Curiosidades poco conocidas sobre las hormigas que te harán verlas con otros ojos

 

El comportamiento de las hormigas no deja de sorprendernos. Foto Pixabay.com


Curiosidades poco conocidas sobre las hormigas que te harán verlas con otros ojos


Las vemos caminar en fila, transportar migas imposibles y hasta desaparecer en una diminuta grieta del suelo. Tan acostumbrados estamos a su presencia que apenas les dedicamos una mirada. Pero las hormigas esconden uno de los mundos más sorprendentes de la naturaleza: cuanto más sabemos sobre ellas, más difícil resulta no admirarlas


Llevan sobre la Tierra más de cien millones de años y han conquistado el planeta gracias a algo muy poderoso: la cooperación. Cuando los dinosaurios dominaban el planeta, ellas ya recorrían el suelo buscando su alimento. Desde entonces no han dejado de evolucionar y hoy existen más de catorce mil especies conocidas, aunque los científicos sospechan que quedan miles por descubrir.

Más que su antigüedad, lo verdaderamente asombroso es su éxito. Se calcula que existen unos veinte mil billones de hormigas repartidas por todo el mundo. Dicho de otra forma: por cada ser humano hay alrededor de dos millones y medio de hormigas. Una cifra que parece increíble para unos insectos que rara vez superan unos pocos milímetros.

La reina no gobierna

Solemos pensar en ellas como un ejército organizado de manera ejemplar, gobernado por la reina. Pero la verdad sorprende: la reina no gobierna el hormiguero.

Su misión consiste en poner huevos. No da órdenes, no decide estrategias ni dirige a las obreras. La colonia funciona gracias a una inteligencia colectiva en la que cada hormiga realiza pequeñas tareas siguiendo señales muy sencillas. Lo extraordinario es que, sumadas todas esas decisiones individuales, el resultado es una organización cercana a la perfección.

Otra curiosa particularidad es que no necesitan palabras ni sonidos para comunicarse; ellas hablan mediante olores.

Las llamadas feromonas funcionan como mensajes invisibles que indican dónde hay comida, alertan de un peligro o ayudan a reconocer a las compañeras de la colonia. Es un lenguaje químico tan preciso que basta con alterar un rastro para cambiar completamente el recorrido de cientos de hormigas.

Cada hormiguero posee, además, una especie de firma olfativa propia. Gracias a ella, una hormiga sabe si quien tiene delante pertenece a su familia o es una intrusa. En este último caso, la bienvenida es poco cordial.

Las primeras agriculturas del planeta

Pero si hay algo que rompe todos nuestros esquemas es descubrir que algunas hormigas practican actividades que durante mucho tiempo creíamos exclusivas de los seres humanos. Me refiero a la agricultura.

Las famosas hormigas cortadoras de hojas recorren largas distancias cargando trozos de vegetación que, curiosamente, no comen. Las utilizan para cultivar un hongo del que luego se alimentan. Llevan practicando esta forma de agricultura desde hace millones de años, muchísimo antes de que nuestros antepasados sembraran los primeros campos de cereal.

Pero esto no es todo. Algunas especies también crían pulgones como si fueran ganado. Los protegen de sus enemigos y, a cambio, obtienen una sustancia azucarada llamada melaza. Incluso llegan a trasladarlos de una planta a otra cuando el alimento escasea.

También practican la guerra

No todas las historias del mundo de las hormigas son tan pacíficas. Existen especies que organizan auténticas expediciones para asaltar hormigueros vecinos y robar las larvas y llevárselas a su colonia. Cuando estas crecen, trabajan para sus secuestradoras sin saber que nacieron en otro lugar. Es uno de los casos más llamativos de esclavismo en el reino animal.

Las guerras entre colonias también existen. Miles de individuos pueden enfrentarse durante días por el control de un territorio o una fuente de alimento. A nuestra escala pasan inadvertidas, pero bajo nuestros pies se libran batallas dignas de cualquier ejército humano.

La ciencia ha descubierto, además, comportamientos que hace apenas unos años parecían imposibles. Algunas hormigas limpian las heridas de sus compañeras y hasta amputan patas dañadas cuando detectan que la infección podría extenderse. Otras aíslan a los individuos enfermos para evitar contagios dentro de la colonia. Son decisiones que recuerdan, salvando las distancias, a los protocolos sanitarios de nuestra especie.

Son inteligentes

Su capacidad para resolver problemas resulta igualmente fascinante. Cuando un obstáculo les impide avanzar, determinadas especies forman puentes con sus propios cuerpos para que las demás puedan cruzar. Si llega una inundación, se enlazan unas con otras hasta construir balsas vivientes que flotan durante días con la reina protegida en el centro. Sorprendente. Y todo ello sin planos ni arquitectos y sin un líder que dé instrucciones.

Tampoco duermen como nosotros. Las obreras realizan cientos de pequeñas siestas repartidas a lo largo del día, y por este descanso fragmentado, siempre hay hormigas trabajando.

Capacidad de orientación

Y si pensamos que un cerebro tan diminuto no es capaz de hacer grandes cosas, conviene conocer otro dato muy curioso.

Algunas especies son capaces de orientarse contando los pasos que dan. Otras utilizan la posición del Sol y referencias visuales del paisaje para regresar al hormiguero con una precisión increíble. Y hasta existen hormigas cuyas mandíbulas se cierran tan deprisa que figuran entre los movimientos más rápidos registrados en la naturaleza.

Expertas en equilibrar ecosistemas

Quizá el mayor error sea pensar que estos insectos solo aparecen para invadir una cocina durante el verano.

En realidad, las hormigas airean el suelo, dispersan semillas, reciclan materia orgánica, controlan poblaciones de otros insectos y contribuyen al equilibrio de numerosos ecosistemas. Sin su labor, muchos bosques y praderas funcionarían de manera distinta.

Por todo lo dicho, resulta sorprendente comprobar cómo uno de los animales más pequeños del planeta también es uno de los más importantes. Caminan bajo nuestros pies sin hacer ruido, ajenas a nuestras prisas, construyendo desde hace millones de años ciudades subterráneas donde todo parece funcionar con la precisión de un reloj suizo.

Así, la próxima vez que veamos una fila de hormigas cruzando un camino o cualquier otro lugar, deberíamos pensar que, mientras su esfuerzo nos puede parecer solo una anécdota, ellas están escribiendo otra página de una historia que comenzó mucho antes de que existiera la humanidad y que continuará cuando nosotros seamos un recuerdo.

Comentarios

Artículos más visitados

Tramo Señalizado. Entrevista a Rosa Palo: Una Columnista entrañable

Microrrelatos ganadores del II Certamen Internacional de Microrrelato 'Jorge Alonso Curiel' 2023

Microrrelatos ganadores del I Certamen Internacional de Microrrelato 'Jorge Alonso Curiel' 2022

El cine Vistarama y la vida de repuesto

Crítica de "La Reina del Porno": La apasionante vida de Chelly Wilson

Lista 25 Microrrelatos finalistas IV Certamen Internacional de Microrrelato 'Jorge Alonso Curiel' 2025