Hibristofilia: ¿por qué algunas personas se enamoran de criminales?

 

Ted Bundy, fotografiado en Florida en 1978. El asesino en serie estadounidense recibió numerosas cartas de admiradoras durante su encarcelamiento. Imagen: State Archives of Florida / Wikimedia Commons. Dominio público.

Hibristofilia: ¿por qué algunas personas se enamoran de criminales?

De Ted Bundy a Richard Ramirez o a Charles Manson, la fascinación amorosa por delincuentes ha existido durante décadas. ¿Qué busca realmente quien se enamora de alguien que ha cometido un crimen?


No es ficción: existen personas que escriben cartas apasionadas a asesinos encarcelados, que acuden a sus juicios para contemplarlos, que defienden su inocencia pese a las pruebas irrefutables y que hasta terminan casándose con ellos.

La psicología y la criminología utilizan el término hibristofilia para referirse a la atracción sexual, romántica o afectiva hacia personas que han cometido delitos. El concepto fue investigado en el ámbito de la sexología por John Money en la década de 1980, aunque el fenómeno es mucho más antiguo.

Pero existe una precisión importante: no toda persona que se enamora de un delincuente padece hibristofilia, ni tampoco existe una única explicación para estas relaciones. Un reciente trabajo académico de la criminóloga Ana L. Cuervo García señala que la investigación científica sobre este fenómeno es todavía escasa y cuestiona que pueda utilizarse la etiqueta de hibristofilia para explicar todos estos casos.

Ted Bundy y las cartas de amor

Uno de los ejemplos más conocidos es el de Ted Bundy, uno de los asesinos en serie más famosos de Estados Unidos. Mientras estaba encarcelado, Bundy recibió una enorme cantidad de cartas de admiradoras. Durante su proceso judicial algunas mujeres acudían a la sala para verlo y mostraban públicamente su fascinación por este hombre. Y hasta cuando fue condenado por varios asesinatos, continuó teniendo admiradoras.

¿Cómo se puede explicar esto?

El criminólogo David Wilson, profesor emérito de Criminología de la Birmingham City University, explica que en algunas de estas relaciones pueden intervenir factores psicológicos, pero también otros más comunes.

Según Wilson, cuando una persona establece una relación con alguien que está en prisión existe una circunstancia particular: sabe dónde está el otro y puede controlar cuándo escribe, cuándo lo visita o cuándo mantiene contacto con él. Para determinadas personas, esa situación puede proporcionar una sensación de control que no encuentran en otras relaciones.

Wilson también apunta que algunas personas que desarrollan este tipo de relaciones han vivido experiencias traumáticas durante su infancia. En esos casos, la relación con alguien encarcelado podría proporcionar una sensación de control sobre una situación que, paradójicamente, resulta peligrosa desde fuera.

Pero no debemos convertir esta explicación en una regla. No todas las personas que se sienten atraídas por criminales han sufrido traumas, y no todas responden al mismo patrón.

Richard Ramirez se casó con una admiradora

Otro caso extraordinario fue el de Richard Ramirez, conocido como el Night Stalker, condenado por múltiples asesinatos. Ramirez recibió cartas de admiradoras mientras estaba en prisión, y una de ellas, Doreen Lioy, terminó casándose con él en 1996, mientras él estaba en el corredor de la muerte.

El caso llamó la atención porque Lioy no se limitó a sentir fascinación a distancia: mantuvo durante años que conocía aspectos positivos del condenado que nadie conocía. Es precisamente aquí donde aparece uno de los elementos más interesantes de este fenómeno: la separación entre la persona real y la imagen que construyen de ella.

“Yo puedo cambiarlo”

Existe otro mecanismo que aparece con frecuencia en las explicaciones sobre estas relaciones: la fantasía de “yo puedo cambiarlo”La persona violenta puede ser contemplada como una víctima de sus propias circunstancias. El enamorado se coloca en el papel de quien conseguirá descubrir al “verdadero” ser humano que se esconde detrás del criminal.

El psiquiatra Ronald Markman, que participó como experto en casos relacionados con asesinos condenados, explicó este fenómeno en términos de una especie de impulso de salvación: algunas mujeres pueden sentir que son capaces de rescatar a esa persona y esto les proporciona una sensación de valor personal, como si fuera una misión.

El criminal como celebridad

Hay, además, otro elemento que no podemos ignorar y no es otro que la fama. Un criminal desconocido no suele generar una legión de admiradores. Pero cuando los medios de comunicación convierten a un asesino en un personaje público, su imagen puede adquirir características propias de una celebridad. La persona deja de ser solamente “el autor de un crimen” y comienza a convertirse en todo un personaje que llega a ser idealizado.

El criminólogo David Wilson señala que relacionarse con un criminal célebre puede proporcionar atención pública y, en determinados casos, incluso estatus que desembocan en entrevistas, libros y notoriedad.

El fenómeno ha llegado a TikTok

La fascinación no ha desaparecido con las nuevas generaciones y ha encontrado nuevos canales. Una investigación publicada en 2025 en la revista académica Deviant Behavior estudió contenidos de TikTok relacionados con la atracción hacia delincuentes. Los investigadores analizaron 66 vídeos y 91 comentarios y estudiaron a mujeres jóvenes de entre 18 y 27 años. Encontraron varios patrones recurrentes como la idealización del criminal, las fantasías románticas, la lealtad o la idea de “yo puedo cambiarlo”.

Otro de los fenómenos señalados por los investigadores resulta curioso: la transferencia actor-delincuenteEs decir, la atracción que provoca un actor que interpreta a un criminal puede llegar a trasladarse al delincuente real. La ficción y la realidad comienzan a mezclarse.

El caso de Luigi Mangione

Un ejemplo contemporáneo de esta nueva fascinación apareció alrededor de Luigi Mangione, acusado en Estados Unidos del asesinato de Brian Thompson, el director ejecutivo de UnitedHealthcare. Tras su detención, las redes sociales se llenaron de comentarios de admiración hacia Mangione.

Los expertos consultados sobre el fenómeno señalaron que aquí podían intervenir elementos diferentes de la hibristofilia clásica: la dinámica parasocial de las redes, la idealización de una persona a la que no se conoce y la construcción de una narrativa en la que el acusado aparece como una especie de atractivo rebelde o héroe.

Esto demuestra que el fenómeno puede estar cambiando porque basta con abrir las redes sociales.

¿De qué se enamoran? ¿De la persona o de la historia?

En muchos de estos casos, la persona que despierta la fascinación está rodeada de una historia extraordinaria y por ello es difícil competir con semejante intensidad narrativa. Y es que una relación cotidiana puede resultar aburrida al lado de una historia tan llamativa, a pesar de ser tan dolorosa.

Pero existe una diferencia esencial entre sentir curiosidad por un criminal, sentir fascinación por su historia y enamorarse de élLa hibristofilia se refiere a esa última dimensión cuando la atracción está vinculada a la conducta criminal. La literatura científica, sin embargo, aclara que el fenómeno es complejo y que no todos los casos pueden explicarse mediante una única categoría psicológica.

Y lo más difícil de entender de todo esto, quizá, es que el criminal puede terminar recibiendo más atención y afecto que las personas a las que hizo daño.


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