La delicadeza del cancionero tradicional
Esta tradición hunde sus raíces en las jarchas mozárabes del siglo XI y continuó viva durante toda la Edad Media, hasta ser recogida y recreada por autores cultos de los siglos XV, XVI y XVII, como Gil Vicente o Lope de Vega.
Buena parte de esta tradición poética quedó reunida en el Cancionero general de muchos y diversos autores, de Hernando del Castillo, impreso en Valencia en 1511, una de las obras fundamentales de la literatura española y considerado por muchos el primer gran éxito editorial de nuestras letras. Aunque no recoge las jarchas mozárabes —que serían descubiertas siglos después—, sí conserva una extraordinaria muestra de la poesía castellana de finales de la Edad Media y comienzos del Renacimiento: villancicos, canciones amorosas, poemas cortesanos y composiciones de raíz popular que es una de las tradiciones líricas más hermosas de nuestra literatura.
He aquí un ejemplo de esta literatura popular y anónima:
Ya cantan los gallos,
amor mío, y vete:
mira que amanece.
Vete, alma mía,
más tarde no esperes,
no descubra el día
los nuestros placeres.
Mira que los gallos,
según me parece,
dicen que amanece.
La riqueza de nuestra literatura es infinita.

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