Cada 11 de junio
Los pasillos de una universidad guardan a veces historias que nunca llegaron a escribirse del todo. Fotografía: Wikimedia Commons (licencia libre). Puede que sea un sentimental sin remedio. Pero cada uno no puede dejar de ser lo que es. Hoy, once de junio, es su cumpleaños. No puedo olvidarlo; así son las cosas. La conocí hace más de veinte años en la universidad, en la facultad de Derecho de Valladolid, donde también se encontraba Filosofía y Letras. Ella quería ser abogada y yo estudiaba literatura. Tras cruzarnos muchas veces por los pasillos y mirarnos, una mañana —no sé cómo me atreví— me acerqué y hablamos. Era preciosa: pelo largo y moreno, ojos verdes, piel bronceada. Una verdadera princesa de oriente. A la tarde siguiente tomamos un café al terminar las clases. Las palabras fluyeron con naturalidad, sonreíamos sin forzarlo. Sentí que estaba ante alguien de alma muy pura, de corazón noble; aparte de que no dejábamos de sentir una fuerte atracción física. Pero había algo en el...