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Niels Ryberg Finsen: el hombre que quiso curar con la luz

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Niels Ryberg Finsen (1860-1904), pionero de la fototerapia y Premio Nobel de Medicina en 1903. Fotografía: Wellcome Library, London / Wikimedia Commons, CC BY 4.0. Niels Ryberg Finsen: el hombre que quiso curar con luz En una época en la que la medicina buscaba sus respuestas en jarabes extraños, cirugías brutales y teorías todavía en construcción, un médico danés se atrevió a una idea casi herética: que la luz —algo tan cotidiano como el sol de cada día— podía convertirse en una herramienta capaz de curar. Aquel hombre era  Niels Ryberg Finsen  (1860–1904), nacido en Tórshavn, Islas Feroe , y fallecido en Copenhague, Dinamarca . Su empeño por demostrarlo lo llevó a enfrentarse al escepticismo de sus colegas, a la incomprensión de su tiempo y, finalmente, a inaugurar un campo entero de la medicina: la fototerapia moderna . Un héroe con  una idea simple y radical a la vez:   la luz po día ser medicina . A finales del siglo XIX, una de las enfermedades más desfig...

ESTA NOCHE PUDE SENTIRLO

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                                           ESTA NOCHE PUDE SENTIRLO                                                                     Por  Jorge Alonso Curiel Limpia, pura y renovadora es la sensación que nos embriaga y nos alimenta cuando contemplamos el amanecer en medio del campo o desde algún rincón apartado de la ciudad.  No dejamos de sorprendernos ante el asombroso paso paulatino de las sombras hacia la luz, y cómo toda esa corriente que parece arrastrada por el agua más clara culmina en el nuevo día, en la derrota de las tinieblas. Pero hay un momento en ese camino, en esa transición perfecta, en el que el mundo se nos muestra con la pureza y el silencio más primigenios, con la desmemoria y p...

"Tesoro". Poema de la luz primigenia de enero: Recuerdos de un convaleciente

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                              Foto Alonso Curiel  Tesoro Por  Jorge Alonso Curiel   Aquella tarde se convirtió en un tesoro. Hay momentos que no se convierten en víctimas, tablas de salvación en el mar embravecido, del océano de desdichas y desganas de nuestros corazones. Cada uno tiene las suyas, brillantes sendas que  nos acarician por las que huir cuando nos sorprende el perro rabioso de la desolación. Tesoros a los que regresamos cada noche en la calma del hogar, en el rincón más sosegado, para embriagarnos con el brillo que nos reconcilia  con la existencia,  a los que volvemos cuando la mano del desencanto crea nuestra sombra. Vuelve aquella luz radiante de finales de enero en la ciudad, de aquella tarde de abrigo y bufanda.  Las personas pasean despacio y se detienen, ojos cerrados, sonrisas en sus bocas que olvidan las quejas del invierno, y reciben aquella luz que parec...