Sudán: la tragedia que al mundo no le importa
| Las inundaciones agravan cada año la crisis humanitaria en Sudán. Foto Telemaroc |
Sudán: la tragedia a la que el mundo no le importa
Mientras nuestra atención salta de una noticia a otra, millones de personas sobreviven en Sudán entre la guerra, el hambre, las inundaciones y el olvido. Una situación dramática que parece no existir para el primer mundo
Existen tragedias en nuestro mundo que parecen condenadas a vivir en los márgenes de la información. Sudán, al noroeste de África, es uno de esos lugares donde el sufrimiento se ha vuelto tan prolongado que corre el riesgo de convertirse en normalidad, en una noticia repetida que deja de interesarnos.
Pero detrás de esa aparente rutina se esconde una de las mayores crisis humanitarias de nuestro tiempo.
Desde abril de 2023, el país vive inmerso en una guerra entre el ejército sudanés y las Fuerzas de Apoyo Rápido. Lo que comenzó como un enfrentamiento por el poder ha acabado destrozando ciudades, hospitales, escuelas, mercados y carreteras. Millones de personas han tenido que abandonar sus hogares sin saber si algún día podrán regresar.
Sin embargo, la guerra no es el único problema.
Cuando una desgracia llama a otra
Al conflicto armado se suman las inundaciones que cada temporada de lluvias arrasan pueblos y cultivos y muchas familias pierden en pocos días lo poco que habían conseguido conservar. Los caminos quedan inutilizados y la ayuda humanitaria tarda aún más en aparecer.
La consecuencia de todo esto es el hambre. Y no porque la tierra haya dejado de producir, se produce porque la guerra impide sembrar, recoger las cosechas o transportar alimentos. Los mercados desaparecen, los precios se disparan y las familias sobreviven reduciendo las comidas diarias o alimentándose con lo imprescindible.
Las cifras son desoladoras, pero también ayudan a comprender la magnitud del problema. Naciones Unidas calcula que casi dos terceras partes de la población necesita ayuda humanitaria urgente y que millones de personas padecen inseguridad alimentaria extrema. En varias zonas del país ya se han confirmado condiciones de profunda hambruna.
La infancia, la más perjudicada
Como sucede en casi todas las guerras, quienes menos responsabilidad tienen son quienes más sufren. Miles de niños padecen desnutrición aguda. Muchos han dejado de ir a la escuela porque los edificios han sido destruidos o porque sus familias se han marchado. Otros viven en campamentos improvisados donde escasean el agua potable, los medicamentos y la atención sanitaria.
A ello se suman brotes de enfermedades como el cólera, favorecidos por el colapso del sistema sanitario y las dificultades para acceder a agua limpia.
| Ubicación de Sudán en el mapa de África |
Una crisis provocada por el ser humano
Hay una frase pronunciada por responsables de Naciones Unidas que resume con certeza lo que está ocurriendo: «Esta es una crisis provocada por el ser humano.»
Y es que no se trata de una catástrofe inevitable. La guerra ha destruido los sistemas de producción de alimentos, ha impedido el acceso de la ayuda humanitaria y ha convertido el hambre en un arma más del conflicto.
El secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, también ha advertido de que el mundo no puede darle la espalda a Sudán y ha reclamado mayor implicación internacional para proteger a la población civil y facilitar la llegada de ayuda.
Una tragedia olvidada
Pero lo más desconcertante de esta situación, sea comprobar el escaso espacio que ocupa Sudán en nuestras conversaciones y en los medios de comunicación.
Vivimos en una época de información constante. Cada día aparecen nuevas crisis, nuevos conflictos y nuevas urgencias y hay países que desaparecen del foco mediático sin que sus problemas se hayan resuelto.
Sudán es un ejemplo de ello. Pero allí continúan millones de personas intentando sobrevivir entre los combates, el hambre, las inundaciones y el desplazamiento forzoso.
¿Qué puede hacer el ciudadano?
Mientras quienes pueden hacer algo para resolverlo miran a otra parte, lo más aconsejable es que los ciudadanos no nos neguemos a aceptar el olvido como algo inevitable. Podemos informarnos, compartir datos veraces, apoyar el trabajo de las organizaciones humanitarias cuando sea posible o mantener viva la conciencia de que estas tragedias existen. Todo ello forma parte de nuestra responsabilidad como ciudadanos.
No olvidemos que detrás de esta situación desoladora que le puede ocurrir a cualquiera en un momento determinado, hay una madre que busca comida para sus hijos, un anciano que ha perdido su casa, un niño que ya no puede ir a la escuela o una familia que espera que la próxima temporada de lluvias no termine de llevarse lo poco que le queda.
Sudán no necesita compasión con fecha de caducidad. Necesita que el mundo vuelva la mirada hacia un pueblo que lleva demasiado tiempo viviendo entre la guerra, el hambre, el miedo y el silencio. Entre la necesidad más extrema.
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