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Mostrando las entradas etiquetadas como relatos

Más de un kilómetro por un libro

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Estas cosas tiene estar embrujado, abducido, por la literatura.  Ayer por la noche, después de estar buscando durante más de media hora bajo la lluvia un aparcamiento, al fin pude dejar el coche en el único sitio libre que encontré a más de un kilómetro de casa. Pasaban unos minutos de las doce, y lo único que quería era entrar en casa para descansar después de un día atareado y estresante.  Cuando llegué, empapado porque no había cogido el paraguas, me lavé, me puse ropa cómoda y cené todo lo que encontré; estaba bien hambriento.  El caso es que cuando me iba a meter a la cama, me di cuenta de que me había olvidado en el coche el libro que había comprado aquella tarde y que tantas ganas tenía de leer. Ya lo buscaría mañana, pensé. Así que con esa idea, inocente de mí, me recosté.  No tardé ni cinco minutos en volverme a vestir con la primera ropa que encontré, sin olvidar la gorra que me protegiera de la lluvia, y salí por la puerta apresuradamente, ansioso, hacia e...

Encuentro en el parque

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Ayer por la tarde, en un banco del parque, me encontré un tesoro. Alguien dejó una edición muy pequeñita con algunos de los relatos de "El Llano en llamas", de Juan Rulfo. Tengo varias ediciones de estos cuentos, y también de "Pedro Páramo", pero no dudé y lo metí en el bolsillo tan contento como quien encuentra un billete de 50 euros en una acera cuando no tiene ni para comer.  Pero este hallazgo también lo tomé como toda una señal: que no esperara al mes de agosto para releer "El Llano en llamas", como hago cada año como un ritual insalvable, y que me volviera a adentrar en sus páginas hoy mismo.  Y así lo haré. Estos días regresaré al mundo tan reconocible e inolvidable de Rulfo. A sus tierras áridas, llenas de soledad y pasado, donde el viento trae tantas voces inquietantes.

"El Calor de los Balcones", un relato veraniego

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      El Calor de los balcones       Por Jorge Alonso Curiel       Fue en aquel verano de finales de los noventa, treinta años los dos recién cumplidos, cuando la literatura nos ayudó por primera vez. Desde entonces, no nos hemos separado.   Había llegado hacía quince días a aquel apartamento barato de aquel barrio obrero, tras huir de un piso de alquiler del centro de la ciudad para no pagar los tres meses que debía a la anciana casera. Llevaba un par de meses sin trabajo, y el poco dinero que tenía me llegaba para hacer frente a los dos meses de fianza del nuevo piso y para sobrevivir hasta pasado el verano. De todas maneras, comía poco, no necesitaba ropa nueva, y mi único lujo era una botella de güisqui barato que acababa en menos de una semana.   A partir de septiembre buscaría trabajo y volvería a tener dinero como una persona de bien. Mientras, durante los meses veran...

"Demasiado lejos" (Relato autobiográfico de otoño)

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                                      Por  Jorge Alonso Curiel   Hay momentos vividos que parecen no tener una especial importancia, sin una presunta relevancia como tienen otros, pero que no sabemos por qué no se olvidan y se mantienen clavados para siempre en nuestra memoria. O quizá verdaderamente la tengan, pero no lo sabemos reconocer, o no queremos. Uno de estos me ocurrió a principios de este nuevo siglo, bien entrado el otoño de 2001 o 2002. Detuve el coche al atardecer, en el aparcamiento de aquel camping situado al lado de la autovía, en el que solo se encontraba otro coche. Hacía frío, pero aún era soportable. No recuerdo de dónde venía, pero sé que regresaba a Valladolid. Miré a través de las rejas y dentro ya no vi caravanas, ni coches, ni tiendas de campaña, ni ningún turista. No había mujeres en bikini, niños corriendo. Ya el neón de aquel camping lucía solo para quien...

"Pueblos". Relato rocambolesco sobre la despoblación

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                          Pueblos               (Relato rocambolesco                sobre la despoblación)                                                        Por Jorge Alonso Curiel Lo pude comprobar el pasado fin de semana. Yo soy un tipo muy urbano, un urbanita marcado a fuego, mi lugar natural –y que sea por mucho tiempo– es mi ciudad de Madrid. A mí que no me saquen de la capital, porque ni quiero ni me muevo bien fuera de esta urbe. El campo me es algo muy desconocido, y las veces que he estado en él en mis casi 35 años de vida, me han salido hasta sarpullidos, no he sabido moverme allí. Pero a lo que iba. El fin de semana pasado pude comprobar por mí mismo eso que llaman el despoblamiento de las zonas...