Los lugares del viento (Crónica de la Castilla despoblada)
LOS LUGARES DEL VIENTO
La pasada tarde del domingo volví a comprobar esa extrañeza, ese estremecimiento difícil de nombrar. Perdido por caminos, llegué a Quintanilla de Trigueros, un pequeño pueblo —muy pequeño— al norte de Valladolid. El censo dice que no supera los 115 habitantes, y no dudo de que sea así.
Desde el instante en que entré, y mientras recorría sus pocas calles —deteniéndome un momento ante su hermosa iglesia románica—, la sensación de vacío fue absoluta. No me crucé con nadie. No se oía una radio, ni un televisor, ni el rumor habitual de la vida doméstica filtrándose por las ventanas. Tampoco pasó un coche. Solo mis pasos, que allí parecían ecos inquietantes.
Había algo en ese silencio que no era únicamente ausencia: como si el pueblo estuviera a la espera de algo que no llegaba nunca. Era la sensación de caminar en un lugar que se descubría por primera vez, un territorio intacto, lleno de pureza, detenido en el tiempo.
Al salir, al atardecer, el viento apareció de pronto. Y me fui pensando en esa forma de orfandad que atraviesa la llamada España vaciada, nuestra España vacía.
Ya en los caminos, mientras el pueblo lentamente fue quedando atrás, recordé mi novela El Alumno inquietante, que publiqué en 2021, y que intenta plasmar todas estas sensaciones en un pequeño pueblo de Castilla.
Pueblos de Castilla, donde reina el viento.
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