Recuerdos del silencio
PARA LOS QUE VIVIMOS EN LA CIUDAD, ESCUCHAR EL SILENCIO, el auténtico silencio al que no estamos acostumbrados, es una utopía. Pero, a veces, no sé cómo, sin explicación, aparece. Algunas ocasiones, en la madrugada, abres la ventana o sales al balcón o aparcas el coche en alguna avenida solitaria y no llega hasta ti el ruido de ningún vehículo, ni los pasos apresurados de alguien que vuelve a su apartamento, ni los gritos de un grupo de jóvenes. Ni por escucharse se escucha el rodar de una lata vacía arrastrada por el viento. Esto me hace recordar, irremediablemente, a las noches de verano de mi infancia y adolescencia en el pueblo de mis abuelos donde pasaba las vacaciones. Me acuerdo que, tumbado bocarriba y a oscuras en la cama, mirando el tenue reflejo de la farola encendida de la calle en el techo de la habitación, me sorprendía escuchar aquella ausencia del más mínimo sonido, tan extraño para los que éramos de ciudad. Y me inquietaba, hasta tal punto que a veces llegaba a a...