Muere el periodista Fernando Ónega, la voz que escribió la Transición
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Muere el periodista español Fernando Ónega, la voz que escribió la Transición
El periodista gallego fallece en Madrid a los 78 años tras una vida dedicada a contar, interpretar y dar sentido a la historia reciente de España. Su firma y su voz acompañaron a varias generaciones de oyentes y lectores
Probablemente, la muerte de Fernando Ónega a los 78 años cierra una etapa del periodismo español: la de quienes vivieron la Transición como protagonistas discretos de la trastienda política.
Durante décadas, su voz fue una presencia habitual en la radio española, buscando el matiz cuando otros preferían el titular rotundo. Tenía una manera pausada de hablar, una cadencia que invitaba a escuchar y a pensar. En tiempos de aceleración permanente, su tono era casi un refugio.
Fernando Ónega nació en 1947 en Mosteiro, una parroquia del municipio lucense de Pol. Aquella Galicia rural de posguerra marcó su carácter: sobriedad, fina ironía, prudencia. Nunca perdió ese poso gallego, ni siquiera cuando su carrera lo llevó al centro del poder político en Madrid.
Su nombre quedó ligado para siempre a la Transición democrática. Fue director de prensa de la Presidencia del Gobierno con Adolfo Suárez, en uno de los momentos más delicados y esperanzadores de la historia reciente de España. A él se le atribuye la redacción de la célebre frase “Puedo prometer y prometo”, pronunciada por Suárez en campaña electoral y convertida en símbolo de una época. Aquellas palabras condensaban la voluntad de generar confianza en medio de la incertidumbre. Y también reflejaban algo del propio Ónega: la convicción de que la política debía hablar de manera clara y sencilla para todos.
Pero su trayectoria no se limita a ese episodio histórico. Ónega fue un periodista de largo recorrido, de larga trayectoria. Pasó por redacciones, estudios de radio y platós de televisión. Trabajó en medios como Cadena SER, COPE y Onda Cero, entre otros, ocupando responsabilidades directivas y firmando análisis que se convirtieron en referencia.
Su estilo nunca fue estridente. No necesitaba elevar la voz para hacerse escuchar. Prefería la explicación al enfrentamiento, el contexto a la consigna. Supo narrar momentos clave —el intento de golpe de Estado del 23-F, las mayorías absolutas, las alternancias políticas, las crisis económicas— con la serenidad de quien entiende que la historia se escribe con decisiones humanas, complejas y contradictorias.
Ónega pertenecía a una generación que entendía el periodismo como un compromiso con la sociedad. Creía en la responsabilidad de la palabra. Sabía que un comentario en antena podía influir, orientar, incluso calmar. Por eso medía cada frase y huía del exceso. En un ecosistema mediático cada vez más ruidoso, su figura representaba una forma de hacer periodismo basada en la experiencia, la memoria y el respeto por los hechos.
Además de su trabajo en radio y televisión, cultivó la columna escrita con una prosa clara y directa. Le gustaba ordenar la actualidad, buscar el hilo conductor de la jornada política, explicar qué había detrás de una decisión o de un gesto. No se conformaba con el qué; siempre intentaba llegar al porqué.
Gallego de raíz, mantuvo siempre un vínculo emocional con su tierra. Quienes lo conocieron destacan su educación, su trato cordial y una ironía discreta que aparecía en el momento justo. Recibió premios y reconocimientos a lo largo de su carrera, pero su mayor patrimonio fue la credibilidad construida día a día ante los espectadores.
También deja una herencia familiar ligada al periodismo. Sus hijas han desarrollado carreras en los medios de comunicación, prolongando de algún modo esa tradición de contar la realidad desde distintos formatos y generaciones.
Con la muerte de Fernando Ónega se va uno de los grandes narradores de la España democrática. Un testigo privilegiado que supo estar cerca del poder sin perder la mirada crítica, que entendió la política como un ejercicio humano antes que partidista y que defendió la claridad frente a la confusión. Descanse en paz.
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