Nuestra salud bucodental: algo más que una cuestión estética
Las radiografías dentales permiten detectar caries ocultas, pérdidas óseas, infecciones y otras alteraciones que no son visibles durante una exploración convencional. Fotografía: Eric Schuttmenmaer / Wikimedia Commons (CC BY-SA 2.0). |
Nuestra salud bucodental: algo más que una cuestión estética
Pocas personas imaginan que guardan una enorme cantidad de información sobre nuestra historia personal. Desde la alimentación que seguimos hasta algunos hábitos cotidianos, pasando por enfermedades, tratamientos médicos o hasta las condiciones en las que crecimos, los dientes funcionan como un preciso archivo biológico
El dato no deja de sorprender. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recuerda que las enfermedades bucodentales afectan a cerca de 3.700 millones de personas en nuestro planeta y que la salud bucal forma parte inseparable de nuestra salud general. De hecho, la caries no tratada en dientes permanentes constituye la afección de salud más frecuente, según el estudio Global Burden of Disease 2021.
El esmalte: el tejido más resistente del cuerpo
El esmalte dental es el tejido más duro que tenemos en nuestro organismo, incluso es más resistente que nuestros propios huesos. Una vez formado durante la infancia, apenas se regenera, por lo que conserva durante años información sobre la vida de cada persona.
Esta extraordinaria resistencia explica por qué los dientes sobreviven en muchas ocasiones a incendios, catástrofes naturales o al paso de los años. También es la razón por la que arqueólogos, antropólogos y odontólogos forenses recurren a ellos para reconstruir aspectos de la vida de individuos que vivieron hace cientos o miles de años.
Nuestra alimentación queda escrita en nuestros dientes
Uno de los aspectos que mejor pueden leerse es la alimentación. La OMS señala que el elevado consumo de azúcares libres constituye uno de los principales factores de riesgo para el desarrollo de la caries dental. Cuando la placa bacteriana transforma esos azúcares en ácidos, comienza un proceso que, con el tiempo, destruye el esmalte y favorece la aparición de cavidades. Las bebidas ácidas también producen erosión dental, mientras que determinados patrones alimentarios pueden dejar diferentes grados de desgaste sobre nuestras piezas dentales.
Por ello, un odontólogo puede obtener muchísima información con solo observar el estado del esmalte, la presencia de caries o el tipo de desgaste que presentan los dientes.
Los hábitos cotidianos dejan huella en nuestros dientes
Nuestros hábitos se reflejan en ellos. Como, por ejemplo, el consumo de tabaco, ya que suele provocar manchas características y aumenta el riesgo de enfermedades periodontales y de cáncer oral. El café, el té o el vino tinto también pueden modificar el color del esmalte.
Otro ejemplo muy frecuente es el bruxismo, es decir, el hábito inconsciente de apretar o rechinar los dientes, sobre todo mientras dormimos. Este problema, que suele relacionarse con situaciones de estrés, deja un desgaste fácil de reconocer para cualquier odontólogo.
Incluso una deficiente higiene bucodental puede detectarse por la acumulación de placa bacteriana, sarro, inflamación de las encías o retracción gingival.
Una ventana a la salud
Y es que la boca constituye una auténtica ventana al estado general de nuestro organismo. La misma OMS recuerda que las enfermedades bucodentales comparten factores de riesgo con muchas enfermedades no transmisibles, entre ellas las cardiovasculares, la diabetes, algunos cánceres y las enfermedades respiratorias crónicas. El consumo excesivo de azúcar, el tabaquismo, el alcohol y una alimentación poco saludable afectan tanto a la boca como a todo nuestro organismo.
Así, las personas con diabetes presentan un mayor riesgo de sufrir enfermedad periodontal, mientras que las infecciones graves de las encías pueden dificultar el control de la glucosa en sangre. Incluso, determinadas alteraciones hormonales, enfermedades autoinmunes, trastornos digestivos o déficits nutricionales también pueden manifestarse mediante lesiones, cambios en el esmalte o problemas en las encías.
Por esta razón, los dentistas son, en ocasiones, los primeros profesionales sanitarios en detectar signos que aconsejan derivar al paciente para una evaluación médica más profunda.
Las huellas de la infancia
Pero no solo a través de ellos sabemos esta información. Puede parecer sorprendente, pero los dientes también conservan recuerdos de nuestros primeros años de vida.
Durante la formación del esmalte pueden producirse alteraciones causadas por enfermedades infantiles, fiebre elevada, malnutrición y determinadas deficiencias nutricionales y estas alteraciones permanecen durante décadas como un registro permanente del desarrollo del individuo.
En antropología, el estudio de estas marcas permite conocer las condiciones de vida de poblaciones antiguas, sus hábitos alimentarios y las épocas de escasez que pudieron sufrir.
Una identidad única
En nuestros dientes, empastes, coronas, implantes, puentes, ortodoncias y prótesis forman una combinación que se puede considerar irrepetible. A ello se suma la disposición natural de cada pieza dental, que convierte la boca en un elemento identificativo de enorme valor, por lo que nuestra dentadura se convierte en una especie de pasaporte personal.
Por ello, la odontología forense desempeña un papel esencial en la identificación de personas fallecidas cuando las huellas dactilares no pueden utilizarse o el análisis de ADN requiere más tiempo.
De esta manera, las fichas dentales han permitido identificar víctimas de accidentes aéreos, incendios, catástrofes naturales y conflictos armados, convirtiéndose en una herramienta imprescindible para el trabajo forense.
La prevención, el mejor consejo
¿Entonces la salud bucodental tiene más importancia de la que se cree? Como ya hemos visto, así es, y siempre es buen momento para recordarlo.
Durante décadas lo hemos asociado con la estética o la capacidad para masticar, pero la ciencia demuestra que los dientes constituyen un auténtico archivo biológico que conserva información sobre nuestra vida y sobre nuestra salud general.
¿Y qué podemos hacer para cuidarlos? La prevención sigue siendo el mejor consejo: reducir el consumo de azúcares libres, mantener una correcta higiene oral, no saltarnos la visita al dentista, evitar el tabaco y otros hábitos saludables son medidas para tener una sonrisa saludable y para proteger nuestra salud.
Y todo para que nuestra dentadura sea nuestra mejor aliada.
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