Entre la memoria y la ficción: entrevista con Luis Ángel Lobato, autor de "La vida según don Nadie"
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| El escritor Luis Ángel Lobato |
Luis Ángel Lobato:
"Con esta novela he pretendido hacer una especie de ajuste de cuentas a esa ideología reaccionaria que se quería perpetuar durante la Transición y romper la modernidad que se abría paso"
Con estas palabras, el escritor Luis Ángel Lobato (Medina de Rioseco, Valladolid, 1958) resume el impulso profundo de su primera novela, La vida según don Nadie (Ed. Páramo). Una obra que llega tras una larga trayectoria como poeta, autor de relatos de género fantástico, articulista y ensayista. Ya en todas las librerías, además tendrá su presentación oficial en la Feria del Libro de Valladolid este próximo miércoles 3 de junio, en el Salón Principal del Círculo de Recreo, a las 13 horas, y que tendrá como maestro de ceremonias al escritor, historiador y crítico cinematográfico Gonzalo Franco Blanco. Pero antes, Luis, tan amable y cercano como siempre, ha aceptado la invitación de este blog para charlar un rato sobre su último libro. Y con sus respuestas, también como siempre, nos contagia su pasión por la literatura y aprendemos muchas cosas.
Muchas felicidades, Luis, por la publicación de La vida según don Nadie (Ed. Páramo), tu primera novela. Tras una larga trayectoria en otros géneros, ahora debutas en la narrativa de largo aliento. ¿Es un libro que has escrito durante muchos años o, al contrario, es de reciente escritura?
Gracias por esas felicitaciones, Jorge. Sí, ya son once libros de poemas publicados y un montón de artículos –mezclando ensayo y relato-- sobre literatura fantástica (terror y ciencia ficción) de los siglos XIX y XX y que fui publicando muchos de ellos en el suplemento cultural “Artes y Letras”, del diario El Norte de Castilla, entre 1989 y 1995. También fui publicando otros en diversas revistas literarias nacionales. Relatos puramente narrativos --uno de ellos aumentado después a novela corta-- he escrito menos, y casi todos ellos de corte fantástico también. Quedan unos cuantos inéditos. A ver si pronto salen publicados.
En realidad, la novela La vida según Don nadie tiene dos escrituras: una entre 2007 y 2009 y la segunda entre 2022 y 2024, en la que cambié y añadí algunas cosas. Por lo tanto es una narración de largo recorrido.
Seguro que tus lectores en estos años te han pedido muchas veces una novela...
Claro que sí. Aquí en Medina de Rioseco –y en Valladolid--, en los bares, muchos amigos y amigas me han insistido en que me “pasase” a la novela, que se vendía más, que tendría más lectores. Bueno; pues ahí está la novela. Espero que sea del agrado de todos los lectores y lectoras.
Siempre se siente una emoción especial con cualquier libro que se publica, pero ¿fue mucho más especial al tener tu primera novela entre las manos?
Sin duda. Publicar un poemario, tras once ya editados, llegaba a ser una costumbre; estupenda costumbre, claro está. Pero –quiero dar las gracias a la editorial Páramo, que se ha atrevido a publicarla-- pasar las hojas de la primera novela que he escrito, y que tantos placenteros desvelos me ha costado, resulta muy especial. Y más tratándose de un material donde cuento sucesos –transformados en ficción-- de mi juventud. Y en el que aparecen como secundarios de lujo personas muy queridas.
Se ha reflexionado mucho sobre este género narrativo. Pero ¿qué granito de arena puedes aportar para entender qué es y en qué se diferencia del resto de géneros?
Bueno; yo pienso que la novela es un género analítico, donde puedes –a diferencia del relato corto y de la poesía, que son sintéticos-- extenderte más en los detalles, y meter más claramente técnicas de otras artes, especialmente las del cine, ofreciendo panorámicas, planos secuencias y demás. O como meter un personaje como el del criado de un terrateniente, basado en el de Paco Rabal de Los santos inocentes. También puedes ofrecer más nítidamente al lector tipologías literarias distintas a las de la narración, como, por ejemplo, la descripción. Cada género tienes sus características.
Autobiografía y ficción
La vida según don Nadie es una comedia ácida que mezcla realidad y ficción. La acción está ambientada principalmente en Valladolid en 1981, aunque también en Medina de Rioseco y otros lugares de Tierras de Campos, en pleno contexto de la Transición española, una etapa marcada por el choque entre la modernidad emergente y el conservadurismo. A través de la mirada de un joven estudiante universitario, que recibe clases particulares de latín por un sorprendente sacerdote, asistimos a un reflejo no solo de una época, sino también al proceso de iniciación a la vida de este joven que el lector entiende que eres tú. Así, muchos lectores creerán que hay mucha carga autobiográfica. ¿Cuánto de ello hay en esta historia?
Sin duda que hay carga autobiográfica, pero, como ya he señalado, lo que prima es la ficción. Y con esta ficción he pretendido una especie de ajuste de cuentas a esa ideología reaccionaria que se quería perpetuar durante la Transición y romper la modernidad que, felizmente, se abría paso. Y ciertamente: algunos personajes secundarios son reales; los principales, aunque algunos tengan cierto apoyo en la realidad, son totalmente ficticios. Así como lo son sus actos.
El sacerdote es un personaje principal en la trama. Muy importante. Pero no es un sacerdote al uso, es alguien excéntrico, especial, que hasta se considera a sí mismo como un superhéroe de Marvel. ¿Quién era realmente este sacerdote?
Es, en realidad, el símbolo de esa sociedad que quería anclarse en la época anterior, en el nacionalcatolicismo. Es un personaje muy divertido, y muy mentiroso, que dice haber realizado actos “heroicos” para salvaguardar las “buenas costumbres” y que luego los cuenta a los demás; a mí como personaje y a los otros que me acompañan en esas clases particulares de latín. Pero, ciertamente, el personaje está tratado de forma paródica; y, aunque la novela viene narrada con un tono muy cómico, lleno de astracanadas, ese tratamiento es hasta cruel en ciertos momentos. Pero, en el fondo, siempre con una mirada de cariño.
La primera virtud que ha de tener el escritor de ficción es la imaginación. Sin ella, sin esa capacidad de inventar una determinada realidad, sea esta vivida o inventada, poco se puede hacer
La novela es también un canto de amor a la imaginación, a la creación, al juego, a la aventura y, cómo no, al poder de la literatura. ¿Qué sería de nosotros, Luis, sin todo esto?
Sin ninguna duda. Para ser breve, decirte que, en mi opinión, la primera virtud que ha de tener el escritor de ficción, ya sea poeta, narrador o dramaturgo, es la imaginación. Sin ella, sin esa capacidad de inventar una determinada realidad, sea esta vivida o inventada, poco se puede hacer. En esta novela, tanto la imaginación del “yo” narrador como la de los demás personajes, especialmente la del sacerdote protagonista, es impactante. Y eso el lector lo agradecerá.
Una mirada a la Transición española
Antes citaba el contexto de este relato: inicios de los años 80. ¿Crees que haber narrado esta historia en otras décadas, o incluso en la actualidad, perdería algo de la fuerza que posee? ¿La transición española es uno de los marcos más interesantes de la historia reciente de este país?
Eso pienso yo. Tuve la suerte de vivir mi juventud en los años ochenta, y, por lo tanto, son muy queridos para mí. Fue una época irrepetible, y llena de contradicciones. Esta novela, su historia central, no podría haber sido ambientada en otra década. Y digo en su historia central porque también aparecen otras épocas y lugares. Pero el centro es Valladolid en 1981.
¿Qué otros mensajes contiene esta novela que no quieres que pasen desapercibidos? ¿Quizá algún ajuste de cuentas?
Sobre todo mi intención ha sido, además de narrar los acontecimientos novelísticos, hacer una crítica a la sociedad reaccionaria y “carca”, en este caso vallisoletana, que quería dar marcha atrás a la modernidad progresista emergente. A veces intentándolo con actos muy violentos que están en nuestra memoria. Pero todo esto lo digo desde mi punto de vista ideológico. Por lo demás, cada uno es cada uno. En fin...
Luis, el lector siente que te lo has pasado muy bien escribiéndola. Decía García Márquez que escribir es el único placer que no se puede explicar, pero vamos a intentarlo: ¿cómo lo explicarías?
Aunque me ha dado muchísimo trabajo, lo he pasado estupendamente escribiéndola. La trama general la tenía ya en la cabeza. Solo faltaba que fuesen surgiendo en mi imaginación los diversos y delirantes acontecimientos Me he reído mucho, la verdad, con ella.
Una estructura ambiciosa
La estructura de “La vida según don Nadie” es otro de los elementos que llaman la atención. Compleja, ambiciosa, a modo de cajas chinas se van relatando otras historias que van acompañando y completando a la principal. ¿Cuál es la razón por la que elegiste esta manera de articular la trama y no quisiste una estructura más sencilla? ¿Qué influencias literarias tuviste?
La estructura es, en verdad, compleja, aunque muy fácil de seguir por el lector. Cada capítulo es independiente argumentalmente, pero no son relatos sueltos, porque aparecen en cada capítulo los mismos personajes –añadiendo otros nuevos-- y hay sucesos que en un determinado capítulo solo se insinúan y luego se desarrollan ampliamente en otros. O hechos que ya se han contado, vuelven a insinuarse de forma ligera en un capítulo distinto. Por otra parte, la novela tiene la estructura de “relato enmarcado” o de "caja china", donde se incorpora una historia dentro de otra, rompiendo, de esta manera, con la linealidad temporal y espacial.
Esto me permite saltar con total libertad entre la realidad de Valladolid de 1981 y la ficción más extraordinaria. Y ya en cuestión de contenido, quizás por deformación de ser yo filólogo, he intentando que el lector transite por géneros tan dispares –y actualizados-- como los de la novela renacentista, el relato costumbrista, el bizantino, el caballeresco, el pastoril... Y, ya en géneros modernos, el policial y hasta el fantástico. Todo ello plagado de humor y de ironía.
No quiero olvidar un aspecto que me provoca mucha curiosidad. La novela transita, como tú mismo has dicho, con libertad entre la realidad y la ficción, y en ella se encuentra mucho humor. Pero esa realidad, esos hechos vividos, a la hora de recordarlos y plasmarlos, o incluso de ficcionarlos, ¿te han supuesto algún dolor en algún momento? ¿La memoria como herida?
En realidad, no. Los recuerdos no han sido nada dolorosos, más bien placenteros. Bien es cierto que siempre que se habla de la juventud es hablar de una perdida, pero para mí ha significado recuperar lo perdido. Lo único que me ha afectado de manera negativa ha sido recordar aquella sociedad que se negaba a avanzar hacia el progreso y la democracia.
El humor como recurso
Vamos a detenernos en ese humor. Antes he dicho que se trataba de una comedia ácida, y tú has añadido que contiene muchos momentos divertidos, desopilantes. ¿El humor es necesario para escribir grandes libros? ¿Piensas realmente que es una manera certera para tratar asuntos más “serios”?
Sí. Y eso que en mis libros de poemas no aparece ningún rasgo de humor. Todo lo contrario. Pero en narrativa, y en el caso determinado de esta novela, el humor y la ironía han supuesto una forma de acercarme a una determinada realidad, a veces triste y dolorosa. En otras narraciones que he escrito no aparece este humor. Son distintas maneras de aproximarse literariamente a un determinado contenido.
La realidad y la ficción son dos formas indistinguibles de mirar una vida. Al final, ya no sé con certeza cuál es lo real y lo imaginario de lo que cuento en este libro.
Luis, ¿qué has aprendido al escribir La vida según don Nadie?
Dos cosas fundamentales. La primera, darme cuenta de que soy capaz de escribir una novela de casi trescientas páginas, cosa que me parecía impensable, ya que creo ser poeta. Y la segunda, que la realidad y la ficción son dos formas indistinguibles de mirar una vida. Al final, ya no sé con certeza cuál es lo real y lo imaginario de lo que cuento en este libro. Y eso espero que lo agradecerá el lector, como lo agradezco yo también.
Te lo tengo que preguntar: aunque lo intuyo según lo que has dicho antes, ¿en qué género te encuentras más cómodo? ¿Cuál prefieres como escritor?
Eso lo tengo claro. Hay personas que son más analíticas y otras que son más sintéticas. Yo soy de estas segundas. Por lo tanto, la poesía es lo mío. Esto no quiere decir que no escriba más narraciones largas, claro está.
¿Habrá más novelas para que disfruten los lectores?
Vamos a ver qué pasa. Tengo un libro compuesto por una novela corta y tres relatos de ciencia ficción y de terror, titulado Las apariciones del atardecer, que me gustaría que saliera publicado. Vamos a ver...
Por último, ¿qué te gustaría que pensaran los lectores tras acabar de leer el libro?
Que, por muy asombrosos que resulten los acontecimientos narrados en La vida según Don Nadie, estos pertenecen a una realidad vivida. Y, muy sinceramente, que con este “Don Nadie” piensen que han pasado unos días muy divertidos. Espero que así sea.



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