50 años de la muerte de Howard Hughes: el multimillonario que quiso tocar el cielo y terminó escondiéndose del mundo
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Medio siglo después de su muerte, la figura de Howard Hughes sigue fascinando porque en ella conviven el genio, la extravagancia, la ambición desmedida y una profunda fragilidad humana. Fue productor de Hollywood, magnate de la aviación, seductor compulsivo, inventor, excéntrico y, en sus últimos años, un hombre devorado por sus miedos. Su vida parece escrita por un novelista, pero ocurrió de verdad
Cuando murió el 5 de abril de 1976, muchos estadounidenses sintieron que desaparecía el último gran personaje de una época irrepetible. Howard Hughes había vivido como un mito moderno: inmensamente rico, obsesivamente perfeccionista y completamente incapaz de llevar una vida normal. Cincuenta años después, su historia continúa provocando la misma mezcla de admiración y tristeza.
Nació en 1905 en Houston, en el seno de una familia acomodada gracias a la empresa de herramientas petrolíferas fundada por su padre. La muerte temprana de sus progenitores le dejó una fortuna gigantesca siendo apenas un adolescente. Muchos habrían vivido cómodamente con aquel dinero, pero Hughes no; él quería conquistar el mundo.
Y durante un tiempo pareció conseguirlo.
Hollywood, mujeres y ambición
Desde joven desarrolló una fascinación enfermiza por las máquinas, especialmente por los aviones. Era capaz de desmontar objetos durante horas para entender cómo funcionaban. También tenía una obsesión casi infantil por superar cualquier límite; no le bastaba con participar, necesitaba ser el mejor, el más rápido, el más audaz.
Esta obsesión le llevó a Hollywood.
En los años veinte aterrizó en Los Angeles dispuesto a convertirse en productor cinematográfico. Gastó cantidades absurdas de dinero en películas gigantescas, especialmente en Hell's Angels, un ambicioso filme bélico sobre aviadores de la Primera Guerra Mundial que tardó años en acabarse y arruinó la paciencia de medio Hollywood. Hughes quería realismo absoluto: pilotos reales, accidentes de verdad y escenas aéreas nunca vistas. La película fue un éxito y convirtió a Hughes en una celebridad nacional.
Pero Hollywood también alimentó otra de sus grandes pasiones: las mujeres. La lista de romances atribuidos a Hughes parece un desfile de estrellas de la época dorada del cine. Se le relacionó con Katharine Hepburn, Ava Gardner, Rita Hayworth, Bette Davis y Jean Harlow, entre muchas otras. Su fama de conquistador era legendaria.
Sin embargo, quienes le conocieron bien describían a un hombre inseguro, tímido y emocionalmente inestable. Hughes no era el típico playboy despreocupado. Era celoso, imprevisible y profundamente controlador y contradictorio.
Katharine Hepburn fue el gran amor de su vida. La actriz veía detrás del magnate excéntrico a un hombre vulnerable y brillante. Además, compartían la pasión por la aventura y la independencia, pero Hughes nunca supo vivir una relación tranquila con la actriz; su obsesión por el control acabó desgastando la relación.
El hombre que revolucionó la aviación
Mientras triunfaba en Hollywood, también revolucionaba la aviación. No se conformó con financiar aviones: quería pilotarlos él mismo. Y era extraordinariamente bueno haciéndolo. En los años treinta y cuarenta batió récords de velocidad y distancia, convirtiéndose en uno de los aviadores más famosos del planeta. En 1938 dio la vuelta al mundo en apenas unos días, algo impensable entonces. Esto reforzó su imagen pública de héroe moderno.
Pero también sufrió graves accidentes a bordo del avión que casi acabaron con su vida. En 1946 se estrelló con un prototipo militar que él mismo pilotaba. Las heridas fueron gravísimas: fracturas, quemaduras, daños internos y dolores crónicos que le condicionaron el resto de su existencia. Muchos historiadores creen que aquel accidente aceleró el deterioro psicológico que ya comenzaba a manifestarse.
Las obsesiones que destruyeron al genio
Porque detrás del multimillonario brillante empezaba a crecer otro Howard Hughes. Uno dominado por las obsesiones.
Hoy probablemente se diagnosticaría como un severo trastorno obsesivo-compulsivo. Y es que Hughes desarrolló un miedo extremo a los gérmenes y a la contaminación. Podía pasar horas lavándose las manos o redactando instrucciones absurdamente detalladas para que sus empleados tocaran objetos “sin contaminarlos”. Exigía que las latas fueran abiertas de determinada manera y envolvía utensilios en capas de papel para evitar cualquier contacto.
Con el tiempo, sus manías se volvieron aterradoras. Se encerraba durante meses en habitaciones oscuras de hoteles, completamente aislado. Apenas dormía. Veía películas una y otra vez y se alimentaba mal. Su aspecto físico se deterioró hasta resultar irreconocible: extremadamente delgado, uñas larguísimas, cabello descuidado y una dependencia creciente de medicamentos para el dolor. El hombre más rico y poderoso de América vivía como un fantasma.
El imperio empresarial y el “Spruce Goose”
Pero aun así seguía haciendo negocios gigantescos. Controlaba compañías aéreas, hoteles, casinos y empresas tecnológicas. Compró Trans World Airlines y convirtió la compañía en una referencia mundial. También invirtió fortunas en proyectos aeronáuticos descomunales, incluido el famoso “Spruce Goose”, un enorme hidroavión de madera que muchos consideraban una locura. Hughes era capaz de tener intuiciones visionarias y, al mismo tiempo, perderse en obsesiones incomprensibles. Podía negociar millones por la mañana y pasar la tarde estudiando la posición exacta de unas cajas de pañuelos.
En sus últimos años desapareció prácticamente de la vida pública. Se movía entre hoteles de lujo en Las Vegas, Acapulco o las Bahamas rodeado de asistentes y guardaespaldas. Su paranoia era tal que apenas permitía que nadie le viera.
Cuando murió en 1976, con tan solo 70 años, en pleno vuelo hacia Houston, estaba tan deteriorado físicamente que las autoridades tardaron en identificar oficialmente el cadáver.
Howard Hughes en el cine
La historia de Howard Hughes sigue fascinando porque resume como pocas el lado luminoso y oscuro del sueño americano. Fue un pionero del cine y de la aviación, un hombre adelantado a su tiempo y un innovador incansable. Pero también una víctima de sí mismo, de sus obsesiones y de una soledad inmensa que ni todo el dinero del mundo pudo aliviar. Quizá por eso continúa siendo tan magnético: porque detrás del multimillonario excéntrico había algo profundamente humano: el miedo, la fragilidad y la imposibilidad de encontrar paz incluso cuando aparentemente se tiene todo.
Su figura ha seguido inspirando libros, documentales y películas décadas después de su muerte. La más conocida es The Aviator —titulada en España El aviador— dirigida por Martin Scorsese y protagonizada por Leonardo DiCaprio. La película retrató con enorme intensidad tanto su genio empresarial como el avance devastador de sus trastornos obsesivos, acercando su historia a nuevas generaciones.
Algunas películas producidas por Howard Hughes
- Swell Hogan (1926)
- Dos caballeros árabes (1927)
- Los ángeles del infierno (1930)
- Primera plana (1931)
- Scarface, el terror del hampa (1932)
- El forajido (1943)
- La mujer de su vida (1951)
- La redada (1951)
- Macao (1952)
- Jet Pilot (1957)
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