Hallazgo de una pieza clave entre los restos: Adamuz sigue buscando respuestas
Última hora Accidente Ferroviario en Adamuz
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| Trabajos de retirada este miércoles de los trenes accidentados. Foto Ana Beltrán (REUTERS) |
Desde la tarde del 18 de enero, cuando dos trenes de pasajeros colisionaron de forma brutal en Adamuz (Córdoba), España entera sigue pendiente de cada novedad, de cada avance en la investigación y, sobre todo, de las historias humanas que emergen entre los restos retorcidos del metal de este accidente que se ha convertido en una de las mayores tragedias ferroviarias de la historia reciente de España.
Un fallo inesperado en una vía “segura”
Todo comenzó cuando un tren de alta velocidad de la compañía Iryo, que cubría el trayecto Málaga–Madrid, descarriló en un tramo recto de la vía, algo poco habitual y especialmente inquietante porque se trata de una zona que había sido renovada recientemente.
Ese descarrilamiento provocó que varios vagones invadieran el carril contrario justo cuando circulaba un tren Alvia de Renfe, que viajaba de Madrid a Huelva. El impacto fue inevitable. En cuestión de segundos, ambos trenes colisionaron con enorme violencia, dejando vagones volcados por un terraplén y otros completamente destrozados.
Un balance que no deja de doler
Con el paso de los días, el balance humano ha ido aumentando. Ya se han confirmado 43 personas fallecidas, tras el hallazgo de un nuevo cuerpo entre los restos del accidente. A esta cifra se suman decenas de heridos, algunos de ellos en estado grave, que permanecen ingresados en hospitales de Córdoba y otras provincias.
Las labores de rescate y recuperación continúan siendo complejas. El terreno es irregular, las estructuras están severamente deformadas y cada intervención se realiza con extremo cuidado para no comprometer pruebas esenciales para la investigación.
La investigación avanza, pero sin conclusiones definitivas
La Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios trabaja ahora con nuevos elementos sobre la mesa. En la zona del descarrilamiento se han detectado marcas anómalas en ruedas y carriles, lo que refuerza la hipótesis de un posible problema en la infraestructura.
El reciente hallazgo de esa pieza metálica de grandes dimensiones, desplazada cientos de metros desde el punto del impacto, podría resultar determinante para entender cómo se produjo el descarrilamiento inicial. Aun así, los expertos insisten en que será necesario un análisis largo y detallado antes de señalar responsabilidades.
También se ha conocido, y según ha detallado en rueda de prensa Ángel García de la Bandera, director de tráfico del Administrador de Infraestructuras Ferroviarias (Adif), el choque entre ambos convoyes se produjo a las 19 horas, 43 minutos y 45 segundos de aquel día, con una margen de error de cinco segundos, lo que quiere decir que el accidente ocurrió 1 minuto y 17 segundos después de que maquinista del Iryo se pusiera por primera vez en contacto telefónico con el centro de mando de Adif en la estación madrileña de Atocha para informar de que había detenido el tren tras haber notado que este había sufrido lo que definió como “un enganchón”, un problema de suministro energético.
Números con nombre y apellido
Más allá de las cifras, Adamuz es una suma de vidas truncadas y familias rotas. Hay personas que siguen esperando noticias de seres queridos, supervivientes que no terminan de comprender cómo lograron salir con vida y relatos que estremecen por su sencillez: decisiones tomadas minutos antes que marcaron la diferencia entre vivir o morir.
Viajes para reencontrarse con la familia, planes cotidianos que nunca llegaron a cumplirse o incluso la búsqueda de mascotas desaparecidas forman parte de un mosaico humano que da dimensión real a la tragedia.
Solidaridad, silencio y preguntas abiertas
La respuesta social no se ha hecho esperar. Las donaciones de sangre se han multiplicado, mientras en muchos puntos del país se han guardado minutos de silencio en memoria de las víctimas.
Al mismo tiempo, el accidente ha provocado restricciones ferroviarias, revisiones urgentes de infraestructuras y un intenso debate sobre la seguridad, el mantenimiento de las vías y los protocolos de control. Las preguntas son muchas y las respuestas, de momento, escasas.
Mientras la investigación continúa y las familias intentan asimilar la pérdida, Adamuz se ha convertido en un recordatorio doloroso de la fragilidad de la vida y de la importancia de no bajar nunca la guardia cuando se trata de seguridad pública.

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