DOLOR Y GLORIA EN LA MADRUGADA
Hacía tiempo que no tenía un sueño tan vívido, de esos que sientes que estás completamente involucrado. Esta noche pasada fue así, aunque el resultado fue algo doloroso, o mejor dicho, bastante doloroso.
En el sueño estaba jugando un partido de fútbol de noche, vestido con la equipación de un equipo que no sabía distinguir, sobre un césped bien cuidado. Tampoco distinguía la cara de mis compañeros, ni la de los jugadores contrarios. Yo corría por todo el campo, persiguiendo el balón, recuperándolo, pasándolo. Todo iba bien; sentía que estábamos dominando el partido.
Y, en un momento, sucedió.
Cerca de la media luna contraria, alguien me pasó el balón. Y corrí con él pegado a mi pie con todas mis fuerzas para chutar y colarlo por la escuadra.
Así lo hice.
Fue un gol espectacular... Pero tan espectacular como el dolor que sentí en el pie derecho al haberlo golpeado contra la pared que está al lado de la cama unos instantes antes...
Por suerte no me lo rompí, pero los dolores y los quejidos a las tantas de la madrugada fueron terribles.
Prefiero que, de ahora en adelante, si puede ser, los sueños vívidos solo me dispensen buenos momentos. Momentitos de gloria.
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