Muere Juan Tamariz a los 83 años, el mago más querido por el público español
Juan Tamariz durante una actuación en Puerto del Rosario (Fuerteventura), el 12 de diciembre de 2001. Fotografía: Oscar Benito Fraile. Wikimedia Commons. Licencia CC BY-SA 3.0.
Muere Juan Tamariz a los 83 años, el mago más querido por el público español
Juan Tamariz fue mucho más que el mago de las cartas que conquistó la televisión española. Investigador y creador de un estilo propio, dedicó más de seis décadas a entretener y sorprender con su talento, cercanía y buen humor. «Yo no hago humor, es que salgo contento a hacer magia», explicaba
La noticia la confirmó su hija Ana Tamariz: el célebre ilusionista madrileño murió por causas naturales este 18 de agosto de 2026, a los 83 años, en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid. Con él desaparece uno de los rostros más queridos y entrañables de la televisión española y, sobre todo, uno de los grandes maestros de la magia de cartas contemporánea.
Un niño fascinado por la magia
Juan Manuel Tamariz-Martel Negrón había nacido en Madrid el 18 de octubre de 1942. Su fascinación por la magia comenzó cuando tenía cuatro años, después de que sus padres lo llevaran a un teatro a ver actuar a un mago. Una fuente del Ministerio de Cultura lo describe como un espectáculo que le dejó una profunda huella; otras biografías señalan que aquel primer encuentro se produjo ante un mago vestido con capa que realizaba un número con una pecera. No obstante, no existe suficiente documentación para identificar con seguridad el nombre de aquel primer ilusionista, por lo que es preferible no atribuírselo. Desde entonces la magia se convirtió en una pasión: pedía juegos de magia por Reyes y leía todos los libros de cartomagia que caían en sus manos. También iba a las actuaciones de otros magos, entre ellos Marlow, que actuaba en el colegio de sus hermanos mayores.
A finales de los años cincuenta, cuando tenía 16 años, intentó entrar en la Sociedad Española de Ilusionismo, pero no fue admitido porque la edad mínima era de 20 años. Dos años después volvió a presentarse y consiguió ingresar con 18, antes de alcanzar la edad reglamentaria, ya que sorprendió al tribunal por su oficio y dominio de este arte.
El propio Tamariz recordó años después, en una entrevista para El País, que llevaba ya mucho tiempo dedicando muchas horas diarias al estudio de la magia. «Lo que no sabían en la Sociedad Española de Ilusionismo es que llevaba al menos siete años dedicándole más de ocho horas diarias a la magia», explicó. Aquel paso fue decisivo. Allí conoció a figuras fundamentales del ilusionismo español, entre ellas Arturo de Ascanio, que se convertiría en uno de sus grandes maestros.
Su curiosidad, sin embargo, no se limitaba solo a las cartas. Estudió también Ciencias Físicas, aunque no acabó la carrera, y después ingresó en la Escuela Oficial de Cine. Llegó a rodar dos cortometrajes, Muerte S. A. (1967) y El espíritu (1969). En este último participó una jovencísima Carmen Maura, en el que fue su primer trabajo en el cine.
Su carrera mágica alcanzó una dimensión internacional en 1973, cuando consiguió en París el Primer Premio Mundial de Cartomagia. El reconocimiento confirmó a Tamariz como uno de los grandes especialistas del mundo. Fue también investigador, creador y teórico del ilusionismo. Su interés estaba en descubrir qué veía realmente el espectador, cómo se dirigía su atención y de qué manera podían utilizarse la psicología, el ritmo, el humor y la interpretación para construir una experiencia mágica. Su importancia fue tal que terminó convirtiéndose en uno de los principales representantes de la llamada escuela española de cartomagia, una corriente que revolucionó la concepción de la magia con cartas y que tuvo en Arturo de Ascanio y Juan Tamariz a dos de sus grandes maestros.
Gran protagonista de la televisión
Pero para millones de españoles Tamariz fue, antes que nada, aquel hombre bondadoso, de risa contagiosa, de pelo largo, gafas redondas, chistera y violín imaginario que aparecía en televisión. Su relación con TVE comenzó en los años setenta y su rostro se hizo popular gracias a programas como Tiempo de magia y, sobre todo, Un, dos, tres... responda otra vez. Posteriormente protagonizó espacios como Por arte de magia, Magia Potagia y Chantatachán. Su aspecto extravagante y su manera de hablar hicieron de él un personaje muy reconocible y querido, pero debajo de aquella apariencia caótica había un enorme trabajo de planificación y precisión técnica. Uno de sus grandes logros fue acercar la magia a los espectadores de todas las edades sin quitarle ni una pizca de misterio.
Tamariz insistió durante toda su vida en que la magia no consistía solamente en engañar al público. Prefería hablar de «juegos» antes que de «trucos», porque entendía que el espectador no era un adversario, sino alguien que participaba en la experiencia. En una entrevista explicó que la palabra «truco» le parecía demasiado vinculada al engaño y a la trampa. Él quería jugar con quien tenía delante, hacerle participar y conseguir que durante unos instantes aceptara la posibilidad de que aquello que estaba viendo no tuviera explicación. Esa filosofía explica también su célebre sentido del humor. «Yo no hago humor, es que salgo contento a hacer magia», dijo en una ocasión.
Para él, además, la magia tenía una relación profunda con la infancia. «En el maravilloso oficio de mago sacas al niño que llevas dentro», explicó en otra entrevista. El adulto sabe que existe un mecanismo y una técnica, pero durante unos segundos decide olvidarlo para dejarse sorprender. Tamariz entendió que el verdadero objetivo del ilusionista era conseguir que el público experimente algo que no esperaba. «Antes el público venía para pillar los trucos, ahora vienen a disfrutar», apuntó.
Generosidad con otros magos
Tamariz fue también maestro de generaciones de ilusionistas y una referencia internacional para los especialistas en cartomagia. Ligado también a la Escuela Mágica de Madrid, su trabajo teórico y sus conferencias contribuyeron a renovar la magia española. También fue conocido por su generosidad a la hora de compartir conocimientos con otros magos. El homenaje que le ha dedicado tras su muerte el mago, escritor y humorista Luis Piedrahita lo explica: «Siempre estaba dispuesto a compartir su tesoro más valioso: sus ideas, su conocimiento, su pensamiento y su amor a la magia».
Su prestigio internacional quedó acompañado por importantes reconocimientos. Aparte de otros galardones, en 1992 fue elegido Magician of the Year por la Academy of Magical Arts de Hollywood. En España obtuvo la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, correspondiente a 2010 y entregada en 2011, y en 2019 recibió la Medalla de Oro de Madrid.
Durante sus últimos años siguió vinculado a la magia y a la transmisión de sus conocimientos. Su hija Ana Tamariz, también ilusionista, dirige en Madrid la Gran Escuela de Magia Ana Tamariz, una institución cuyos temarios fueron creados y revisados por Juan, que además impartió clases magistrales y asesoró a profesores y alumnos. Tamariz había reducido sus apariciones públicas, pero todavía en 2024 ofreció una extensa entrevista a RTVE en La matemática del espejo, donde habló de su vida y de su manera de entender la magia.
Aunque Juan Tamariz ya no podrá volver a sorprendernos desde un escenario, su magia sigue al alcance de todos. Quienes quieran recuperar sus juegos, sus ocurrencias y aquella manera tan particular de sorprendernos, pueden hacerlo a través de YouTube y del archivo de RTVE, donde permanecen numerosos vídeos de sus actuaciones y apariciones televisivas.
Mural dedicado a Juan Tamariz en el paseo de Circumval·lació de Barcelona, fotografiado en noviembre de 2024. Fotografía: Enric. Wikimedia Commons, licencia CC BY 4.0.
Comentarios
Publicar un comentario
Siempre son bienvenidos y apreciados los comentarios que puedas dejar. Muchas gracias.