PUFA 2026 (Pucela Fantástica): Encuentro con el guionista Jorge Guerricaechevarría
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| El guionista Jorge Guerricaechevarría durante el encuentro. Fotos Alonso Curiel |
Jorge Guerricaechevarría:
“Intento no perder la posibilidad de hacer películas”
En el marco de la III edición del Festival Internacional de Cine Fantástico y de Terror de Valladolid, antes de recoger el PUFA de Honor por su trayectoria durante la gala de clausura del pasado sábado 11 de julio, el guionista participó en un encuentro con el público y la prensa en el auditorio FUNDOS Fórum, moderado por el director y productor vallisoletano Pedro del Río, donde habló de su trayectoria y desveló algunas claves de su manera de trabajar
“Yo quiero seguir teniendo esa sensación de conexión con el público”, pensó Jorge Guerricaechevarría (Avilés, 1965), uno de los guionistas más reconocidos del cine español contemporáneo, ganador de dos premios Goya a guion adaptado (Celda 211 y Las leyes de la frontera), en el estreno en Bilbao en 1990 del cortometraje Mirindas asesinas, su primer trabajo como escritor de guiones, en un festival dedicado a las bebidas gaseosas al que solo se presentó aquella película.
Aquel fue el inicio de una larga y exitosa trayectoria, no solo para él, sino también para su amigo el cineasta Álex de la Iglesia que, en un tándem inseparable, han creado juntos películas fundamentales de las últimas décadas del cine español.
A finales de los años 80, realizaba el doctorado en Historia Medieval en Madrid, recordó Guerricaechevarría, pero la enfermedad de su padre le hizo regresar a casa, a Bilbao, donde había pasado su infancia y adolescencia. A partir de ahí, influidos por el ejemplo de Enrique Urbizu, uno de sus amigos que había logrado rodar una película en Bilbao, algo poco habitual en la época, aprovecharon el decorado de un bar que De la Iglesia había construido como director artístico para otro cortometraje y realizaron Mirindas asesinas en pocos días, una historia de doce minutos rodada en blanco y negro.
Y lo hicieron, explicó, en un panorama en el que no existían apenas estudios reglados para aprender cine ni existía una tradición consolidada en efectos especiales. Su verdadera escuela fueron las cintas VHS y las películas de grandes maestros que emitía Televisión Española, una formación autodidacta que compartieron muchos de los cineastas españoles de su generación.
El verdadero impulso a sus carreras llegó poco después, cuando El Deseo, la productora de Pedro Almodóvar, aceptó producir el proyecto de su segundo cortometraje, ambientado en una nave espacial. Al principio les pidieron adaptarlo a “una serie de tres episodios”, aunque, finalmente, se convertiría en uno de los largometrajes más originales producidos en España, mezclando comedia negra y ciencia ficción. Acción mutante, estrenada en 1993, convertida ya en una película de culto, contribuyó a ampliar los horizontes del cine español, en un momento, aseguró Guerricaechevarría, en el que solo se realizaba “cine de autor, adaptaciones literarias o comedias de un trío y un sofá”.
“De la locura” también nació el segundo largometraje. La idea original de El día de la bestia, filme referente de los años 90, surgió a partir de los Manuscritos del mar Muerto, de su vida en Madrid y del recuerdo de un sacerdote jesuita experto en Plotino, que siempre iba con “una boina negra”, que impartió clases a Álex, desveló el guionista.
Aunque encontrar productor no fue sencillo. El Deseo no aceptó el proyecto y, tras numerosas visitas a otras productoras, Andrés Vicente Gómez acabó interesándose por esta historia que Álex de la Iglesia resumió al productor como “el exorcista en Burgos”.
La definición con la que presentó el proyecto describe bien las claves del cine que ha desarrollado durante tantos años, cuyos guiones ha coescrito con Guerricaechevarría. El “aspecto castizo”, con claros referentes a Azcona y Berlanga para reflejar “lo que había en España”, es esencial en un cine que, además, reivindica la acción, la imaginación y la combinación de géneros.
A partir de los años 2000, también ha trabajado para cineastas como Almodóvar (Carne trémula), Daniel Monzón (Celda 211, El niño), Paco Plaza (Quien a hierro mata, Hermana muerte), Óscar Aibar (Platillos volantes) o Daniel Calparsoro (Cien años de perdón, Hasta el cielo). Y con cada uno de ellos –explicó– la manera de trabajar es diferente. “Intento ir a favor de los gustos del director”, aunque lo más importante es crear con ellos “una buena conexión”. También señaló que aborda siempre cada trabajo mezclando drama y humor y que en ellos suelen aparecer “los mismos elementos”, como su atracción por “mundos comprimidos”, personajes encerrados en un lugar o en alguna situación “donde las tensiones salen a la luz”.
También reflexionó sobre su trabajo como guionista en series de televisión o para plataformas, como 1992, 30 monedas o Clanes. Un formato del que aseguró disfrutar, y en el que “es más fácil” conseguir trabajo y se gana “más dinero”, ya que las plataformas y el público las prefieren. Sin embargo, aseguró no desechar nunca la oportunidad “de hacer películas”.
Una apuesta clara por el cine, ámbito en el que nunca ha sentido la necesidad, “esa pulsión”, por ponerse detrás de la cámara para dirigir sus propias historias. “No tengo las cualidades que hacen falta”, aunque también admitió sentirse afortunado de que los directores siempre hayan respetado su trabajo, sin desvirtuar sus guiones.




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