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Stephen King: la importancia de tener a alguien al lado que crea en ti

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Stephen King, durante una visita a Hamburgo en 2013. Fotografía: Tussauds / Wikimedia Commons, CC BY-SA 2.5. Stephen King era muy pobre, tenía 3 hijos y vivía muy frustrado. "Carrie", su primera novela, fue rechazada en todas las editoriales. Decepcionado, tiró el manuscrito al cubo de basura de su estudio. “Se acabó”, dijo, y en vez de seguir escribiendo cuando terminaba de dar sus clases de inglés, decidió trabajar en una lavandería como segundo empleo. La historia de Carrie estuvo días en la basura. Cuando su esposa Tabitha entró a vaciar el cubo, encontró el manuscrito. Curiosa, lo leyó y le gustó mucho. Entonces dijo a Stephen que aquello no podía perderse y motivó a su esposo a que lo siguiera intentando. Después de unos meses, la pequeña editorial de un pueblito se interesó en publicar su libro. Fueron pocos ejemplares, pero se vendieron como pan recién hecho. Por eso, imprimieron más, y más, y luego planificaron una mejor distribución. Así, llegaron a vender millones...

Vivir sin saberse dañado

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HACE UNAS NOCHES, en el bar de siempre, sucedió algo que se salió de lo normal. Quizá os haya pasado. Nunca había visto a ese hombre por allí, nunca lo había visto en parte alguna. Cerca de los 50, alto, elegantemente vestido, atractivo, entró saludando con una sonrisa a todos los que estábamos allí, y pidió a la camarera un café y un vaso de agua con un armonioso y agradable tono lleno de simpatía. Era alguien diferente, emitía una luz especial, sin un mínimo signo de cansancio. Transmitía confianza, cercanía, y ausencia de miedo y prevención en sus ojos, en su semblante y en sus gestos. Era una de esas personas que, habiendo vivido y sufrido lo suyo, la sensación de pureza, de no haber sido corrompido ni decepcionado por el mundo ni por los demás, estaba intacta, increíblemente intacta. Una persona que parecía un ángel.  Después de un rato, en el que miró por encima el periódico, escuchó las conversaciones de los parroquianos sin intervenir en ninguna, acabó su café, pagó con una...