Día de las Escritoras: las palabras de las mujeres que nunca dejaron de escribir

 

Una mujer leyendo un libro, retratada por el fotógrafo británico Arthur Maddison hacia 1864-1869. Una imagen que evoca el vínculo entre las mujeres, la lectura y el conocimiento. Fotografía: Arthur Maddison, The J. Paul Getty Museum, Los Ángeles. Fuente: Wikimedia Commons. Licencia: CC0 1.0, dedicación al dominio público.

Día de las Escritoras: las palabras de las mujeres que nunca dejaron de escribir

La literatura también es una historia de amistad, resistencia y memoria. En este Día de las Escritoras, recordamos a quienes abrieron caminos, a las autoras que fueron silenciadas y a tantas mujeres que, incluso sin publicar, han encontrado en la escritura una forma de comprender el mundo


Hoy, 19 de octubre, celebramos el Día de las Escritoras, una jornada que nos invita a mirar la literatura desde una perspectiva que durante demasiado tiempo quedó relegada a un segundo plano: la de las mujeres que escribieron, que soñaron con hacerlo y que tuvieron que abrirse paso en un mundo en el que la palabra pública pertenecía, en gran medida, a los hombres.

La fecha elegida cada año es el lunes más próximo al 15 de octubre, día de la festividad de Santa Teresa de Jesús. La iniciativa, promovida por la Biblioteca Nacional de España junto con la Federación Española de Mujeres Directivas, Ejecutivas, Profesionales y Empresarias (FEDEPE) y la asociación Clásicas y Modernas, pretende reivindicar el legado literario femenino y recuperar la memoria de autoras olvidadas o injustamente apartadas de la historia.

Las amigas como forma de libertad

El lema de este año, «Las amigas como forma de libertad», tiene un significado especial. La undécima edición del Día de las Escritoras coincide con el centenario del Lyceum Club Femenino, una institución fundada en Madrid en 1926 que reunió a mujeres vinculadas a la literatura, el arte, la ciencia y el pensamiento. Aquel espacio permitió organizar actividades culturales y defender una mayor presencia femenina en la vida intelectual española.

Entre sus integrantes estuvieron escritoras e intelectuales como María Lejárraga, María Teresa León, Elena Fortún, Carmen Conde y Ernestina de Champourcín, junto a otras mujeres que contribuyeron a transformar la sociedad de su tiempo. Sus trayectorias fueron distintas, pero compartieron una misma necesidad: la de disponer de espacios donde pensar, crear y expresarse con libertad.

La amistad, en este contexto, no era solamente una relación personal. También podía convertirse en una forma de resistencia y en un refugio frente a las limitaciones sociales. Allí donde una mujer encontraba comprensión y complicidad, también podía encontrar fuerzas para continuar escribiendo.

Quizá por eso el lema de este año resulta tan actual. La creación literaria suele parecer una actividad solitaria, pero detrás de muchos libros existen personas que supieron escuchar cuando todavía no había lectores.

Las voces que el tiempo quiso dejar atrás

La historia de la literatura está llena de mujeres cuyas obras no recibieron el reconocimiento que merecían. Algunas publicaron con seudónimos masculinos; otras vieron cómo sus libros quedaban eclipsados por los de sus contemporáneos. También hubo quienes tuvieron que renunciar a una parte de su vocación para atender las obligaciones familiares o quienes solo pudieron escribir en los márgenes de una vida que parecía destinada a otras tareas.

En este aspecto, el caso de María Lejárraga es significativo. Escritora y dramaturga, desarrolló una extensa obra que durante mucho tiempo estuvo asociada públicamente al nombre de su marido, Gregorio Martínez Sierra. Su trayectoria permite reflexionar sobre las dificultades que afrontaron muchas creadoras para obtener reconocimiento por su trabajo.

También resulta imprescindible recordar a Emilia Pardo Bazán, que defendió la educación de las mujeres y cuestionó las barreras que limitaban su participación en la cultura. O a Rosalía de Castro, cuya obra poética y narrativa ocupa un lugar fundamental en la literatura española.

Más cerca de nuestro tiempo, Carmen Martín Gaite, Ana María Matute y Carmen Laforet demostraron, desde perspectivas diferentes, la capacidad de la literatura para explorar la intimidad, la memoria, la infancia y las contradicciones de la sociedad. Sus libros forman parte de nuestro patrimonio literario y siguen muy vivos.

Al otro lado del Atlántico, Sor Juana Inés de la Cruz defendió el derecho de las mujeres al conocimiento en una época que restringía sus posibilidades de formación. Gabriela Mistral, Alfonsina Storni o Rosario Castellanos construyeron voces propias que abordaron la identidad y la condición femenina. Y Virginia Woolf reflexionó sobre las condiciones materiales y sociales necesarias para que una mujer pudiera escribir.

Recordar sus nombres significa comprender mejor la historia literaria en su conjunto. Porque ninguna tradición cultural puede considerarse completa si deja fuera una parte de las voces que la han construido.

También escriben las mujeres que nadie conoce

Pero hay otra historia que merece ser contada: la de las mujeres que escriben sin publicar, sin recibir premios o sin aparecer en las páginas de los periódicos.

Pienso en quienes llenan cuadernos durante la noche, cuando la casa queda en silencio. En las madres que encuentran unos minutos para escribir después de acostar a sus hijos. En las cuidadoras que anotan pensamientos entre una obligación y otra. En quienes escriben cartas que nunca envían, diarios que nadie leerá y poemas que guardan para sí mismas.

No todas desean convertirse en escritoras profesionales. Tampoco necesitan hacerlo para que su relación con la palabra tenga valor. Escribir puede ser una manera de ordenar los recuerdos, de comprender una pérdida, de conservar la memoria de una familia y hasta de imaginar una vida distinta.

No conviene idealizar las dificultades ni pensar que la vocación debe alimentarse siempre de sacrificios. Las mujeres necesitan tiempo, oportunidades y reconocimiento, igual que cualquier persona que quiera desarrollar una actividad creativa. Pero tampoco deberíamos olvidar que la literatura existe mucho antes de llegar a una editorial y continúa existiendo cuando un libro deja de venderse.

Una literatura que sigue creciendo

Hoy, las escritoras ocupan espacios que durante siglos les fueron negados. Publican novelas, poesía, ensayo, teatro y literatura infantil; investigan, traducen, dirigen editoriales y participan en el debate cultural. Sin embargo, recuperar a las autoras del pasado y reconocer la diversidad de las creadoras actuales continúa siendo una tarea necesaria.

El Día de las Escritoras no debería quedarse en una celebración de una jornada. Puede ser también una invitación a abrir aquellos libros que nunca llegamos a leer y a buscar las obras de autoras que desconocemos.

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