Almendros olvidados y la primavera
Esta tarde me esperaban en el campo, fieles a su cita, las flores de los almendros. De los viejos almendros al borde de los caminos, que nadie cuida y a los que nadie atiende, cuyos frutos amargos no se recogen, y que siempre me han despertado ternura y me regalan su ejemplo de resistencia. Llenáis, en estos momentos, el campo de color y de esperanza cuando el viento de la vida abandona su letargo. Como ángeles benefactores, celebro un año más vuestro anuncio de renacimiento: el pórtico alfombrado de la esperada primavera.


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