¿Por qué los mosquitos en verano pican más a unas personas que a otras?
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¿Por qué los mosquitos en verano pican más a unas personas que a otras?
Cada verano se repite la misma escena: mientras algunas personas terminan el día cubiertas de picaduras, otras parecen tener un escudo invisible que las defienden de los insectos. Lejos de ser una cuestión de "mala suerte" o de tener la sangre más dulce, la ciencia lleva años estudiando qué factores convierten a ciertos individuos en un auténtico imán para los mosquitos. La respuesta está en una combinación de olores corporales, genética, temperatura y hábitos cotidianos.
Durante mucho tiempo han circulado explicaciones populares de todo tipo. Quizá la más extendida es la idea de que algunas personas tienen "la sangre más dulce", pero los expertos coinciden en que esta creencia no tiene ninguna base científica. Y es que parece que los mosquitos eligen a sus víctimas por una serie de señales químicas y físicas que emitimos sin darnos cuenta.
Uno de los factores más importantes es el dióxido de carbono que expulsamos al respirar. Los mosquitos son capaces de detectarlo a varios metros de distancia y lo utilizan para localizar a sus posibles huéspedes. Por eso, los adultos suelen recibir más picaduras que los niños, y las personas de mayor tamaño corporal o quienes realizan ejercicio físico pueden resultar especialmente atractivas para estos insectos.
El olor de la piel también desempeña un papel fundamental. Nuestro cuerpo produce cientos de compuestos químicos que, mezclados con las bacterias que viven sobre la piel, crean una especie de "firma olfativa" única en cada individuo. Algunos de esos compuestos actúan como auténticos reclamos para los mosquitos.
También está la cuestión de la genética, que influye más de lo que imaginamos. Diversos estudios han demostrado que ciertas personas producen sustancias que atraen especialmente a estos insectos, mientras que otras generan compuestos que parecen resultarles menos llamativas.
Más factores
El grupo sanguíneo también podría tener cierta importancia. Algunas investigaciones sugieren que los mosquitos muestran una ligera preferencia por las personas con grupo O frente a quienes tienen grupos A o B. No obstante, los científicos recuerdan que este no es un factor decisivo y que intervienen muchas otras variables.
La temperatura corporal es otro elemento clave. Los mosquitos buscan calor y humedad, dos señales que indican la presencia de sangre cerca de la superficie de la piel. Por ello, las personas que sudan más, quienes acaban de hacer deporte o las mujeres embarazadas suelen convertirse en objetivos más frecuentes.
Precisamente, el sudor contiene sustancias como el ácido láctico, el amoníaco y otros compuestos que estos insectos detectan con facilidad. De ahí que una carrera al atardecer o una caminata en una noche especialmente cálida puedan multiplicar las probabilidades de sufrir picaduras.
La ropa también influye. Los mosquitos se orientan principalmente por el olor y el calor, pero la vista les ayuda a localizar a sus víctimas en distancias cortas. Las prendas oscuras, como el negro, el azul marino o el rojo intenso, parecen atraerlos más que los colores claros.
Además, el momento del día es importante. Aunque solemos asociarlos con la noche, no todas las especies tienen las mismas costumbres. Algunos mosquitos son más activos al amanecer y al atardecer, mientras que otros aprovechan las horas nocturnas para buscar alimento.
No todas las personas reaccionan igual
Conviene recordar que solo pican las hembras. Necesitan las proteínas presentes en la sangre para desarrollar sus huevos, mientras que los machos se alimentan del néctar de flores y plantas.
Otro aspecto curioso es que no todas las personas reaccionan igual a una picadura. La inflamación, el picor y el tamaño de la roncha dependen de la respuesta del sistema inmunitario a la saliva que el mosquito inyecta para evitar que la sangre coagule.
¿Y qué hacer para que no nos piquen? Aunque no existe una fórmula infalible para evitar las picaduras, pueden reducirse siguiendo algunas recomendaciones sencillas como utilizar repelentes homologados, vestir ropa clara y ligera, instalar mosquiteras, evitar el agua estancada cerca de casa y extremar las precauciones durante las horas de mayor actividad de estos insectos.
En definitiva, que unas personas sean "atacadas" más que otras se debe a una compleja combinación de causas biológicas, químicas y genéticas que nada tiene que ver con la casualidad o con otras ideas extendidas durante años.
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