Agnieszka Holland o cómo filmar la complejidad de la vida
23. edición del Festival de Cine Europeo de Sevilla
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| Agnieszka Holland durante la rueda de prensa celebrada esta mañana en el Espacio Turina, en el marco del 23.º Festival de Cine Europeo de Sevilla. Fotografía: Festival de Cine Europeo de Sevilla. |
Agnieszka Holland o cómo filmar la complejidad de la vida
La cineasta polaca, distinguida con el Giraldillo de Honor de la 23.ª edición del Festival de Cine Europeo de Sevilla, protagonizó un encuentro con la prensa en el que reflexionó sobre el presente del cine, la libertad creativa y la responsabilidad de los cineastas ante la realidad. Una conversación que terminó convirtiéndose en una auténtica clase magistral
Sevilla, 6 de noviembre de 2026. El cine como herramienta para comprender la realidad, la necesidad de defender la libertad creativa y el poder de la imaginación para vislumbrar otros futuros posibles fueron algunos de los asuntos que centraron el encuentro de Agnieszka Holland con la prensa en el Espacio Turina, una de las nuevas sedes del Festival de Cine Europeo de Sevilla. La directora y guionista polaca, que recibe en esta edición el Giraldillo de Honor, estuvo acompañada por el director del certamen, Manuel Cristóbal, en una comparecencia que dejó reflexiones de gran interés sobre el presente y el futuro del séptimo arte.
Cristóbal agradeció a la cineasta su presencia en Sevilla y su compromiso con el cine europeo, recordando también su etapa al frente de la Academia de Cine Europeo, institución que presidió entre 2021 y 2024. El encuentro llegaba después de otra conversación celebrada el día anterior en CaixaForum, precedida de la proyección de Europa, Europa, una de las películas más emblemáticas de su filmografía.
Holland comenzó su intervención con una referencia a la ciudad que le sirvió para plantear una reflexión sobre la identidad europea: «Esta mañana he estado visitando los Reales Alcázares y me ha hecho ponerme muy filosófica respecto a las raíces del continente, que son tan diversas como nuestro cine».
A partir de ahí, reivindicó el papel de los festivales, los programadores y, especialmente, los espectadores, a quienes definió como «la parte más importante de nuestro trabajo». También defendió la experiencia compartida de ver películas en una sala de cine frente al crecimiento de las plataformas digitales.
La cineasta reconoció las posibilidades que ofrece el streaming para ampliar la difusión de las películas y llegar a espectadores y territorios a los que antes resultaba difícil acceder. Sin embargo, advirtió de los problemas derivados de la enorme cantidad de contenidos disponibles y del poder de los algoritmos para decidir qué ve cada usuario. En su opinión, es necesario promover la calidad y evitar que la distribución quede sometida exclusivamente a esos mecanismos de selección.
La responsabilidad de contar la realidad
Holland considera que los propios cineastas tienen una responsabilidad importante en la situación actual. «Creo que debemos arriesgarnos más. La valentía y la libertad es lo que necesitamos, escuchar la realidad de las personas y abrirnos un poco más», señaló. Una tarea que, a su juicio, resulta cada vez más complicada en un mundo transformado por las redes sociales, el big data y la inteligencia artificial. «La verdad pura y dura ha perdido su atractivo. Yo no soy muy optimista, pero tenemos que intentarlo».
Para recuperar el interés del público por las salas, la directora apuesta por películas capaces de sorprender, emocionar y estimular la imaginación. Obras que sean suficientemente atractivas y diferentes como para despertar el deseo de compartir la experiencia cinematográfica con los demás.
Preguntada por el mayor compromiso que parece mostrar actualmente el documental europeo frente a la ficción, Holland se mostró de acuerdo con esa apreciación. «El documental es ahora mismo más valiente y relevante, porque los cineastas de ficción estamos más centrados en nosotros mismos, nos cuesta confrontarnos a la realidad».
La directora también apuntó a las dificultades de financiación que condicionan el cine de ficción. Las películas requieren presupuestos mayores y, según explicó, las fuentes de financiación pueden evitar determinadas temáticas por su carácter polémico o por sus implicaciones políticas. El documental, al necesitar generalmente menos recursos, dispone de mayor margen para abordar asuntos difíciles, aunque encuentra más obstáculos para alcanzar al público general.
Pese a ello, Holland continúa confiando en la capacidad de la ficción para intervenir en el debate social. «El cine y el arte no tienen que ser reactivos a la realidad, pueden ser proactivos, despertar la imaginación de las personas y aventurar que el futuro puede tener alternativas».
Una generación que renovó el cine europeo
Nacida en Varsovia en 1948, Agnieszka Holland repasó también algunos momentos fundamentales de su vida y de su trayectoria profesional. Recordó sus años de estudiante de cine en la Checoslovaquia comunista, el impacto de la Primavera de Praga y su posterior aplastamiento, así como su paso por la cárcel. También habló de sus comienzos profesionales en Polonia y de la necesidad de trabajar en otros países tras la imposición de la Ley Marcial.
La cineasta reconoció que los últimos años le han proporcionado una mayor tranquilidad creativa, gracias a productores que le han permitido abordar proyectos personales sin renunciar a los asuntos difíciles, polémicos o políticamente comprometidos.
Uno de los momentos más emotivos de la conversación llegó al recordar a sus compañeros de generación, entre ellos Andrzej Wajda, Krzysztof Zanussi y Krzysztof Kieślowski. El Festival dedica precisamente un ciclo de su sección Esenciales al primero, con el apoyo del Instituto Polaco de Cultura.
«Fue un período maravilloso del cine polaco», recordó. Una generación marcada por la Segunda Guerra Mundial y la destrucción de su país que encontró en el cine una forma imprescindible de expresión. Holland relacionó aquella etapa con las nuevas olas cinematográficas que surgieron también en Checoslovaquia y Francia, movimientos que contribuyeron a renovar profundamente el lenguaje del cine.
En Polonia, recordó, los cineastas buscaban formas de expresar sus ideas a pesar de las restricciones políticas. «Queríamos ser libres, y de forma más o menos encriptada contábamos las cosas que queríamos contar». También tuvo palabras de reconocimiento para aquellos espectadores capaces de interpretar los mensajes que se escondían detrás de las historias: «Es el mejor público que he tenido en mi vida, era muy agradecido y respondía muy bien. Sentíamos que con esas películas estábamos cambiando Polonia».
Desde su debut como directora en 1977, Holland ha desarrollado una extensa trayectoria que abarca el cine y la televisión, la ficción y el documental, con películas que han abordado diferentes conflictos históricos, políticos y humanos.
Al final del encuentro, cuando se le preguntó si podía resumir en una idea los elementos comunes de toda su obra, la cineasta respondió con una sencillez que encerraba buena parte de su filosofía artística: «Yo diría que el mensaje de mis obras es que la vida es compleja… y complicada».
Agnieszka Holland recibirá esta tarde, a las 20:30 horas, el Giraldillo de Honor del festival en el Cine Cervantes, en un acto que se mantiene pese a la suspensión de la gala inaugural por el accidente ferroviario de Urda

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