Seminci 2026. Cuarta jornada: la música, Patricia Highsmith y la pesadilla empresarial
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| Programa de mano de la 71.ª Seminci. Foto Alonso Curiel. |
Seminci 2026. Cuarta jornada: la música, Patricia Highsmith y la pesadilla empresarial
La cuarta jornada de la 71.ª Semana Internacional de Cine de Valladolid, celebrada el lunes 26 de octubre, reunió tres propuestas muy diferentes: el melodrama animado La violinista, el elegante juego psicológico de Talento para matar y la dura mirada al mundo empresarial de A Good Little Soldier.
En la jornada de este lunes también se entregó la Espiga de Honor Académica al Máster en Documental de Creación de la Universitat Pompeu Fabra-Barcelona School of Management, un reconocimiento a una iniciativa que ha contribuido a formar a varias generaciones de cineastas vinculados al documental.
La violinista, la música como poder salvador
La violinista, dirigida por Ervin Han y Raúl García, es una de las propuestas más singulares de esta edición de la Seminci. Se trata de una película de animación que hace historia al competir en la Sección Oficial. La cinta, coproducción de España, Singapur e Italia, necesitó alrededor de diez años de trabajo y ha llegado a Valladolid avalada por su éxito en el Festival de Annecy, donde obtuvo el Cristal al mejor largometraje y el premio a la mejor música original.
La historia comienza cuando un periodista español investiga el origen de un viejo violín que una célebre intérprete lleva cuatro décadas utilizando. Sus pesquisas le conducen hasta Singapur, en 1941, donde Fei y Kai, dos jóvenes unidos por su amor a la música, ven cómo sus vidas quedan destrozadas por la invasión japonesa durante la Segunda Guerra Mundial. Kai se incorpora a la resistencia y promete regresar, pero desaparece sin dejar rastro. Fei, convertida con el paso de los años en una violinista reconocida internacionalmente, mantiene viva la esperanza de volver a encontrarse con él. En las notas del instrumento permanecen las huellas de una historia de amor marcada por la guerra y la separación.
La película es un melodrama de factura impecable, visualmente cuidado y construido alrededor de una historia de amor en la que la música adquiere un protagonismo fundamental. Es también un hermoso relato antibelicista que muestra cómo los conflictos destruyen vidas y proyectos y separan a quienes se quieren, aunque no siempre consiguen acabar con la esperanza.
Uno de sus mayores aciertos es presentar la música como una fuerza capaz de salvar, de acompañar y de mantener unidos a quienes la comparten. La música aparece como instrumento de conocimiento y de autoconocimiento, como refugio frente al dolor, como medio de comunicación y entendimiento, y también como una de las expresiones más hermosas de la condición humana. La música como lenguaje que atraviesa las fronteras y sobrevive al paso del tiempo.
Durante la presentación en Valladolid, el codirector Raúl García explicó que no pretendían contar tanto la historia de Singapur como la de las personas que vivieron aquellos años. Una intención que encaja con el espíritu de la película, interesada en las emociones y en las vidas particulares que se esconden detrás de los grandes acontecimientos históricos. García, que trabajó durante una década en Walt Disney Studios y participó en producciones como En busca del valle encantado y ¿Quién engañó a Roger Rabbit?, ha desarrollado después una importante trayectoria en la animación española. Codirigió El bosque animado, ganadora del Goya a la mejor película de animación, y dirigió Extraordinary Tales, basada en relatos de Edgar Allan Poe. Por su parte, Ervin Han, cineasta, guionista y productor singapurense, es cofundador del estudio Robot Playground Media y cuenta con más de dos décadas de experiencia en proyectos de animación.
Es cierto que el guion recurre al melodrama más tópico y que el sentimentalismo y la tendencia a buscar la lágrima son claros protagonistas. Pero se le pueden perdonar esos excesos para disfrutar de una película hermosa, agradable, con una maravillosa banda sonora, que transmite buenos sentimientos y ofrece una hora y cincuenta minutos de emoción, belleza y amor por la música. Una propuesta que nos recuerda que el arte puede convertirse en una forma de resistencia.
Talento para matar, un homenaje a Patricia Highsmith
En Talento para matar (A Talent for Murder), el director neerlandés Anton Corbijn parte de un argumento atractivo y con cierta originalidad para construir un relato de intriga psicológica que rinde homenaje a Patricia Highsmith, una de las grandes escritoras de novela negra y creadora del inolvidable Tom Ripley.
La historia arranca cuando Edward, un joven agente literario, viaja a Suiza para convencer a la célebre autora, retirada en su refugio alpino, de que escriba una última entrega de las aventuras de Ripley. El encuentro entre ambos comienza con una confrontación y deriva pronto hacia una relación extraña y cada vez más inquietante. La escritora y su visitante entran en un juego psicológico en el que las intenciones de cada uno no siempre están claras y en el que la frontera entre realidad e imaginación comienza a confundirse.
Uno de los grandes aciertos de la película es el duelo interpretativo entre Helen Mirren, que da vida a Highsmith, y Alden Ehrenreich, que interpreta al agente literario. La tensión entre ambos sostiene buena parte del relato y consigue tener tanta importancia, o más, que los acontecimientos. Mirren compone una escritora mordaz, imprevisible, mientras Ehrenreich aporta a su personaje una ambigüedad que alimenta el juego de sospechas.
La cinta es también un homenaje al mundo literario de Highsmith y a su propia figura, algo que se agradece. Su universo narrativo, poblado de personajes ambiguos y zonas oscuras de la personalidad, proporciona un terreno fértil para el cine. La película aprovecha esa herencia y juega con la posibilidad de que la imaginación de una escritora acostumbrada a explorar la maldad termine influyendo en la realidad de quienes están cerca.
Visualmente, la película destaca por su elegancia. La fotografía de Robbie Ryan y el cuidado de los encuadres contribuyen a crear una atmósfera sofisticada e inquietante. Anton Corbijn demuestra una vez más su sensibilidad para construir imágenes y trabajar con los espacios, y no es de extrañar si se tiene en cuenta su larga trayectoria como fotógrafo y realizador de videoclips.
Nacido en los Países Bajos en 1955, Corbijn alcanzó reconocimiento internacional gracias a sus retratos de músicos y a los vídeos que realizó para artistas y grupos como Depeche Mode, U2, Nirvana, Johnny Cash o Coldplay. En el cine debutó con Control (2007), centrada en Ian Curtis, el cantante de Joy Division. Después dirigió El americano (2010), con George Clooney; El hombre más buscado (2014), adaptación de una novela de John le Carré, y Life (2015), sobre la relación entre James Dean y el fotógrafo Dennis Stock. En 2023 estrenó el documental Hipgnosis: el arte de las portadas de rock. Talento para matar supone su regreso al largometraje de ficción.
Talento para matar mantiene el interés hasta sus créditos finales. Su planteamiento y el duelo entre sus dos protagonistas compensan las limitaciones de una trama que podría haber sido más arriesgada y haber apostado por un desenlace más sorprendente. La historia promete un juego de engaños a la altura del universo de Highsmith, pero no termina de explotar todas las posibilidades de su premisa.
A pesar de ello, Talento para matar resulta una propuesta entretenida e inquietante, recomendable para quienes disfrutan de la obra de Patricia Highsmith o de las películas de intriga psicológica.
A Good Little Soldier, la pesadilla del mundo empresarial
Con A Good Little Soldier, el director francés Stéphane Brizé vuelve a poner el foco en las contradicciones del mundo laboral y en las consecuencias que las exigencias del sistema capitalista tienen sobre nosotros. La película es un retrato incómodo y desasosegante de una realidad en la que los objetivos económicos terminan imponiéndose a cualquier precio, hasta por encima de las personas.
Carla, interpretada por Alba Rohrwacher, acaba de incorporarse al departamento de Recursos Humanos de una gran compañía de seguros con la misión de recuperar la confianza de los empleados. Sin embargo, pronto descubre que su responsabilidad de velar por el bienestar de la plantilla choca con las exigencias de su jefe y con los objetivos de rendimiento impuestos por la empresa. A medida que intenta responder a unas demandas cada vez más difíciles de conciliar, Carla se ve atrapada en una espiral que amenaza con llevarla al límite y la enfrenta a todo aquello que ha sacrificado para sostener su carrera profesional.
Brizé construye una pesadilla muy real, una historia dura que denuncia la frialdad de un sistema en el que las personas parecen quedar relegadas a un segundo plano. La falta de humanidad del sistema que atraviesa la película provoca una creciente sensación de desasosiego, porque lo que vemos en la pantalla no resulta ajeno ni imposible: es el reflejo de unas dinámicas laborales en las que la productividad y los beneficios pueden terminar justificando cualquier decisión.
Uno de los grandes aciertos de la cinta es el trabajo de Alba Rohrwacher, que sostiene el relato con una interpretación de gran intensidad. La actriz transmite el desgaste de una mujer atrapada entre las exigencias profesionales y los conflictos morales. La tensión va en aumento a medida que Carla comprende las consecuencias de sus decisiones y sus límites para cambiar las cosas. A su lado, Vincent Lindon contribuye a intensificar este retrato dramático en el ámbito empresarial.
Stéphane Brizé lleva años explorando las relaciones entre el trabajo, el poder y la dignidad humana. Ya lo hizo en La ley del mercado (2015), donde Vincent Lindon interpretaba a un hombre que se enfrenta a un mercado laboral cada vez más despiadado, y en En guerra (2018), centrada en el conflicto entre una plantilla y la dirección de una empresa. En A Good Little Soldier vuelve a este territorio con una mirada incisiva, mostrando las contradicciones de una cultura corporativa que habla de bienestar mientras impone condiciones destructivas.
A Good Little Soldier es más que un drama individual. Un retrato que todos deberíamos ver sobre una realidad cercana que preferiríamos no conocer. ¿En qué nos estamos convirtiendo? ¿En qué mundo vivimos? Me pregunté al acabar la película con un nudo en la garganta.
La Espiga de Honor Académica, para el Máster en Documental de Creación de la UPF
La jornada del lunes tuvo también un momento destacado con la entrega de la Espiga de Honor Académica al Máster en Documental de Creación de la Universitat Pompeu Fabra-Barcelona School of Management, también conocido como Barcelona Film Society. Los codirectores de la Seminci, Mariona Viader y Javier H. Estrada, entregaron el reconocimiento a Eva Vila, directora del máster, quien recordó la figura de José Luis Cienfuegos y subrayó la importancia de conectar los espacios de exhibición cinematográfica con las primeras etapas de creación de las películas.
Tras la ceremonia, celebrada en el Teatro Zorrilla, se proyectó Thanks for Coming, del cineasta francés Alain Cavalier, dentro de la sección Tiempo de Historia.
En la Sección Oficial también se proyectó We Are All Strangers, del director singapurense Anthony Chen, una historia ambientada en la Singapur actual que aborda las relaciones entre un padre y su hijo y los cambios que alteran el equilibrio familiar.
Puedes leer las anteriores crónicas de la 71.ª Seminci:
Tres miradas a los vínculos humanos en la Primera Jornada de la Sección Oficial de la 71.ª Seminci




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