijo el fiscal Denegri.

—Secretaria Irene, lea el artículo 73 de la sección Signos de Puntuación del Código Penal Ortográfico —ordenó el juez Degregori.

La secretaria Irene leyó lo siguiente:

—Quien se interponga entre un sujeto y un verbo cometerá un crimen ortográfico y, por lo tanto, tendrá una pena privativa de la libertad no menor de cinco ni mayor de diez años dependiendo de la gravedad del acto.

—¿Tienen algo que alegar? —preguntó el juez Degregori dirigiendo la vista hacia la parte demandada.

—Mi patrocinado se declara culpable de aquella imputación y pide acogerse a la confesión sincera —respondió el abogado Titivillus.

—La sala acepta el pedido de la Coma. Dentro de dos días rendirá su testimonio. Se cierra la sesión —sentenció satisfecho el juez Degregori.



MENCIÓN DE HONOR:




Savoir faire, de 

Miguelángel Flores (España).


He recorrido el puerto y los bajos fondos. Y los altos también. Los casinos. Restaurantes donde se cuecen los grandes negocios de este país. Y nada. Ya nadie requiere los favores de un autónomo asesino a sueldo. El mercado está copado por esas mafias que crían a sus propios matones desde pequeños. Pero sin escuela ni nada. Sin estilo alguno. Esos que acaban matando sin clase, sin miramientos. Asesinan a lo bruto. Con aspavientos de criminal chabacano. Dejándolo todo perdido de sangre y desgracia, y lanzando los cuerpos desde los coches a las cunetas.  


Qué tiempos en los que uno pegaba un disparo limpio y certero, con silenciador, encendía un pitillo y huía calladamente con sombrero entre las sombras. Con finura y sin más dolor ni espanto del necesario. 



MENCIÓN DE HONOR:






La visita, de Marcos Maggi (España).


 

Salón donde predominan la madera y el silencio. Humo de cigarrillo. Periódico abierto. Bebe whisky con soda. La puerta se mueve y entra un cuchillo sostenido por un hombre corpulento.  


“¡Usted quién es!”, grita la futura víctima. 

 

-Vengo a matarlo. Solo tengo ciento cincuenta palabras para cometer el crimen. Si esto fuera una novela, le quedarían más de doscientas páginas de vida, pero es un microrrelato y debo darme prisa. Lo siento, no es mi culpa, yo no establecí las bases. La futura víctima deja el vaso y apura, nervioso, alejándose, algunas palabras y oraciones: “Socorro, diadema, chimenea, perro, van a matarme, he leído que comienza la guerra en Guinea Ecuatorial, los polos se descongelan y eso, indudablemente, es algo muy preocupante, no, no quiero...”. Le tapa la boca, sabe que si superan las ciento cincuenta palabras podrá salvarse. Levanta el cuchillo, cumple temprano con su papel de asesino.  



En este enlace (pincha aquí) puedes ver también los microrrelatos ganadores del I Certamen Internacional de Microrrelato 'Jorge Alonso Curiel' 2022.






 









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