Adiós a Valentino Garavani: icono eterno de la moda, el maestro del rojo y de la elegancia, se despide a los 93 años

 


Adiós a Valentino Garavani: icono eterno de la moda, el maestro del rojo y de la elegancia, se despide a los 93 años


El diseñador italiano, referente absoluto de la alta costura y creador del icónico “rojo Valentino”, falleció este lunes 19 de enero a los 93 años en Roma. Con su muerte se despide no solo un modista, sino una forma de entender la elegancia como arte, disciplina y emoción


Decir Valentino es evocar belleza, sofisticación, silencio respetuoso antes de un desfile y emoción contenida ante un vestido perfecto. El mundo de la moda se despide de Valentino Garavani, fallecido a los 93 años en Roma, la ciudad que lo vio crear, amar y consagrarse como uno de los grandes maestros de la alta costura.

Su muerte no marca solo el final de una vida longeva, sino el cierre simbólico de una era en la que la moda se concebía como arte, paciencia y devoción absoluta por el detalle.

Un niño con una sensibilidad extraordinaria

Valentino nació en 1932 en Voghera, una pequeña ciudad del norte de Italia. Desde muy joven mostró una sensibilidad poco común: le atraían los colores, las telas, las formas. Mientras otros niños jugaban, él observaba. Y en esa observación silenciosa empezó a gestarse una mirada que más tarde seduciría al mundo entero.

Su vocación lo llevó primero a Milán y después a París, donde se formó en el corazón mismo de la alta costura. Allí aprendió no solo a diseñar, sino a respetar el oficio, a entender que un vestido puede ser arquitectura, emoción y carácter al mismo tiempo. París le dio técnica; Italia, alma.

Roma, el inicio de una leyenda

En 1959, Valentino regresó a Italia y abrió su propia casa de moda en Roma. No fue un camino fácil, pero sí fiel a su visión. Desde el principio supo lo que quería: una elegancia atemporal, con toque femenino, impecable. No le interesaba el ruido, sino la armonía.

El reconocimiento llegó pronto. Actrices, aristócratas, primeras damas y mujeres influyentes comenzaron a confiar en él para lucir como diosas en momentos irrepetibles. Valentino se convirtió en el diseñador de los grandes acontecimientos, de las bodas inolvidables, de las alfombras rojas que aún hoy permanecen en la memoria colectiva.

El rojo que lo dijo todo

Hablar de Valentino es hablar de un color. El rojo Valentino no fue una estrategia de marca, sino una emoción convertida en tonalidad. Un rojo intenso, vivo, elegante, capaz de iluminar a quien lo llevaba sin eclipsarla.

Para él, el rojo representaba fuerza, pasión y belleza sin concesiones. Con el tiempo, ese color se convirtió en un lenguaje propio, en una firma reconocible incluso sin etiquetas. Bastaba un vestido rojo para saber que Valentino estaba allí.

El último gran couturier

Durante décadas, Valentino defendió una idea de la moda basada en la excelencia, el trabajo artesanal y el absoluto respeto por la mujer. Sus diseños nunca gritaron; susurraban, sugerían. No perseguía tendencias, las trascendía. Encajes, bordados, drapeados y cortes precisos componían una estética romántica y poderosa a la vez.

En 2008 se despidió oficialmente de las pasarelas con un desfile que fue, más que una colección, una declaración de amor y respeto a su oficio. Fue su manera de cerrar el círculo con dignidad, emoción y belleza.

Más allá del diseñador

Valentino también fue un personaje fascinante: culto, exigente, sensible, apasionado por el arte, la arquitectura y la belleza en todas sus formas. Vivió rodeado de obras maestras, perros adorados y una lealtad absoluta a su propio gusto. Nunca pidió permiso para ser quien era.

Tras su retirada, siguió siendo una figura reverenciada, una presencia silenciosa pero influyente. Su nombre continuó representando un ideal, incluso cuando ya no estaba al frente de la casa que llevaba su apellido.

Un legado que no se apaga

Valentino Garavani deja mucho más que vestidos icónicos. Deja una manera de entender la moda como algo que perdura, que emociona, que no necesita explicación. Deja la certeza de que la elegancia no es exageración, sino equilibrio. Que el lujo verdadero está en el detalle invisible. Descanse en paz.




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