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Mostrando las entradas etiquetadas como Escritura

Escribir es volver sobre lo escrito. Consejos para escribir

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Ernest Hemingway, uno de los escritores que reflexionó sobre el proceso de escritura y la necesidad de revisar los primeros borradores. Fotografía: Ernest Hemingway Photograph Collection / John F. Kennedy Presidential Library and Museum. Dominio público. Escribir es volver sobre lo escrito. Consejos para escribir Hemingway o Stephen King, algunos de los grandes escritores han dejado reflexiones sobre el oficio de escribir. Todas conducen, de una manera u otra, a una misma idea: las buenas historias necesitan tiempo, trabajo y correcciones A lo largo del tiempo, muchos autores han dejado consejos sobre la manera de enfrentarse a la escritura a partir de su propia experiencia. Algunos son sencillos y otros pueden resultar incómodos. Pero casi todos tienen algo en común: escribir bien rara vez consiste en sentarse y esperar que las palabras salgan perfectas. El primer borrador no tiene que ser perfecto Uno de los consejos más famosos se atribuye a Ernest Hemingway. La frase que circula en...

"La puerta número tres (El sueño de esta noche)"

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                                             Imagen creada por IA La puerta número tres (El sueño de esta noche) El sueño de esta noche ha sido sorprendente. Me encontraba en una sala de espera poco iluminada, donde sonaba una música que me incomodaba. Estaba solo.  De repente, entró una señorita vestida de blanco inmaculado y me pregunta: "¿Es usted Jorge Alonso Curiel?". "Sí, soy yo". "¿Jorge Alonso Curiel, el escritor?". "Sí, claro, ya lo he dicho, señorita". "Entonces, entre por la puerta número tres".  A mi izquierda había cuatro puertas numeradas. Entré temblando. Y mi sorpresa fue que descubrí sentado, detrás de una mesa, al mismísimo Belcebú.  Estaba desnudo y su piel era de un rojo vivo, rojo fuego, que parecía a punto de estallar y salpicarme con su lava. Su cara era redonda, llena de cicatrices y lucía una enorme nariz aguileña que casi le llegaba...

Ansiedad por no escribir

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Ernest Hemingway escribiendo en su escritorio durante su estancia en el hotel Dorchester de Londres, en 1944. Una imagen de la escritura como necesidad, refugio y forma de recuperar la calma. Fotografía: National Archives and Records Administration (NARA) / Wikimedia Commons. Dominio público. Entiendo a la perfección las palabras del escritor argentino Pedro Mairal: "Cuando no escribo, cuando pasan unos días en los que no he escrito, estoy enfadado, histérico, ansioso, renegado, inaguantable; no soy capaz ni de mirarme al espejo... Sería capaz de morder un bordillo, o de meter los dedos en un enchufe... En cambio, en cuanto escribo otra vez, el mar vuelve a la calma, la tormenta desaparece". Nos ocurre a muchos.

La reconquista de cada verano (microrrelato)

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                                                   Foto Alonso Curiel   La palabra "reconquista" nos lleva inmediatamente a la historia, a los territorios recuperados y a las grandes gestas del pasado. Pero cada persona tiene también sus propias reconquistas: esos lugares, recuerdos o momentos que intenta recuperar cuando la vida lo permite: Reconquista La única que le interesa es la de cada verano: cuando se adentra en el mar de los trigales,  dejando tras de sí un reguero gris de polvo que dibuja en su piel la ciudad durante el resto del año.

Más de un kilómetro por un libro

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                Foto generada por IA  Estas cosas tiene estar embrujado, abducido, por la literatura.  Ayer por la noche, después de estar buscando durante más de media hora bajo la lluvia un aparcamiento, al fin pude dejar el coche en el único sitio libre que encontré a más de un kilómetro de casa. Pasaban unos minutos de las doce, y lo único que quería era entrar en casa para descansar después de un día atareado y estresante.  Cuando llegué, empapado porque no había cogido el paraguas, me lavé, me puse ropa cómoda y cené todo lo que encontré; estaba bien hambriento.  El caso es que cuando me iba a meter a la cama, me di cuenta de que me había olvidado en el coche el libro que había comprado aquella tarde y que tantas ganas tenía de leer. Ya lo buscaría mañana, pensé. Así que con esa idea, inocente de mí, me recosté.  No tardé ni cinco minutos en volverme a vestir con la primera ropa que encontré, sin olvidar la gorra que...