Kevin Keegan, adiós a una leyenda del fútbol inglés
Kevin Keegan, durante su etapa en el Liverpool a finales de los años setenta. Fotografía: Wikimedia Commons / ETH-Bibliothek Zürich. Licencia Creative Commons CC BY-SA 4.0.
Kevin Keegan, adiós a una leyenda del fútbol inglés
El exfutbolista y entrenador británico, fallecido el pasado lunes 20 de julio a los 75 años, deja tras de sí una trayectoria extraordinaria marcada por el talento, el carisma y una forma apasionada de entender el deporte. Ganador de dos Balones de Oro consecutivos (1978-1979), fue una de las grandes estrellas del fútbol europeo de los años setenta
«No importa lo pequeño que seas si tienes el corazón suficientemente grande». La frase, pronunciada en una ocasión por Kevin Keegan, resume bastante bien la personalidad de quien fue uno de los futbolistas ingleses más admirados del siglo XX. El exjugador y entrenador ha fallecido a los 75 años, dejando un legado imborrable en la historia del fútbol y del deporte.
Nacido el 14 de febrero de 1951 en Armthorpe, una pequeña localidad del condado de Yorkshire, Keegan no parecía destinado a convertirse en una leyenda. Medía apenas 1,73 metros y, durante su juventud, llegó a trabajar en una fábrica antes de dedicarse profesionalmente al fútbol. Sin embargo, su enorme determinación y una capacidad física extraordinaria lo llevaron a triunfar.
Su gran salto llegó en 1971, cuando fichó por el Liverpool. Allí comenzó una etapa dorada bajo las órdenes del mítico entrenador Bill Shankly. Con el conjunto inglés conquistó tres ligas, una Copa de Europa, dos Copas de la UEFA y otros títulos nacionales.
Shankly quedó fascinado por la energía del joven delantero y llegó a definirlo con una frase ya legendaria: «Kevin tiene el entusiasmo de un niño y el corazón de un león».
El inglés que enamoró a Alemania
En 1977, cuando estaba en la cima de su carrera, Keegan tomó una decisión poco habitual para la época: abandonar Inglaterra y las filas del Liverpool y fichar por el Hamburgo alemán. El traspaso —que costó 500.000 libras esterlinas, una cifra muy importante para aquellos años— sorprendió a la prensa británica, pero terminó consolidando su fama internacional.
En Alemania alcanzó algunos de sus mayores éxitos individuales. Ganó el Balón de Oro en 1978 y volvió a conquistar el prestigioso galardón en 1979, convirtiéndose en el primer futbolista inglés en obtenerlo en dos años consecutivos.
Aquellos años en Hamburgo también dejaron una de las imágenes más recordadas de su carrera: su característica melena morena y rizada, convertida en un símbolo de la época. En Alemania llegó a despertar una auténtica keeganmanía entre los aficionados.
Una carrera llena de éxitos
Tras su paso por el Hamburgo, Keegan regresó a Inglaterra para vestir la camiseta del Southampton y, posteriormente, la del Newcastle United, club con el que cerró su etapa como futbolista en 1984, en un partido en el que el equipo logró el ascenso a la Primera División inglesa.
Con la selección inglesa disputó 63 encuentros internacionales y marcó 21 goles. Aunque nunca pudo conquistar un gran torneo con su país, participó en la Eurocopa de 1980 y en el Mundial de España de 1982.
El entrenador que devolvió la ilusión
Tras colgar las botas, Keegan inició una nueva carrera como entrenador.
Su nombre quedó especialmente unido al Newcastle United, al que entrenó en dos etapas. La primera fue desde 1992 hasta enero de 1997, devolviendo al equipo a la élite del fútbol inglés. Bajo su dirección, el equipo ascendió a la Premier League y se convirtió en uno de los conjuntos más valientes y ofensivos, conocidos como The Entertainers. En las temporadas 1995-96 y 1996-97 terminó subcampeón de la liga, siempre por detrás del Manchester United, dirigido por Alex Ferguson, protagonizando una de las mayores rivalidades futbolísticas de la historia del fútbol de aquel país.
Después tuvo una segunda etapa a partir de enero de 2008, pero que acabó pronto, en septiembre de este mismo año, por desavenencias con la junta directiva.
Como entrenador también dirigió al Manchester City y a la selección inglesa. Aunque nunca alcanzó desde el banquillo el mismo éxito que había logrado como jugador, siguió siendo una figura muy respetada.
Todo un referente
Kevin Keegan pertenece a una generación irrepetible de jugadores que transformaron el fútbol europeo por su espíritu de aventura y por su condición romántica del deporte. Su entrega, su capacidad goleadora y su carácter apasionado lo convirtieron en un icono para millones de aficionados.
«Nunca jugué para hacerme famoso; jugué porque amaba el fútbol», afirmó en una ocasión. Quizá esta frase explique la grandeza de un hombre que, sin ser el más alto ni el más fuerte, logró convertirse en toda una leyenda.
Comentarios
Publicar un comentario
Siempre son bienvenidos y apreciados los comentarios que puedas dejar. Muchas gracias.