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Mostrando las entradas etiquetadas como Vocación literaria

Escribir o ser escritor

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Giuseppe Tomasi di Lampedusa, autor de El Gatopardo , escribió su única novela cuando ya había cumplido los cincuenta años y no llegó a verla publicada en vida. Fotografía: Davide Mauro / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0. Escribir o ser escritor Giuseppe Tomasi di Lampedusa tardó muchos años, casi toda su vida, en escribir la que sería su única novela: El Gatopardo . Cuando terminó, intentó publicarla, pero ninguna editorial quiso hacerlo. Desesperado y enfermo, murió poco después sin poder ver en las librerías el gran sueño de su vida. Un año más tarde, la editorial Feltrinelli, una de las más importantes de Italia, la publicó y, en poco tiempo, se alcanzaron casi sesenta ediciones. La pregunta, entonces, para alguien que quiere dedicarse a escribir es: ¿Quieres escribir o ser escritor? ¿Qué crees que era Lampedusa? De todas maneras, cualquiera de las dos respuestas es respetable: hay que vivir la literatura de la forma que cada uno desee.

12 de julio: Un lindo aniversario

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               12 de julio: Un lindo aniversario  Un 12 de julio de 1993, hace treinta y tres años, ocurrió algo que nunca podré olvidar. Tenía 17 años, y ese día decidí que mi camino iba a ser convertirme en escritor. No podré olvidar aquella tarde, en aquella habitación ya rodeada de bastantes libros, de aquella casa en la que vivimos algunos años en Valladolid, en la que me dije a mí mismo que todo este asunto me lo iba a tomar muy en serio porque no me imaginaba mi futuro sin la creación literaria y sin todo lo que tuviera que ver con ella. Pero no solo con la literatura: también incluí el cine, más desde su vertiente escrita que desde la realización cinematográfica. Ese 12 de julio de 1993 nació un escritor, o al menos el intento de convertirse en uno. En estos treinta y tres largos años ha habido de todo. Miles de horas de lectura, millones de papeles emborronados que fueron a la papelera, diferentes trabajos, muchas personas que he con...

Los Estrechos Senderos de la Normalidad (Sobre por qué alguien quiere ser escritor)

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                   Los Estrechos Senderos de la Normalidad                                                  Por Jorge Alonso Curiel     Es un misterio. Todo un misterio. Quizá , quién sabe, se trate de un desequilibrio que explique un acto que no camina por los senderos de la normalidad ( l a normalidad, ese otro gran enigma, ¿qué es la normalidad? ).   El misterio al que me refiero es al motivo por el cual una persona –un adolescente , un joven , un individuo maduro o hasta un anciano– , existiendo tantas cosas más atractivas por hacer , decide encerrarse en una habitación y entregar su vida a la creación literaria, a no dejar ya nunca de comprar unas hojas de papel o ...

Madrugada de radio (escritores por las ondas)

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                                Madrugada de radio            (Escritores por las ondas)                              Por  Jorge Alonso Curiel Anoche, en la oscuridad, mientras llegaba el rumor apacible de la lluvia por la ventana abierta, escuché en la radio, en un espacio de literatura, algo que hizo más agradable la madrugada. Una correctora profesional contaba una experiencia que había tenido hacía  unas semanas con un joven autor. El chico le había mandado su primera obra, una novela larga de casi 800 páginas escrita durante más de cinco años, para que la hiciera una corrección ortográfica y de estilo. Muy pronto ella se enganchó a esa historia que mezclaba distintos géneros, y que sorprendentemente era demasiado madura para ser una primera obra. Le dijo al chico que apenas le había co...

Los Muchachos del Café. Artículo sobre los cafés literarios y los inicios de la andadura literaria

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                  Los Muchachos del Café                            Por Jorge Alonso Curiel     Ocurrió durante la última Navidad. Entré en un café del centro para entrar en calor y terminé encontrándome con algo inesperado: cuatro jóvenes que me devolvieron, sin saberlo, la razón por la que empecé a escribir. Ocurrió durante esta pasada Navidad. Esa tarde paseaba por el centro de la ciudad, solo, bien abrigado con guantes, bufanda y gorra. Disfrutaba del espectáculo iluminado de las calles y miraba a la gente haciendo compras de un lado para otro, en un devenir casi frenético. No me gusta la Navidad, ni el frío, cada vez lo soporto menos, pero este ambiente tan entrañable no deja de tener su magia y su encanto; sobre todo por contemplar las sonrisas y las caras de los niños que parece que son los únicos que creen ya en el poder de estos días y los disfrutan con t...