Stefan Mandel, el hombre que ganó la lotería 14 veces usando las matemáticas
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Una persona rellenando un boleto de lotería. Fotografía: Santeri Viinamäki. Wikimedia Commons, licencia CC BY-SA 4.0.
Una persona rellenando un boleto de lotería. Fotografía: Santeri Viinamäki. Wikimedia Commons, licencia CC BY-SA 4.0.
Stefan Mandel, el hombre que ganó la lotería 14 veces usando las matemáticas
Convirtió los sorteos en un problema de combinatoria y llegó a ganar numerosos premios. En 1992 protagonizó una de las operaciones más extraordinarias de la historia de las loterías
Nacido el 19 de junio de 1940 en Aninoasa, Rumanía, este economista no encontró una fórmula mágica para adivinar los números ganadores, pero descubrió que la lotería podía convertirse en un problema matemático. Su método era el siguiente: si el premio acumulado era suficientemente cuantioso y el número de combinaciones era reducido, existía una posibilidad teórica de comprar todas las combinaciones y asegurarse el premio.
La historia comenzó en la Rumanía comunista, donde Mandel trabajaba como economista. Fascinado por las posibilidades matemáticas de los sorteos, estudió durante años cómo reducir el componente del azar. Su primer sistema consistía en seleccionar las combinaciones de tal manera que aumentaran las posibilidades de conseguir un premio importante. A finales de los años sesenta logró convencer a dos amigos para que invirtieran con él y consiguió un premio que, según las informaciones posteriores, equivalía aproximadamente a 18 años de salario. Aquel dinero le permitió abandonar Rumanía con su familia y comenzar una nueva vida en Australia.
Allí fue donde su método adquirió una dimensión diferente. Mandel comprendió que el secreto no estaba tanto en escoger buenos números como en encontrar el sorteo adecuado.
Imaginemos una lotería en la que hay que escoger seis números entre cuarenta. El número de combinaciones posibles es de 3.838.380. Si cada apuesta costara un dólar, comprar todas supondría algo más de 3,8 millones de dólares. Por tanto, si el premio acumulado superara ampliamente esa cantidad, se comprarían todas las combinaciones garantizando, de esta manera, tener el boleto ganador.
Ponerlo en práctica
Esa era la teoría. Pero lo difícil era conseguir millones de dólares, generar las combinaciones, rellenar los boletos, y sellarlos en los puntos de ventas antes de que terminara el plazo. Mandel comprendió que no podía hacerlo solo y comenzó a reunir inversores. Creó sindicatos de jugadores que aportaban dinero para participar conjuntamente en aquellas operaciones. Durante los años ochenta consiguió varios éxitos en Australia y, así, llamó cada vez más la atención de las autoridades y de las propias loterías.
El episodio definitivo llegó en Estados Unidos. En 1992, la lotería de Virginia ofrecía un premio extraordinario de casi 27 millones de dólares. El juego permitía entonces unas 7,1 millones de combinaciones diferentes, de manera que el coste de adquirirlas todas era inferior al premio acumulado. Esta era la oportunidad que llevaba años buscando.
Su grupo puso en marcha entonces una operación que parecía sacada de una película. Desde Australia se prepararon millones de combinaciones utilizando ordenadores y 12 impresoras láser. Después, los boletos fueron enviados a Estados Unidos y allí un equipo coordinó su adquisición en numerosos establecimientos. La logística fue tan complicada que llegaron a movilizarse cientos de personas.
Pero existe un detalle que suele perderse en las versiones más populares de esta historia: Mandel y sus inversores no llegaron a comprar todas las combinaciones posibles. Consiguieron adquirir alrededor de 5,6 millones de los 7,1 millones de boletos posibles. Aun así, tuvieron suerte, y la combinación ganadora estuvo entre ellos.
El sorteo se celebró el 15 de febrero de 1992. El boleto ganador correspondía al sindicato de Mandel, que reclamó los 27 millones de dólares del premio. Además, el grupo consiguió numerosos premios secundarios gracias a las miles de combinaciones que había adquirido. La operación hizo sonar la alerta de las autoridades estadounidenses, que investigaron cómo se había organizado aquella gigantesca operación. Finalmente, la lotería de Virginia reconoció el premio.
Lo cierto es que Mandel no había hecho trampas, porque no había manipulado el sorteo ni conocía de antemano los números ganadores. Había utilizado una característica matemática del sistema y había conseguido reunir el dinero y la infraestructura necesarios para explotarla. Su estrategia demostraba que la suerte podía reducirse considerablemente cuando se disponía de suficiente capital y se daban unas condiciones determinadas.
Pero este éxito tuvo consecuencias. Las loterías comenzaron a modificar sus normas para impedir operaciones similares. Comprar millones de boletos dejó de ser tan sencillo y, con ello, la estrategia de Mandel perdió buena parte de su viabilidad. El hombre que había convertido la lotería en un problema matemático había encontrado, paradójicamente, creó el límite de su propio sistema.
A Mandel se le atribuyen 14 victorias en diferentes loterías, aunque las fuentes no siempre utilizan el mismo criterio para contabilizarlas. Lo que está documentado es que consiguió numerosos premios mediante sus sistemas y que el golpe de Virginia fue la operación más conocida de su carrera. Su historia ha sido contada numerosas veces, a veces con detalles exagerados, por lo que conviene distinguir entre las cifras sólidamente documentadas y las versiones que han ido creciendo con el tiempo.
Tras sus años de actividad y después de enfrentarse a problemas legales y financieros, Stefan Mandel terminó alejándose de los focos. En 2019, The Independent lo situaba viviendo tranquilamente en Vanuatu, en el Pacífico Sur. Desde entonces apenas han trascendido noticias fiables sobre su vida personal, por lo que no existen datos suficientemente contrastados para afirmar que haya fallecido ni para conocer con certeza su situación actual. Lo que permanece es la historia de aquel economista rumano que convirtió la lotería en un problema de matemáticas y llegó a desafiar las reglas del azar.
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