Un nuevo estudio desmonta uno de los grandes mitos sobre los "hobbits" de la evolución humana


Reconstrucción facial de Homo floresiensis, el pequeño homínido descubierto en la isla de Flores (Indonesia) y popularmente conocido como el "hobbit". Imagen: Cicero Moraes / Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0).


Un nuevo estudio desmonta uno de los grandes mitos sobre los "hobbits" de la evolución humana

Hace más de veinte años, el descubrimiento de los diminutos fósiles de Homo floresiensis en la isla indonesia de Flores revolucionó la paleoantropología. Aquellos pequeños humanos, conocidos popularmente como los "hobbits", parecían ser hábiles cazadores capaces de fabricar herramientas y dominar el fuego. Ahora, una nueva investigación acaba de poner en duda esa imagen y plantea que, en realidad, podrían haber sido simples carroñeros que esperaban a que los dragones de Komodo terminaran de alimentarse


En 2004, un hallazgo realizado en la cueva de Liang Bua, en la isla de Flores (Indonesia), sorprendió al mundo científico. Los investigadores encontraron los restos fósiles de una especie humana hasta entonces desconocida: Homo floresiensis, un homínido de apenas un metro de altura y con un cerebro mucho más pequeño que el de nuestra especie.

Su reducido tamaño hizo que pronto recibiera un apodo que dio la vuelta al mundo: los "hobbits", en referencia a los entrañables personajes creados por J. R. R. TolkienDesde entonces, estos pequeños humanos se convirtieron en uno de los grandes enigmas de la evolución.

Una especie única

Los primeros estudios indicaban que Homo floresiensis descendía probablemente del Homo erectus, una especie que habría llegado a la isla cientos de miles de años antes y cuyo cuerpo se habría ido reduciendo como consecuencia del llamado enanismo insular, un fenómeno evolutivo frecuente en islas con recursos limitados.

Junto a los fósiles aparecieron herramientas de piedra y huesos carbonizados de Stegodon, un antiguo pariente de los elefantes. Aquellas evidencias llevaron a muchos científicos a pensar que los "hobbits" eran cazadores organizados y que dominaban el uso del fuego.

Durante años, esa fue la teoría más aceptada.

El nuevo estudio que cambia la perspectiva

Ahora, una investigación publicada en la revista científica Science Advances cuestiona seriamente esa interpretación.

El equipo dirigido por la paleoantropóloga Grace Veatch, del Smithsonian Institution, ha realizado un exhaustivo análisis de las marcas presentes en los huesos hallados en Liang Bua.

Y la conclusión resulta sorprendente.

Según los investigadores, los primeros en alimentarse de los animales no eran los "hobbits": fueron los dragones de Komodo.

Como explica el estudio:

«Los dragones de Komodo probablemente tuvieron acceso primario a estos restos, dejando únicamente elementos de bajo valor nutritivo para que Homo floresiensis los carroñeara».

Es decir, los pequeños homínidos habrían esperado a que los enormes reptiles terminaran de comer para aprovechar los restos de carne que quedaban adheridos a los huesos.

¿Eran solo carroñeros?

Si esta hipótesis se confirma, cambiaría de forma importante la imagen que teníamos de Homo floresiensisLos investigadores sostienen que no existen pruebas sólidas de que utilizaran el fuego de manera intencionada. Las marcas de combustión encontradas podrían deberse simplemente a incendios naturales o fogatas accidentales.

Además, consideran que el comportamiento de estos pequeños humanos era mucho menos sofisticado de lo que se pensaba. En lugar de organizar complejas cacerías, habrían sobrevivido aprovechando las oportunidades que ofrecía un ecosistema dominado por grandes depredadores.

Frente a frente con los dragones de Komodo

La escena resulta tan fascinante como inquietante. Mientras los "hobbits" apenas alcanzaban un metro de altura, los dragones de Komodo podían medir hasta 2,5 metros y superar los 90 kilogramos de peso.

Estos gigantescos lagartos, que todavía sobreviven en varias islas de Indonesia, eran entonces los auténticos dueños del territorio. Hoy están catalogados como especie vulnerable por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), pero hace decenas de miles de años ocupaban la cúspide de la cadena alimentaria en Flores.

Todo indica que ningún pequeño homínido podía disputarles una presa.

Un árbol evolutivo mucho más complejo

El estudio también alimenta otro debate abierto entre los paleoantropólogos. Cada vez son más los investigadores que consideran que Homo floresiensis quizá no descendía directamente de Homo erectus, sino de una especie humana aún más primitiva.

Algunos científicos incluso plantean que ni siquiera debería incluirse dentro del género Homo, debido a determinadas características anatómicas y de comportamiento. Aunque esta última hipótesis sigue siendo objeto de discusión, una idea parece consolidarse con cada nuevo descubrimiento: la evolución humana estuvo lejos de ser un camino recto.

Así, lejos de cerrar el debate, esta investigación demuestra que aún sabemos muy poco sobre nuestros antiguos parientes. Cada nuevo fósil y cada nuevo análisis obligan a revisar teorías que parecían firmemente establecidas.


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