Escribir es volver sobre lo escrito. Consejos para escribir
Escribir es volver sobre lo escrito. Consejos para escribir
Hemingway o Stephen King, algunos de los grandes escritores han dejado reflexiones sobre el oficio de escribir. Todas conducen, de una manera u otra, a una misma idea: las buenas historias necesitan tiempo, trabajo y correcciones
A lo largo del tiempo, muchos autores han dejado consejos sobre la manera de enfrentarse a la escritura a partir de su propia experiencia. Algunos son sencillos y otros pueden resultar incómodos. Pero casi todos tienen algo en común: escribir bien rara vez consiste en sentarse y esperar que las palabras salgan perfectas.
El primer borrador no tiene que ser perfecto
Uno de los consejos más famosos se atribuye a Ernest Hemingway. La frase que circula en español como «hay que tirar por la ventana el primer borrador» resume bien su pensamiento, aunque no es la formulación literal documentada.
La frase atribuida a Hemingway es mucho más contundente: «The first draft of anything is shit», es decir, «El primer borrador de cualquier cosa es una mierda».
La frase aparece en el libro With Hemingway: A Year in Key West and Cuba, de Arnold Samuelson, publicado póstumamente en 1984. Samuelson contó que Hemingway le habló de la enorme cantidad de trabajo que hay detrás de la escritura y de la necesidad de reescribir.
Hay que hacer, eso sí, una pequeña precisión: la frase no procede de una entrevista contemporánea ni de un texto escrito por Hemingway. La primera evidencia publicada que se conoce apareció 23 años después de su muerte, en las memorias de Samuelson. Por eso es más riguroso decir «una frase atribuida a Hemingway» que presentarla como una cita absolutamente indiscutible.
Pero con esa precaución, la idea parece muy útil. El primer borrador no tiene por qué ser definitivo. Es el momento de poner las cosas sobre el papel y después llega el trabajo de corregir, cortar, cambiar palabras y encontrar aquello que realmente queremos decir.
Stephen King lo plantea desde otro punto de vista. En Mientras escribo resume buena parte de su filosofía con una idea muy sencilla: para ser escritor hay que leer mucho y escribir mucho. No hay atajos. La lectura alimenta la escritura y la escritura se aprende también escribiendo. No apuesta por otros secretos.
El arte de saber renunciar
Raymond Carver también desconfiaba de los trucos. En su conocido texto «On Writing» defendía una escritura sin artificios innecesarios, alejada de los efectos destinados a impresionar al lector. Para Carver, la literatura no necesitaba hacer piruetas, solo necesita encontrar las palabras adecuadas, las palabras justas. Y, sobre todo, necesitaba revisión.
Carver llegó a escribir que rara vez había visto un texto, suyo o ajeno, que no pudiera mejorar si se dejaba reposar durante un tiempo. Es una observación que cualquiera que haya vuelto a leer un texto escrito semanas o meses antes sabe que suele ser cierta.
También está el famoso consejo de «matar a tus queridos»: desprenderse de esas frases, imágenes o párrafos que nos encantan pero que quizá no enriquecen al texto ni lo necesitan.
La expresión suele atribuirse a distintos escritores, aunque su origen documentado está en el escritor británico Arthur Quiller-Couch. En sus lecciones sobre escritura aconsejaba eliminar incluso aquello que al autor le pareciera brillante cuando no sirviera al conjunto. Después Stephen King recuperó esa misma idea en Mientras escribo.
Quizá este sea uno de los consejos más difíciles de seguir. Porque el escritor suele enamorarse de determinadas frases. El problema es que una frase puede ser buena y, al mismo tiempo, estar perjudicando el texto porque escribir también es saber renunciar.
Y quizá haya otro consejo que no pertenece a ningún escritor concreto: observar. Un escritor puede sentarse delante de una mesa durante horas, pero buena parte de su material está fuera de ella. En una conversación escuchada en un bar, en una persona que camina deprisa por una calle, en una ventana iluminada a medianoche, en un gesto, en una frase que parece insignificante. En todas estas cosas, ya que la escritura comienza muchas veces antes de escribir.
Después llega el momento de sentarse y trabajar. Y es que no todo lo que escribimos merece quedarse. Algunas frases y páginas desaparecerán. Algunas ideas que parecían magníficas terminarán en la papelera, y esto no significa que hayamos fracasado, sino todo lo contrario.
Lo más importante es entender que escribir no termina cuando ponemos el punto final: el texto empieza a convertirse en lo que queremos cuando volvemos sobre él una y otra vez, todas las veces necesarias. El trabajo en la obra es lo importante.
Comentarios
Publicar un comentario
Siempre son bienvenidos y apreciados los comentarios que puedas dejar. Muchas gracias.