Los misteriosos “obeliscos” que viven en nuestra boca y nuestro estómago: el hallazgo que está sorprendiendo a la ciencia
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Los misteriosos “obeliscos” que viven en nuestra boca y nuestro estómago: el hallazgo que está sorprendiendo a la ciencia
En 2024, un equipo internacional de investigadores con participación valenciana anunció el descubrimiento de una nueva clase de entidades biológicas presentes en la boca y el intestino humanos. Bautizados como obeliscos, estos diminutos elementos genéticos son tan extraños que no encajan en ninguna de las categorías conocidas de microorganismos. El hallazgo, publicado en la revista científica Cell, ha abierto una nueva ventana al estudio del microbioma humano y plantea preguntas fascinantes sobre la evolución y la diversidad de la vida
Cada ser humano alberga billones de microorganismos. Bacterias, hongos, virus y otros seres microscópicos forman parte de lo que conocemos como microbioma, un ecosistema complejo que influye en la digestión, el sistema inmunitario e, incluso, en algunos aspectos de nuestra salud.
Sin embargo, cuando parecía que la ciencia había identificado buena parte de los habitantes de ese universo invisible, apareció algo inesperado.
En 2024, un equipo internacional de investigadores, con participación del Instituto de Biología Molecular y Celular de Plantas (IBMCP), centro mixto del CSIC y la Universitat Politècnica de València, identificó una nueva clase de entidades biológicas a las que bautizó como obeliscos. El descubrimiento fue publicado en la revista científica Cell y despertó el interés de la comunidad científica internacional. En este trabajo tuvo una destacada participación valenciana a través de los investigadores Marcos de la Peña y María José López-Galiano, ambos del IBMCP.
¿Qué son los obeliscos?
Aún no lo sabemos del todo. Los obeliscos son pequeñas moléculas circulares de ARN, mucho más simples que los virus conocidos. El ARN es una molécula fundamental para la vida, ya que participa en la transmisión y expresión de la información genética. Pero lo sorprendente es que estas estructuras parecen constituir una categoría biológica propia. No son bacterias, no son virus convencionales y tampoco son organismos celulares.
Su nombre procede de la forma que adopta su estructura genética cuando es analizada mediante herramientas informáticas: una figura alargada que recuerda a los antiguos obeliscos egipcios.
Un descubrimiento escondido a plena vista
Lo más llamativo es que los obeliscos no habitan en lugares exóticos ni inaccesibles: están dentro de nosotros. Los investigadores los detectaron al analizar enormes bases de datos genéticos procedentes de muestras humanas. Para su sorpresa, descubrieron que estas entidades aparecían con bastante frecuencia.
Se encontraron en aproximadamente la mitad de las muestras procedentes de la cavidad bucal y en el siete por ciento de las muestras intestinales analizadas. Es decir, millones de personas convivimos con ellos sin saberlo. Y, hasta 2024, la ciencia tampoco lo sabía.
Ni virus ni bacterias
Pero ¿son peligrosos? Por ahora, los científicos no tienen ninguna prueba de que provoquen enfermedades. Los obeliscos parecen estar asociados a determinadas bacterias que forman parte del microbioma humano, especialmente las de algunas presentes en la boca. Sin embargo, su función en nuestro organismo sigue siendo un misterio.
No se sabe si benefician a las bacterias que los albergan, si las perjudican o si simplemente mantienen una relación neutral. Como ocurre con muchos descubrimientos recientes, las preguntas superan todavía a las respuestas.
¿Es tan importante este hallazgo?
La importancia del descubrimiento va mucho más allá de los propios obeliscos. Lo relevante es que demuestra cuánto queda aún por conocer sobre la vida microscópica que habita en nuestro cuerpo y que nos rodea.
Y es que, a pesar de disponer de tecnologías capaces de secuenciar millones de fragmentos de ADN y ARN en pocas horas, los científicos seguían pasando por alto una forma de organización biológica completamente desconocida. Realmente, es muy llamativo.
Los investigadores llegaron a identificar cerca de 30.000 variantes diferentes distribuidas por todo el planeta, lo que sugiere que los obeliscos constituyen un grupo extraordinariamente diverso.
Una posible ventana al origen de la vida
El descubrimiento también ha despertado el interés de los especialistas en la evolución. Al estar formados por ARN, algunos investigadores consideran que podrían aportar pistas sobre procesos biológicos muy antiguos.
Existe una hipótesis conocida como el “mundo de ARN”, según la cual las primeras formas de vida habrían utilizado esta molécula antes de la aparición del ADN y de las proteínas complejas que hoy conocemos. Aunque todavía es demasiado pronto para establecer conclusiones firmes, los obeliscos podrían ayudar a comprender mejor algunos de los primeros capítulos de la historia de la vida en la Tierra.
La gran lección de los obeliscos
A menudo pensamos que los grandes descubrimientos científicos se producen en galaxias lejanas, en las profundidades oceánicas o en regiones inexploradas del planeta. Pero, como podemos comprobar, uno de los hallazgos más sorprendentes de 2024 se encontraba mucho más cerca: en nuestra boca y en nuestro intestino.
Así, los obeliscos nos recuerdan que el cuerpo humano sigue siendo un territorio desconocido. Quizá dentro de unos años sepamos si estos misteriosos huéspedes influyen en nuestra salud, participan en enfermedades o simplemente forman parte del complejo ecosistema que nos acompaña desde hace milenios.
Por ahora, lo único seguro es que la ciencia ha descubierto una nueva pieza del puzle de la vida. Y, como suele ocurrir con los grandes hallazgos, se generan nuevas preguntas.
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