Hallan la ciudad perdida de Alejandro Magno que el Tigris escondió durante siglos
Moneda de Hyspaosines, gobernante de Characene, acuñada en Charax Spasinou hacia 126-125 a. C. Wikimedia Commons. Foto: Classical Numismatic Group. Licencia CC BY-SA 3.0.
Hallan la ciudad perdida de Alejandro Magno que el Tigris escondió durante siglos
Durante siglos permaneció bajo la tierra y los sedimentos del sur de Irak. Ahora, las nuevas investigaciones arqueológicas han permitido confirmar la ubicación de Alejandría del Tigris, una ciudad fundada por Alejandro Magno en el año 324 antes de Cristo y situada en el actual yacimiento de Jebel Khayyaber.
No se trata de una ciudad que nadie hubiera localizado hasta ahora. La historia de su redescubrimiento comenzó en la década de 1960, cuando el investigador británico John Hansman estudió fotografías aéreas de la Royal Air Force y observó en Jebel Khayyaber unas enormes estructuras defensivas que parecían coincidir con las descripciones antiguas de Alejandría del Tigris y de la posterior Charax Spasinou. Durante décadas, sin embargo, aquella identificación no pudo confirmarse de manera concluyente.
Ahora, un equipo internacional dirigido por el arqueólogo Stefan Hauser, de la Universidad de Constanza, ha podido estudiar el lugar mediante fotografía aérea, imágenes obtenidas con drones, prospecciones de superficie y técnicas geofísicas. Los resultados han revelado bajo el terreno el trazado de una auténtica metrópolis antigua.
Una ciudad fundada por Alejandro
Alejandro Magno llegó a Mesopotamia después de su larga campaña por Asia. Sus tropas habían llegado hasta el río Hífasis, en la India, donde los soldados se negaron a continuar avanzando hacia el este después de años de guerra y de encontrarse cada vez más lejos de sus hogares.
El rey macedonio emprendió entonces el regreso hacia Mesopotamia. En ese contexto, en el año 324 a. C., fundó una nueva ciudad en el entorno de la confluencia de los grandes cursos fluviales del sur de Mesopotamia.
El territorio estaba experimentando importantes transformaciones debido a la acumulación de sedimentos y a los cambios en los cursos de los ríos y Alejandro buscaba aprovechar la conexión entre las vías fluviales interiores y el comercio marítimo del golfo Pérsico. La nueva ciudad recibió el nombre de Alejandría del Tigris.
La intención era convertirla en un importante puerto comercial vinculado con Babilonia y con las rutas marítimas hacia la India y la península arábiga. Con el paso del tiempo, la ciudad se integró en una extensa red comercial que conectaba Mesopotamia con territorios de Asia mucho más alejados. Algunas investigaciones recientes señalan conexiones comerciales que alcanzaban hasta Asia Central y China.
La ciudad que cambió de nombre
La historia de Alejandría del Tigris tampoco terminó con Alejandro. La ciudad sufrió importantes inundaciones y fue destruida y reconstruida en diferentes momentos. En el año 166/165 a. C., durante el reinado del monarca seléucida Antíoco IV, fue reconstruida y recibió el nombre de Antioquia.
Posteriormente volvió a ser destruida por inundaciones y fue reconstruida bajo el gobierno de Hyspaosines, un gobernante local que acabaría convirtiendo la ciudad en la capital del reino de Characene. Fue entonces cuando adquirió el nombre por el que sería conocida en época posterior: Charax Spasinou, que se traduce como «la fortificación de Hyspaosines».
Durante siglos, aquel puerto tuvo una enorme importancia económica. Su posición permitía conectar las rutas marítimas del golfo Pérsico con las vías comerciales que penetraban hacia Mesopotamia y, desde allí, hacia otras regiones de Asia.
Una ciudad escondida bajo la tierra
Pese a que apenas quedan estructuras visibles en la superficie, el subsuelo conserva buena parte de la organización de aquella antigua ciudad. Las imágenes aéreas y las investigaciones arqueológicas han permitido identificar calles, barrios residenciales, grandes manzanas urbanas, estructuras defensivas, canales, zonas industriales y complejos monumentales. También se han localizado evidencias relacionadas con las instalaciones portuarias. Es decir, la ciudad estaba cuidadosamente planificada.
El trabajo geofísico ha sido importante. El geofísico Jörg Faßbinder utilizó un magnetómetro de cesio para detectar pequeñas alteraciones del campo magnético producidas por estructuras enterradas, y de esta manera ha sido posible localizar muros, edificios y otras construcciones sin necesidad de excavar cada metro del terreno.
Las investigaciones han mostrado así una ciudad de una extensión extraordinaria. Los trabajos recientes describen un área superior a los 6,5 kilómetros cuadrados, aunque las estimaciones pueden variar según se considere el conjunto del asentamiento o el recinto amurallado. Estudios anteriores habían calculado cinco kilómetros cuadrados para el espacio encerrado por las murallas.
El río que ayudó a crearla y la transformó
Los mismos procesos fluviales que favorecieron su prosperidad terminaron modificando el paisaje. Las inundaciones destruyeron la ciudad en diferentes momentos y los cursos de los ríos fueron cambiando. La sedimentación fue alterando el territorio y, con el tiempo, el Tigris se desplazó respecto al asentamiento y la pérdida de su conexión privilegiada con las vías navegables contribuyó al declive de Charax.
No sabemos, sin embargo, cuándo desapareció la ciudad ni podemos atribuir su final a una única causa. Su historia fue mucho más compleja: el asentamiento tuvo una existencia desde la época helenística hasta la Antigüedad tardía.
Alejandro Magno murió en Babilonia en el año 323 a. C., un año después de fundar Alejandría del Tigris. Su enorme imperio terminó fragmentándose entre sus generales. La ciudad, en cambio, continuó.
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