TRAMO SEÑALIZADO. Entrevista al periodista y escritor Ehab Soltan: Sentir la realidad, amar la ficción
TRAMO SEÑALIZADO. CONVERSACIONES CON PERSONAS APASIONADAS CON SU OFICIO
Al conocer el motivo por el cual nuestro invitado descubrió un día su vocación de escritor a los nueve años, no resultaría sorprendente que muchos lectores se estremezcan por su intensa belleza y ternura. A partir de ahí, la vida del periodista, editor y escritor egipcio Ehab Soltan ha sido un compromiso, sin concesiones, por sentir y vivir el poder estético, revelador y transformador de la palabra como "prueba irrefutable de que estoy vivo", como él mismo asegura. Un viaje a través de ella que le ha llevado también a vivir en Londres ejerciendo su vocación, o en Valencia (España), lugar donde reside actualmente, donde ha creado y dirige el diario digital HoyLunes.com, y en el que ha hallado, al fin, el "equilibrio vital" frente al Mediterráneo. Ehab nos regala, con cálida cercanía, auténticas lecciones de vida, de periodismo y literatura, tras más de 25 años de profesión, sin olvidarse de otros asuntos tan interesantes como la visión que tiene un extranjero de España, reflexiones sobre el amor y la mujer, o sobre el camino de perfección que debería ser toda existencia. Se considera "un narrador de realidades con alma de poeta", y así lo comprueba el lector en sus palabras tan brillantes de honestidad, humanidad y lucidez como de esa belleza y ternura con la que descubrió un día el poder arrebatador de la palabra. Por todo ello, es un placer tener como invitado en TRAMO SEÑALIZADO a Ehab Soltan. Tras leer la entrevista, es probable que me den la razón.
PREGUNTA. Los lectores de TRAMO SEÑALIZADO están de enhorabuena porque entrevistar al escritor y periodista egipcio Ehab Soltan no es sencillo. Al contrario que muchos otros escritores y periodistas, ha rehuido siempre las entrevistas. ¿Cuál es el motivo, Ehab? ¿Y por qué ha accedido a expresarse en este espacio?
RESPUESTA. En primer lugar, agradezco sinceramente la invitación de ‘TRAMO SEÑALIZADO’. Mi reticencia a las entrevistas nace de una convicción profunda: creo que la obra de un escritor debe poseer su propia voz y hablar por sí misma, sin mediaciones que puedan distorsionar su esencia. Siempre he preferido que el lector me encuentre en mis textos antes que en mis declaraciones.
Además, el ejercicio del periodismo y la literatura me obliga a menudo a abordar realidades complejas. Mis opiniones, cuando son honestas, no siempre resultan cómodas para quienes ostentan el poder o toman decisiones, y prefiero que esa tensión se mantenga en el terreno de lo escrito. Sin embargo, mi presencia aquí responde a un motivo excepcional: mi profundo respeto y admiración por la amistad que me une a usted, Jorge Alonso Curiel, y por su singular agudeza intelectual. Por consideración a su trayectoria y por el respeto que me merece su comunidad de lectores, es un honor romper este silencio y responder a sus preguntas.
PREGUNTA. Lo que uno comprueba al conocer su peripecia vital es que para usted el viaje, ya sea como trayecto para conocer los distintos rincones del planeta o como manera de crecimiento personal y de encontrar tu lugar en el mundo, es una parte importante en su vida. Egipto, Reino Unido, España... ¿El ser humano, para completarse, debe viajar? ¿Es una asignatura de obligado cumplimiento?
RESPUESTA. Viajar posee beneficios innegables, pero para mí su dimensión trasciende lo recreativo; es una experiencia única que combina, de manera simbólica, la vida y la muerte.
Sostengo que cada individuo vive condicionado por la perspectiva de quienes lo rodean y por el sistema social en el que se inserta. Por ejemplo, en Valladolid, uno habita un ecosistema de costumbres, tradiciones y leyes que dictan lo que es correcto o incorrecto. Al trasladarse a otro país, uno esencialmente 'muere' en su entorno anterior para 'renacer' en un sistema completamente distinto. Este renacimiento es un proceso complejo y no exento de riesgos. Lo que en España llamamos 'integración' es, en realidad, un arduo ejercicio de adaptación que puede llevar una década, mientras que en otros contextos como Francia o Inglaterra el ritmo es distinto.
Cuando emigras, tu país de origen se transmuta en una colección de recuerdos y debes aprender a habitar una nueva existencia. Sin embargo, este renacimiento del que hablo no se limita a cruzar fronteras geográficas; se refiere a romper con todo aquello que restringe la libertad humana y que obliga al individuo a vivir dentro de un marco limitado, casi como parte de un rebaño.
En definitiva, considero que el conocimiento de una persona solo se perfecciona, y además sus experiencias se enriquecen, a través de esta capacidad de renacer. El viaje es, por tanto, el camino hacia la libertad plena: quien no se sienta libre en su entorno debe buscar su propia emigración, ya sea a través de nuevas geografías, nuevas amistades o formas de pensamiento para permitirse volver a nacer.
PREGUNTA. Cada escritor, y por TRAMO SEÑALIZADO han pasado muchos, descubre su vocación de manera distinta. Pero, en su caso, sorprende que lo hiciera a una edad tan temprana: a los 9 años. Como Truman Capote, a esa edad descubre la belleza que se esconde en las palabras y en este oficio. ¿Qué fue lo que detonó el descubrimiento? ¿Qué es lo primero que escribió?
RESPUESTA. El detonante de mi vocación fue, curiosamente, un recuerdo doloroso que rescaté en mi novela Lluvia Negra. Es una historia que comparto con gusto, pues encierra una lección vital para cualquier educador o padre.
Sucedió en primaria. Un día, el maestro se retrasó unos minutos y el aula se convirtió en el caos habitual de energía infantil liberada. En medio de aquel alboroto, me levanté, caminé hacia la pizarra y, movido por un impulso que aún hoy no acierto a explicar, escribí una frase. Si la memoria no me falla, fue algo así como: '¿Qué nos diría el libro si supiera que son nuestras manos las que lo acarician?'.
Al entrar el maestro, su enojo fue inmediato. Al ver la tiza sobre la pizarra, preguntó con severidad quién era el autor. Mis compañeros, con esa honestidad brutal de la infancia, me señalaron al unísono. El profesor me llamó al frente y me golpeó con un palo en la mano hasta que el dolor se volvió insoportable, advirtiéndome de que no repitiera aquel 'mal comportamiento'. Regresé a casa intentando ocultar la marca y la humillación, pero mi madre, con su instinto infalible, notó mi confusión. Al confesarle lo ocurrido, esperando un segundo castigo, ella reaccionó de una forma que cambió mi destino: buscó papel y bolígrafo y, con un tono cortante, me ordenó: 'Escribe aquí exactamente lo que pusiste en la pizarra'.
Lo hice, temblando de miedo. Al leerlo, sus ojos se llenaron de lágrimas y me dio un abrazo que jamás olvidaré. Después, regresó con un cuaderno impecable y una pluma hermosa. Me dijo: 'Escribe aquí, no en las paredes. Respeta tus palabras para que el mundo las respete. No se las muestres a cualquiera, sino a quienes te quieran. Escribe siempre, incluso cuando te golpeen, porque escribir es un don sagrado. Lee más de lo que escribes, para que llegue el día en que otros lean lo que tú has creado'.
Esa misma tarde, ella se encargó de hablar con el colegio. Al día siguiente, aquel profesor me pidió disculpas frente a toda la clase y solicitó un aplauso para mí. En ese instante, entre el dolor residual de la mano y el calor del cuaderno nuevo, comprendí que mi camino ya estaba trazado.
El verdadero escritor es aquel que posee una "perspectiva disidente". Es un agente de cambio y, por definición, alguien incómodo para el "statu quo"
PREGUNTA. Preciosa anécdota, Ehab. Ya hemos visto que su madre comprendió y alentó tu vocación, pero es probable que sufriera la incomprensión de su entorno al saber que escribir era su destino. ¿Sintió la oposición de algunas personas en especial?
Esta pregunta tiene varias capas. La respuesta convencional sería decir que no sufrí una oposición literal de personas que restringiera mi libertad. Pero la realidad es más compleja: la verdadera oposición no es un 'no' rotundo, sino el miedo. El miedo económico, ese temor ancestral a un oficio que, desde tiempos inmemoriales, carece de red de seguridad financiera.
Sin embargo, intuyo que su pregunta va más allá. Usted me pregunta si encontré validación en mi entorno. Para responder, primero debemos definir qué es ser un escritor. Hoy existe el error de creer que escribir es solo encadenar frases elegantes; la Inteligencia Artificial ya puede hacer eso. El verdadero escritor es aquel que posee una "perspectiva disidente". Es un agente de cambio y, por definición, alguien incómodo para el "statu quo".
Históricamente, el poder ha intentado domesticar al escritor de dos formas: mediante la cooptación —colmándolo de lujos para que su pluma pierda el filo— o mediante la política de la privación. Se alzan banderas de apoyo al talento, pero la realidad es cruda: ¿Por qué los grandes honores suelen llegar a los ochenta años o a título póstumo? Porque un escritor joven y vibrante es peligroso; un escritor anciano o muerto es una estatua que ya no cuestiona. Suelo decir: 'Si ves a un hombre desnudo corriendo por la calle, no te sorprendas: es un escritor talentoso'.
En cuanto a mi experiencia personal, he forjado mi camino bajo cuatro pilares que no son aptos para todos:
1. Escribir como deber, no como elección: Escribo porque es la única prueba irrefutable de que estoy vivo. No me importan las políticas de hambre; el compromiso con la palabra es superior a cualquier circunstancia.
2. La renuncia a la aprobación: No espero que el mundo aprecie lo que escribo. El escritor tiene un mensaje y las palabras tienen alas; llegarán a quien deban llegar. Si la humanidad no se pone de acuerdo ni siquiera sobre la existencia de Dios, ¿por qué iba yo a esperar unanimidad sobre mi talento?
3. La recompensa es el acto mismo: Mi verdadera ganancia ocurre en el instante en que pongo el punto final a la última palabra. Lo que suceda después pertenece al mundo, no a mí.
4. La fe en el sustento: He aprendido que quien te otorga el don de la escritura, provee también los medios para sostenerla. Es una verdad que ha guiado toda mi trayectoria. No escribo para ganar nada material, escribo para cumplir una función vital. Con eso me basta.
PREGUNTA. Sin embargo, tiempo después, al entrar en la universidad, no eligió estudiar literatura o periodismo, sino matricularse en ingeniería mecánica agrícola, una carrera que, a priori, se encuentra lejos de la emoción y del arte de la palabra. ¿Por qué esta elección? ¿Trabajó como ingeniero después?
RESPUESTA. La verdad es que no fue una elección, sino una herencia. Para entender este contraste, debo remitirme a mi historia familiar, un ecosistema de pasiones aparentemente opuestas, pero que convivían en una armonía ejemplar basada en el respeto mutuo.
Mi padre era un ingeniero eléctrico de gran éxito; incluso hoy, su nombre perdura en proyectos que él mismo diseñó. Era un maestro de los números, de la aplicación práctica y de una precisión meticulosa que aplicaba incluso al hablar. Mi madre, por el contrario, era profesora de literatura árabe, pero sobre todo era poeta. Ella lideraba un salón literario el segundo jueves de cada mes, un espacio que se convirtió en un auténtico pulmón cultural en mi comunidad. Allí, entre escritores, críticos y, más tarde, incluso políticos y economistas, crecí escuchando el debate intelectual y la lectura de obras inéditas.
Viví, por tanto, entre el diseño técnico y el verso. Cedí al deseo de mi padre de estudiar ingeniería bajo su promesa de que la ciencia no anularía mi escritura. Él tenía razón: nada impide que el rigor de la ingeniería conviva con la sensibilidad del escritor. De hecho, me gradué en ingeniería mecánica agrícola, pero mi paso por el ejercicio profesional fue breve, apenas un año. La gravedad de la literatura era demasiado fuerte. Sentí la necesidad imperiosa de volcarme al periodismo y a las letras, una vocación que me ha acompañado —y definido— hasta el día de hoy.
El Periodismo como “consecuencia natural”
PREGUNTA. Tenía muy claro, como ha explicado, que su camino era la palabra, expresarse a través de ella negro sobre blanco; y pronto, en Egipto, su país de nacimiento, publicó sus primeros libros y comenzó a dar sus primeros pasos como periodista. ¿Por qué decidió que el periodismo era también una parte fundamental en su vida?
RESPUESTA. El periodismo no fue para mí una elección casual, sino la consecuencia natural de tener algo que decir. Es una profesión gratificante, a pesar de sus innegables desafíos, porque otorga algo que no tiene precio: un propósito. Estoy convencido de que lo más importante en la existencia es la capacidad de influir positivamente en la vida de los demás a través de la palabra.
Para mí, el periodista y el escritor son, ante todo, defensores del cambio. Pero entiendo el 'cambio' como un progreso basado en el análisis minucioso y en la propuesta de una hoja de ruta hacia la mejora. Siempre he sostenido que, si un profesional de la palabra no es capaz de ofrecer soluciones, es mejor que no escriba; de lo contrario, corre el riesgo de convertirse en un crítico estéril o en un opositor por inercia, que es el mayor peligro de este oficio.
En Egipto, la literatura y el periodismo son vasos comunicantes, casi inseparables, pero con una mística propia que las separa de cualquier otro territorio. Allí, el periodismo es respetado y temido a partes iguales; se le llama el 'Cuarto Poder', pero también se le conoce popularmente como 'la profesión de buscar problemas'. Esa responsabilidad social ejerce una fascinación magnética sobre cualquier mente creativa, lo que genera una competencia feroz: en Egipto nace un periodista brillante cada segundo.
De mi etapa allí conservo un aprendizaje riguroso sobre la arquitectura de la noticia. Se nos exige un dominio absoluto de la estructura, desde el impacto del titular hasta la armonía de la maquetación final. Es una aplicación práctica muy exigente que me enseñó que un periodista distinguido no solo debe informar, sino que debe dominar todas las corrientes de pensamiento para ofrecer una visión completa de la realidad.
El periodista aprende a observar el detalle que otros pasan por alto, a escuchar el subtexto de una conversación y, sobre todo, adquiere la disciplina de escribir bajo cualquier circunstancia
PREGUNTA. Literatura y periodismo. Periodismo y literatura. Muchos escritores como Miguel Delibes o Hemingway fueron también periodistas. ¿Cómo enriquece el periodismo a la literatura, y la literatura al periodismo?
RESPUESTA. La relación entre literatura y periodismo no es solo de vecindad, sino de simbiosis absoluta. Para mí, el periodismo aporta a la literatura el ´sentido de la realidad y la urgencia´. El periodista aprende a observar el detalle que otros pasan por alto, a escuchar el subtexto de una conversación y, sobre todo, adquiere la disciplina de escribir bajo cualquier circunstancia. La literatura, por su parte, le regala al periodismo la ´belleza de la forma y la profundidad del análisis´.
Un periodista que no lee literatura corre el riesgo de volverse mecánico; un escritor que no conoce el periodismo corre el riesgo de perderse en abstracciones. El periodismo me ha dado el rigor para investigar la verdad, mientras que la literatura me ha permitido dotar a esa verdad de una piel, de una emoción y de una trascendencia que los datos por sí solos no poseen. Como bien demostraron Delibes o Hemingway, el secreto está en usar las herramientas de la ficción para contar verdades que, de otro modo, serían insoportables o invisibles.
PREGUNTA. Desvélenos, Ehab, ¿cuál es el secreto para ser un buen periodista?
RESPUESTA. Si tuviera que revelar el secreto que sostiene mi producción en este periodo, diría que es la ‘honestidad sin concesiones’. He llegado a un punto en mi trayectoria donde ya no busco el aplauso fácil ni temo la incomprensión de la que hablábamos antes. Mi 'secreto' es la libertad que nace de haber aceptado que mi única responsabilidad es con la palabra y con la verdad de mi tiempo.
Este periodo es el resultado de un equilibrio entre la precisión del ingeniero que fui y la sensibilidad del periodista que soy. El motor es la curiosidad inagotable: sigo mirando el mundo con los ojos de aquel niño de nueve años que se atrevió a escribir en una pizarra sin saber las consecuencias. El secreto es, en última instancia, entender que escribir no es un acto de vanidad, sino un acto de servicio; una forma de mantener encendida una luz en medio de la niebla social, escribiendo cada día como si fuera el último, pero con la esperanza de que sea el primero para un nuevo lector.
Premio a la Excelencia en Periodismo 2004
PREGUNTA. En Egipto, como periodista, fue usted editor jefe, editor ejecutivo, editor de tecnología, y, además, fue reconocido en 2004 con el Premio a la Excelencia en Periodismo por la Unión de Periodistas de su país. Un gran premio y un reconocimiento muy merecidos. ¿Qué pensó al recibir la noticia?
RESPUESTA. Recibir el ‘Premio a la Excelencia en Periodismo en 2004’ fue, ante todo, un momento de profunda introspección. En una profesión que en Egipto se vive con una intensidad casi febril, y dentro de una organización tan exigente como la Unión de Periodistas, un galardón de este calibre no es solo un triunfo individual, sino un eco del compromiso con la verdad.
Lo primero que pensé al recibir la noticia fue en el largo camino recorrido desde aquel niño que fue castigado por escribir en una pizarra. Sentí que, de alguna manera, ese premio validaba la apuesta que mi madre hizo por mí y el rigor que mi padre me inculcó. Pero, más allá de la satisfacción personal, lo interpreté como una ‘responsabilidad renovada’. En el periodismo, los premios no son una meta, sino un recordatorio de que tus palabras han llegado a puerto y que, por tanto, ahora debes ser aún más cuidadoso y valiente con lo que escribes.
Como editor en diversas áreas —desde la tecnología hasta la dirección ejecutiva—, siempre busqué que la excelencia no fuera un evento aislado, sino un hábito. Aquel premio en 2004 fue la confirmación de que el periodismo analítico y honesto tenía un espacio y un valor, incluso en contextos complejos. Me reafirmó en mi idea de que el periodista no es quien simplemente narra lo que sucede, sino quien ayuda a su sociedad a comprender por qué sucede y cómo puede mejorar.
Nueva etapa: Corresponsal en Londres
PREGUNTA. 2010 es un año importante en su vida porque, como corresponsal, se traslada a Londres, a una cultura diferente, a otro ritmo de vida. ¿Qué le aportó su estancia allí hasta finales de esa década? ¿Qué es lo mejor de vivir en Londres?
RESPUESTA. El traslado a Londres en 2010 fue, en esencia, mi primer gran ejercicio de ‘muerte y renacimiento’. Pasar de la vibrante y a menudo caótica energía de El Cairo al orden institucional y la flema británica, supuso un choque cultural que transformó mi visión del mundo y, por supuesto, mi forma de ejercer el periodismo.
Londres me aportó, por encima de todo, ‘perspectiva’. Trabajar como corresponsal allí hasta finales de esa década me permitió entender la mecánica de un sistema que valora la diversidad de pensamiento desde una estructura muy sólida. Descubrí que el periodismo anglosajón posee una frialdad analítica muy útil, una distancia necesaria con el objeto de estudio que complementó perfectamente la pasión emocional de mis raíces egipcias. Fue allí donde terminé de entender que el conocimiento se perfecciona cuando te atreves a vivir en un entorno que te desafía constantemente.
¿Qué es lo mejor de vivir en Londres? Para un escritor y periodista es su ‘universalidad’. Londres es un microcosmos del planeta; es un lugar donde puedes ser testigo de todas las realidades del mundo sin salir de una misma calle. Pero si tuviera que elegir algo específico, es la ‘libertad del anonimato’. En Londres, eres libre de reconstruirte cada día. Esa atmósfera me permitió observar la condición humana desde una posición de espectador privilegiado, enriqueciendo mi bagaje literario con matices que solo una ciudad tan compleja y multicultural puede ofrecer. Fue la década en la que aprendí que, para comprender realmente tu origen, a veces necesitas mirarlo desde la distancia de una cultura completamente diferente.
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| Ehab Soltan y su pareja, la escritora Any Altamirano, en el centro de Valencia |
Valencia: El Hallazgo del equilibrio
PREGUNTA. Su siguiente destino fue Valencia, España, lugar donde reside actualmente. Sé que esta ciudad, esta parte de España, le enamoró y que le sigue enamorando. ¿Valencia es pura literatura? ¿Qué ha encontrado allí?
RESPUESTA. Valencia no es solo pura literatura; es, para mí, una "metáfora de la luz". Tras la intensidad de Egipto y la grisura productiva de Londres, Valencia me ofreció un equilibrio vital que no había encontrado en ningún otro lugar del mundo. Como bien dice, me enamoró desde el primer día, pero es un enamoramiento que se renueva con cada amanecer frente al Mediterráneo.
¿Qué he encontrado aquí? He encontrado una ciudad que, al igual que mi propia vida, es una suma de contrastes armoniosos. Valencia posee esa extraña y maravillosa capacidad de ser vanguardista y profundamente tradicional al mismo tiempo. En sus calles conviven el rigor de la historia con una vitalidad contagiosa. Para un escritor, Valencia es un escenario inmejorable porque se lee a través de los sentidos: el olor del azahar, el azul del mar que inspiró a Sorolla y el bullicio de sus plazas.
Pero, más allá de la estética, en Valencia he encontrado ‘mi hogar para el pensamiento’. Es una ciudad que permite el recogimiento necesario para escribir, pero que te abraza cuando decides salir al encuentro de los demás. Aquí, el concepto de 'renacimiento' del que hablaba al principio de la entrevista se ha completado. Si en Londres aprendí a mirar el mundo, en Valencia he aprendido a sentirlo de nuevo y a traducirlo en palabras bajo una luz que todo lo clarifica. Valencia es, efectivamente, una novela abierta que todavía estoy escribiendo.
España es un país con una capacidad de influencia global inmensa, no por su fuerza militar o económica, sino por su estilo de vida y su lengua
PREGUNTA. Ehab, usted conoce la historia de España, y también el eterno conflicto en el que viven sus habitantes. ¿Qué opinión tienen de este país en el extranjero? Desde su experiencia, ¿cómo se ve España desde fuera?
RESPUESTA. La visión de España desde el extranjero es, a menudo, una paradoja fascinante. Existe una desconexión notable entre cómo se ven los españoles a sí mismos y cómo los percibimos quienes venimos de fuera. Mientras que internamente parece existir un conflicto eterno, una suerte de tensión histórica irresuelta, desde el exterior España es vista como un referente de calidad de vida, resiliencia y soft power cultural (la capacidad de un país para influir a otros a través de la cultura, los valores y la diplomacia, sin recurrir a la coerción).
Desde mi experiencia en Egipto y en el Reino Unido, puedo decir que España se percibe como una nación que ha logrado algo envidiable: modernizarse sin perder su alma. En el mundo árabe, por ejemplo, hay una conexión emocional e histórica profunda; España no es solo un país, es un símbolo de una era de esplendor intelectual y convivencia. En el norte de Europa, por el contrario, se la ve con una mezcla de admiración y cierta incomprensión: admiran su capacidad de disfrutar la vida y su cohesión social, pero no siempre entienden esa tendencia tan española a la autocrítica feroz y al pesimismo sobre el propio destino.
Lo que he comprobado al vivir aquí es que España sufre de una especie de 'miopía histórica' que le impide ver lo que el mundo ya sabe: que es un país con una capacidad de influencia global inmensa, no por su fuerza militar o económica, sino por su estilo de vida y su lengua. El 'conflicto eterno' del que usted habla se percibe fuera más como una pasión desbordada que como una fractura real. El mundo ve en España un lugar donde todavía es posible ser humano en medio de la vorágine tecnológica; un país que, a pesar de sus ruidos internos, sigue siendo uno de los mejores destinos para nacer, vivir y, por supuesto, escribir.
PREGUNTA. En 2020 crea el periódico digital ‘HoyLunes.com’. Un proyecto personal en el que no solo se pueden encontrar noticias relacionadas con la comunidad valenciana, sino también nacionales e internacionales. ¿Cómo nació este proyecto? ¿Por qué se llama HoyLunes?
RESPUESTA. El nacimiento de ‘HoyLunes.com’ en 2020, en un momento de incertidumbre global, fue mi respuesta a la necesidad de crear un espacio informativo independiente que combinara el pulso de la Comunidad Valenciana con una visión global. Quería un proyecto que no se limitara a la inmediatez, sino que ofreciera ese análisis detallado que, como he mencionado antes, es la verdadera misión del periodista.
Sé que para muchos en España el lunes es un día 'gris', el día del regreso a la carga. Sin embargo, para mí, el lunes es ‘el día de las oportunidades’. Es el momento en que todo vuelve a empezar, el día en que se trazan los planes y se inicia la construcción de lo nuevo. Llamar al periódico ‘HoyLunes’ es una declaración de intenciones: queremos ser el motor de ese nuevo comienzo, ofreciendo información fresca y estratégica cada día, como si siempre fuera ese lunes lleno de posibilidades.
Soy consciente de que en el pasado existió una cabecera con un nombre similar dedicada al deporte, pero nuestro ‘HoyLunes’ nace con una identidad y un propósito completamente distintos. No es solo un periódico; es una plataforma de análisis nacional e internacional que busca romper con ese estigma de 'día pesado'. Queremos que el lector, al entrar en nuestro portal, sienta que el 'lunes' no es una carga, sino el escenario ideal para entender el mundo y tomar decisiones. Es mi proyecto más personal, donde vuelco toda la experiencia acumulada en Egipto y Londres para servir a la sociedad española.
PREGUNTA. Ehab, ¿cuál es la situación actual del periodismo y cómo es el futuro que le espera?
RESPUESTA. El periodismo atraviesa hoy una de las crisis de identidad más profundas de su historia, pero también una de sus épocas más fascinantes. Actualmente, nos enfrentamos a la dictadura del clic y de la inmediatez, donde a menudo se sacrifica la veracidad en el altar de la velocidad. La democratización de la información ha generado una paradoja: nunca hemos tenido tanto acceso a los datos y, sin embargo, nunca ha sido tan difícil distinguir la verdad del ruido.
Sobre el futuro, soy un ‘optimista racional’. La Inteligencia Artificial y la automatización van a desmantelar el periodismo puramente mecánico —ese que solo encadena datos o traduce cables de noticias—. Pero ahí es donde reside nuestra oportunidad: el futuro del periodismo pertenece a la ‘humanidad del cronista’. La tecnología podrá procesar información, pero no podrá sustituir la perspectiva, el análisis ético ni la capacidad de un periodista para conectar con el alma de una sociedad.
El periodismo que sobrevivirá y prosperará será aquel que regrese a sus raíces: el que ofrece contexto, el que cuestiona al poder con argumentos y el que tiene el valor de proponer soluciones. En ‘hoylunes.com’, por ejemplo, apostamos por esa visión. El futuro no es de quien grite más fuerte en las redes sociales, sino de quien sea capaz de ganar la confianza del lector a través de la honestidad. El periodismo no va a desaparecer; simplemente va a purgarse de lo irrelevante para volver a ser lo que siempre debió ser: el faro que guía a los ciudadanos en medio de la niebla informativa".
Larga trayectoria literaria
Para mí, la literatura es el arte de hacer visible lo invisible, y eso solo se logra a través de la emoción
PREGUNTA. “Cada una de sus palabras escritas es una poesía, que fluye desde lo más recóndito de su ser y con un gran sentimiento”, han dicho sobre su literatura, sobre su faceta como escritor literario. Tiene una larga trayectoria, con muchos libros publicados en árabe, inglés y español. Novelas como ‘Lluvia negra’, ‘Limonero I’, ‘Limonero II’, ‘Él y Ella’ o ‘El Diario de Clara y Alejandro’ son muestras de su estilo sencillo, humano y poético, lleno de emoción, que logra cercanía con los lectores. ¿Para usted, lo más importante en literatura es la emoción?
RESPUESTA. Agradezco profundamente esas palabras; no hay mayor honor para un escritor que saber que su obra ha sido percibida como un acto de sinceridad. Para mí, la literatura es el arte de hacer visible lo invisible, y eso solo se logra a través de la emoción.
Si me pregunta si la emoción es lo más importante, mi respuesta es un rotundo sí. Sin embargo, no me refiero a una emoción vacía o sentimentalista, sino a la ‘emoción como vehículo de la verdad’. Un escritor puede dominar la técnica, poseer un vocabulario infinito y construir estructuras narrativas perfectas, pero si sus palabras no logran conmover, si no consiguen que el lector sienta que esa historia también le pertenece, entonces el libro es solo papel y tinta.
En novelas como ‘Lluvia negra’ o ‘El Diario de Clara y Alejandro’, mi búsqueda ha sido siempre la sencillez. Creo que la complejidad de la condición humana se expresa mejor con palabras claras. La sencillez es, en realidad, el resultado de un largo proceso de depuración: es quitar todo lo que sobra para que quede el corazón de la historia. Escribo desde lo que usted llama 'lo más recóndito de mi ser' porque estoy convencido de que cuanto más profundo y personal es un sentimiento, más universal se vuelve.
Llegar al corazón del lector no es un objetivo comercial, es un acto de justicia poética. En un mundo cada vez más frío y tecnificado, la literatura debe ser ese refugio donde todavía podemos reconocernos en el dolor, en el amor y en la esperanza del otro. Si una sola frase mía ha logrado que un lector se sienta menos solo, entonces toda mi trayectoria habrá valido la pena.
PREGUNTA. Dos temas fundamentales de su literatura es el amor y la mujer. Parece que todo gira alrededor de estos dos asuntos. ¿Por qué es tan importante el amor? ¿Somos esclavos de él?
RESPUESTA. Antes de profundizar en ese tema, me gustaría hacer una pequeña precisión para mis lectores: aunque mi producción literaria es constante y he completado ya catorce obras —siendo la más reciente la novela ‘Tres faraones en España’—, hasta el momento solo dos han visto la luz de manera pública: "Lluvia negra" y "Limonero I". El resto de mi universo narrativo sigue aguardando su momento para encontrarse con el público.
Respecto a su pregunta, es cierto que el amor y la mujer son los ejes sobre los que orbita mi escritura. ¿Por qué es tan importante el amor? Porque es la única fuerza capaz de dar sentido al caos de la existencia. Para mí, la mujer no es solo un personaje; es el símbolo de la vida misma, de la creación y de la sensibilidad que el mundo tanto necesita recuperar.
Usted me pregunta si somos esclavos del amor. Yo diría que, si el amor es una esclavitud, es el único que nos hace verdaderamente libres. Es una paradoja: solo cuando nos entregamos a ese sentimiento, cuando nos permitimos ser vulnerables ante el otro, rompemos las cadenas del egoísmo y de la soledad. El amor en mi literatura no es un idilio superficial; es una búsqueda, a veces dolorosa y otras luminosa, de nuestro lugar en el mundo. No somos esclavos del amor, sino náufragos que buscamos en él una orilla donde descansar. Sin ese motor, la vida sería simplemente una sucesión de días grises; el amor es lo que le pone color a la 'lluvia negra' de nuestra realidad.
La Mujer como ser esencial
PREGUNTA. Y la mujer, ¿dónde reside su secreto que la convierte en un ser tan especial y fundamental?
RESPUESTA. El secreto de la mujer reside en que ella es, por definición, el ‘pulso mismo de la creación’. Si observamos el universo, descubriremos que todo lo que es capaz de dar fruto, todo lo que es verdaderamente productivo en esta vida, tiene esencia femenina. La mujer no es solo un ser fundamental; es el punto de partida, una energía telúrica y sagrada que sostiene la arquitectura del mundo.
Es cierto que en la naturaleza encontramos contrastes: desde la laboriosa y solar generosidad de la abeja hasta la sombra estratégica de la araña. En la mujer, como en el hombre, conviven todas las potencias, pero en ella la naturaleza ha depositado el don de la ‘multiplicación’. El hombre debe comprender que se encuentra ante una fuerza viva que no se puede poseer, sino que debe aprender a habitar. Este secreto, esta llave que abre el cielo de lo femenino, no se encuentra en el poder ni en la fuerza, sino en el ‘buen trato, en el amor puro y en el afecto incondicional’".
El amor, para mí, es un acto de santificación. Si un hombre no es capaz de honrar esa energía, de cuidar ese jardín de sensibilidad y fuerza que es la mujer, debe tener la humildad de retirarse y admitir su incapacidad para habitar la belleza. Porque la mujer es el origen de la luz; es la que convierte el desierto en hogar y el silencio en poesía. Santificar el amor es reconocer que ella es el milagro cotidiano que nos permite, a pesar de todo, seguir creyendo en la vida. En mi literatura, la mujer no es un tema: es el altar donde deposito mi gratitud hacia la existencia.
PREGUNTA. Hemos hablado de sus novelas, pero también son importantes en su trayectoria las antologías en las que ha participado con otros escritores como ‘Mensaje a Dios’, ‘Esta es mi madre’ o ‘Sueños de un viajero’. Y lo son porque le gusta participar con otros autores, crear libros corales llenos de diferentes puntos de vista y belleza. ¿La literatura es también compartir?
RESPUESTA. Rotundamente sí. Si la escritura es un acto de introspección solitaria, la literatura —en su sentido más amplio— es un ‘acto de comunión’. Participar en antologías corales junto a otros escritores no es solo un ejercicio editorial, es la demostración de que la belleza se multiplica cuando se comparte.
Para mí, estas obras son como un mosaico: cada autor aporta una tesela de un color y una textura diferentes, pero es al dar un paso atrás cuando descubrimos la verdadera imagen de la condición humana. En proyectos como ‘Esta es mi madre’ o ‘Sueños de un viajero’, he buscado precisamente eso: el contraste de perspectivas. La literatura, cuando se comparte, deja de ser la voz de un solo hombre para convertirse en el eco de una época o de un sentimiento universal.
Me gusta pensar que los escritores somos como músicos en una gran orquesta; a veces nos toca el solo de una novela, pero otras veces la verdadera magia surge en la sinfonía de un libro compartido. Crear puentes con otros autores me enriquece, me obliga a salir de mi propio 'renacimiento' para asomarme al de los demás. Al final, escribir es una forma de decirle al otro: 'Yo también estuve aquí, yo también sentí esto'. Y no hay nada más hermoso que descubrir que, en ese viaje de las palabras, nunca estamos realmente solos.
PREGUNTA. No quiero olvidar otra de las antologías en las que ha participado y que me parece muy interesante. Me refiero al proyecto ‘Estábamos aquí’, literatura de viajes, en la que cada escritor escribe sobre un lugar maravilloso del planeta, en un intento de reflejar verdaderos tesoros escondidos. La ciudad de Jeddah es de la que escribe. ¿Por qué Jeddah?
RESPUESTA. Elegir ‘Jeddah’ para la antología ´Estábamos aquí´ no fue una decisión azarosa. Jeddah es conocida como 'la Novia del Mar Rojo', y para cualquier viajero con alma de observador, representa un umbral único en el mundo. Escribí sobre ella porque ‘Jeddah’ es el punto exacto donde la historia antigua y la modernidad más audaz se dan la mano sin soltarse.
Para mí, ‘Jeddah’ es un tesoro escondido por su capacidad de acogida. Durante siglos, ha sido la puerta de entrada para millones de personas de todos los rincones del planeta que se dirigían a los lugares sagrados. Esa mezcla de culturas ha dejado un sedimento de tolerancia y hospitalidad que se respira en sus calles, especialmente en el barrio histórico de ‘Al-Balad’, con sus casas de coral y sus balcones de madera tallada que parecen susurrar historias de mercaderes y poetas de otros tiempos.
En mi relato, quise reflejar que ‘Jeddah’ no es solo un destino, sino un estado de ánimo. Es el lugar donde el desierto se rinde ante el mar, y donde yo mismo encontré esa paz que solo otorgan las ciudades que han visto pasar toda la historia de la humanidad por sus puertos. Escribir sobre ‘Jeddah’ fue mi manera de devolverle el regalo de su luz y de recordar que, aunque estemos de paso, hay lugares que se quedan a vivir en nosotros para siempre. Fue, en definitiva, otra forma de decir: 'Yo también estuve allí y mi alma se enriqueció con su belleza'".
Mi mensaje es: "Escribe tu propia historia, no dejes que otros la escriban por ti. Lee para comprender, ama para trascender y, sobre todo, no dejes nunca de renacer".
PREGUNTA. Ehab, aparte de lo ya dicho, con su literatura, ¿qué otros mensajes quiere enviar al lector?
RESPUESTA. Más allá de las historias y los paisajes que habitan mis libros, el mensaje que intento susurrar al oído del lector es una invitación a tener un ‘pensamiento crítico’ y a lograr una verdadera ‘conexión espiritual’. En un mundo que nos empuja constantemente a ser parte de un rebaño, a pensar en serie y a consumir emociones prefabricadas, mi literatura quiere ser un recordatorio de nuestra capacidad de renacer.
Quiero decirle al lector que no tenga miedo a la 'muerte' de sus viejas estructuras, porque solo así se llega a un nuevo destino. Mi mensaje es que la vida no se mide por los años, sino por la profundidad de los vínculos que creamos y por la honestidad con la que nos atrevemos a mirar nuestra propia luz y nuestra propia sombra.
También quiero transmitir que la sencillez es la forma más alta de elegancia y que el amor —el respeto profundo hacia la mujer y hacia el prójimo— es la única tecnología que no fallará nunca. Escribo para que quien me lea se sienta autorizado a buscar su propia libertad, a cuestionar lo establecido y a entender que cada uno de nosotros es un 'viajero' en busca de su propia Jeddah, de su propia Valencia, de su propio hogar interior.
En definitiva, mi mensaje es: ‘Escribe tu propia historia, no dejes que otros la escriban por ti. Lee para comprender, ama para trascender y, sobre todo, no dejes nunca de renacer’".
PREGUNTA. Antes de acabar, no puedo dejar de preguntárselo: Pasado el tiempo, hoy en día, con más de 25 años en el periodismo y muchos más como escritor, ¿qué se considera: un periodista o un escritor de ficción? ¿Qué es lo que más le gusta?
RESPUESTA. Después de más de un cuarto de siglo habitando las redacciones y una vida entera refugiado en la literatura, he llegado a la conclusión de que ‘soy un narrador de realidades con alma de poeta’. No puedo separar al periodista del escritor, porque ambos beben de la misma fuente: la curiosidad insaciable por la condición humana.
El ‘periodismo’ es mi compromiso con el ‘ahora’; es la herramienta que uso para diseccionar el mundo, para denunciar la injusticia y para proponer esa 'hoja de ruta' de la que hablábamos antes. Es mi deber cívico y mi conexión con el pulso de la calle. Por otro lado, la ‘literatura de ficción’ es mi compromiso con lo ‘eterno’; es donde me permito explorar las verdades que no caben en una noticia, donde las emociones no tienen límite y donde puedo buscar el sentido último de la existencia.
Si me pregunta qué es lo que más me gusta, le diré que lo que más amo es ‘el poder transformador de la palabra’, sin etiquetas. Me gusta el periodismo cuando logra cambiar una ley o una mentalidad, y me gusta la ficción cuando logra consolar un corazón o despertar una conciencia. No me considero una cosa o la otra, sino un hombre que intenta ser fiel a la verdad, ya sea a través de la crónica de un lunes gris o de la luz de una novela. Al final, el periodista escribe la historia de los hechos, pero el escritor escribe la historia del alma. Y yo no sabría vivir sin contar ambas.
Ser uno mismo es la única victoria real que un ser humano puede reclamar al final del camino
PREGUNTA. De usted, Ehab, se puede decir que es un gran periodista y un maravilloso escritor, pero también, y muy importante, y creo que no miento, que es un buen hombre. Un estupendo ser humano lleno de generosidad y nobleza, y esto también se nota en todo su trabajo. ¿El secreto de la felicidad reside en ser buena persona?
RESPUESTA. Le agradezco de todo corazón sus palabras, Jorge. No sé si soy merecedor de tales elogios, pero sí sé que, si algo he intentado a lo largo de mi peripecia vital, es ser coherente con los valores que mis padres me legaron bajo aquel cielo de Egipto.
PREGUNTA. Para terminar, quiero hacerle la misma pregunta con la que acabo siempre este espacio de entrevistas, este TRAMO SEÑALIZADO. CONVERSACIONES CON PERSONAS APASIONADAS CON SU OFICIO. Ehab, ¿merece la pena, a pesar de todas las dificultades y de todos los esfuerzos, apostar por ser quien se es, por ser uno mismo?
RESPUESTA. Jorge, le responderé con una certeza que he tardado décadas en esculpir: "Ser uno mismo es la única victoria real que un ser humano puede reclamar al final del camino". Todo lo demás —los premios, los títulos de editor, los libros publicados— son solo adornos de la travesía, pero la autenticidad es la brújula que impide que nos perdamos en la tormenta.
OTRAS ENTREVISTAS DE TRAMO SEÑALIZADO. CONVERSACIONES CON PERSONAS APASIONADAS CON SU OFICIO (pincha en los enlaces para leerlas):
Carlos Flores, locutor de radio
María José González, "Pepa", librera
Juan Luis Sánchez, crítico de cine
Davidleelibros, Booktuber y escritor
Marcos Núñez, coach profesional
Yolanda Izard, escritora y profesora
Atilano Sevillano, escritor y profesor
Miguel Asensio, artista de artes plásticas y escritor
(Ganador del I Certamen de Relato Breve "SINVERGÜENZA/KANAYA" 2021)
José Antonio Valle Alonso, poeta
Marisa Garcés, psicóloga y escritora
María Ángeles Cantalapiedra, escritora
José Antonio López Rastoll, escritor
Germán Díez Barrio, escritor y profesor



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ResponderEliminarCreo (si no recuerdo mal) haber leído tres entrevistas de TRAMO SEÑALIZADO, y aunque desconozco el contenido del resto, me atrevo a decir que, esta, debería ser leída sí o sí, ya que no solo cuenta parte de una vida en primera persona, sino que sirve como aprendizaje fuera de la ficción que narra una novela de entretenimiento. La sabiduría que hay detrás del texto es admirable, hipnotiza, te hace ver la realidad de una forma que muy pocos saben expresar.
ResponderEliminarHe quedado fascinada...
Enhorabuena a ambos por dar vida a algo maravilloso.
¡Muchas gracias por leerla, Jezabel! Es que estoy muy de acuerdo contigo: la sabiduría que nos regala Ehab es increíble, y le agradecemos que lo comparta con todos nosotros. Me parece un profesional y una persona admirables; para aprender constantemente. Un lujo para Tramo Señalizado haber tenido a Ehab. Muchas gracias por tu atención, y me alegra que te haya fascinado tanto como a mí. ¡Un fuerte abrazo!
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