Los patitos de goma amarillos




Qué cosas tiene la mente. Qué misteriosa.

Esta pasada noche he soñado con algo que nunca hubiera esperado hacerlo.

Recuerdo que en 1992, ese año tan inolvidable para España por muchas razones, me llamó mucho la atención una noticia que apareció por aquellos días y que provocó en el adolescente que yo era una sensación llena de sorpresa como de ternura.

Un barco en aguas británicas tuvo un problema por una tormenta y soltó al mar la carga que transportaba. No os preocupéis, no se trataba de petróleo ni de ningún líquido contaminante... solo fueron 29000 patitos de goma amarillos que llevaba a alguna parte para hacer felices a muchas personas en sus ratos en la bañera o en cualquier otro lugar.

Recuerdo leer la noticia en varios periódicos, y hasta ver en televisión algunas imágenes de aquel comando inmenso y amarillo, perdido y desorientado, en medio del mar, y en los ojos de cada patito el miedo y la inquietud de no saber qué había ocurrido y de no conocer qué iba a ser de ellos. 

Y es que ya los patitos de goma han pasado de moda, porque apenas hay bañeras en las casas por nuestro ritmo de vida acelerado que prefiere una ducha rápida, la falta de espacio y por ahorrar agua, que tampoco está nada mal. Así nos hemos olvidado también de esos momentos de bañera, un tiempo en el que olvidábamos el reloj, que se convertían en auténticos ratos relajantes, hasta meditativos, con la radio puesta de fondo (o incluso algunos con el televisor), mientras disfrutábamos en soledad del perfume de las sales de baño y nos frotabamos la piel sin urgencia con caricias de suaves esponjas. Aquellos baños eran para muchos los momentos más esperados del día, o de la semana. Y ahí siempre nos acompañaban los patitos, flotando a nuestro lado, o encima de nuestra barriguita, o jugando con ellos empujándolos de un lado a otro. Y ya sin hablar de la importancia que tenían en los baños de los más pequeños: si no hubiera sido por la promesa de poder jugar con estos juguetes tan graciosos (porque se les puede llamar juguetes, ¿no?) algunos padres jamás hubiesen metido a sus hijitos en una bañera.

Bueno, pues como decía, la mente no deja de sorprendernos, es una caja llena de enigmas, y esta noche, en esta iniciada primavera, he soñado con aquella noticia, y con aquel escuadrón de patitos ansiosos, soltados en medio del océano, sin saber dónde ir. He soñado con aquellas imágenes como si aquel accidente hubiera ocurrido esta misma semana causándome sorpresa y mucha, mucha ternura. 

¿Por qué he soñado con ellos? ¿Me ha advertido de algún asunto importante? Quién sabe. ¿Quizá me haya recomendado volver a darme baños interminables al acabar el día, mano de santo para el estrés y la ansiedad que nos caracterizan, acompañado de un patito amarillo de goma? ¿O que no olvide aquellos tiempos en los que todos teníamos uno presidiendo el servicio, cuando la vida no se movía en una espiral vertiginosa, histérica y casi infernal que nos permitía jugar? 

Quisiera volver a tener esta próxima noche el mismo sueño. Y rescatar, extendiendo mi brazo en el ancho mar, porque todo es posible en el mundo de los sueños, a alguno de estos patitos de goma para salvarlo de su inquietud. Si esta madrugada, por casualidad, quién sabe, también soñáis con ellos, no dudéis en hacer lo mismo.

Comentarios

Artículos más populares

Bases IV Certamen Internacional de Microrrelato 'Jorge Alonso Curiel' 2025

Tramo Señalizado. Entrevista a Rosa Palo: Una Columnista entrañable

Microrrelatos ganadores del II Certamen Internacional de Microrrelato 'Jorge Alonso Curiel' 2023

Microrrelatos ganadores del I Certamen Internacional de Microrrelato 'Jorge Alonso Curiel' 2022

El cine Vistarama y la vida de repuesto

Crítica de "La Reina del Porno": La apasionante vida de Chelly Wilson