El cuaderno de la conciencia
-En el colegio, de pequeño, todo se arreglaba copiando 50 veces en el cuaderno o en la pizarra "No comeré chicle en clase" o "No hablaré en clase mientras el profesor explica la lección", y todo se arreglaba, no lo volvías a hacer y asunto acabado. Ahora, en cambio, los errores que cometo no dejo de repetirlos, y además tampoco paro de escribirlos sin cesar en el otro cuaderno, en el de la conciencia...
-Ya -le respondí-, pero todo tiene solución. No te preocupes. Tú da tiempo al tiempo.
Es una contestación vacía, lo sé. Pero también al hacernos mayores nos hacemos expertos en contestar de esta manera, también llenamos el cuaderno de frases inservibles sin parar. Pero esto no se lo dije, claro. ¿Hacernos mayores es, quizá, mostrarnos estúpidos con los demás y muy trágicos con nosotros mismos?
"La vida escribe en su propio cuaderno sin pedirnos nuestra opinión y sin tenernos en cuenta", dijo Pío Baroja.
¿Quizá por ello los escritores somos necesarios para rellenar los cuadernos que nadie sabe rellenar?
Ay, la vida.
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