Fondo de Armario. "Las mujeres que no nos quisieron", de Pascal Thomas: comedia tan íntima y cotidiana como inteligente y divertida
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Las mujeres que no nos quisieron, de Pascal Thomas: comedia tan íntima y cotidiana como inteligente y divertida
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| Cartel original de Las Mujeres que no nos quisieron |
Desde su debut en 1973 con la comedia No llores con la boca abierta, ha dirigido 19 largometrajes hasta 2023, en los que ha experimentado no solo con este género, sino también con el Thriller (al que imbuye de un tono más suave y relajado) o con adaptaciones de novelas de misterio de Agatha Christie que tuvieron éxito de taquilla a principios del siglo XXI.
Pero la película de la que hoy tratamos, Las mujeres que no nos quisieron, estrenada en 1981, su sexto largometraje, y tras la que el director se tomó un descanso de ocho años en el que se dedicó a la publicidad, pertenece al grupo de sus comedias de situación, adultas y relajadas, ambientadas en entornos rurales, que observan a sus personajes con cariño y una sonrisa cómplice.
Sinopsis de Las Mujeres que no nos quisieron
Desde sus primeros minutos, la película deja claro que no estamos ante una comedia romántica al uso, sino ante un retrato coral y melancólicamente divertido sobre el amor, el desamor y, sobre todo, la memoria emocional o el peso de la memoria, del tiempo ido.
De manera elegante, ofrece al espectador el encuentro en un vagón de tren, en un trayecto de corta distancia, de unos cuantos personajes que van desgranando en sus relatos los amores fallidos que marcaron su vida de ausencias y desencuentros y que les dejaron una huella imborrable. La película aborda esas relaciones pasadas que, con el paso de los años, se transforman en anécdota, aprendizaje o herida cerrada o aún sin cerrar.
Lejos del resentimiento o la amargura, el enfoque es sorprendentemente luminoso: el director opta por la ironía suave y la observación inteligente, que no deja de lado tampoco un fino y divertido erotismo, evitando cualquier tentación de victimismo o tragedia irresoluble. El resultado es un cuento lleno de encanto que invita a la reflexión sin perder nunca el sentido del humor.
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| El cineasta francés Pascal Thomas |
Personajes adorables, diálogos que respiran
Uno de los grandes aciertos de la película es la construcción de estos personajes. Son adultos, complejos, mundanos, llenos de contradicciones y, sobre todo, profundamente reconocibles. No buscan gustar a los espectadores, sino parecerse a ellos. Sus conversaciones están llenas de silencios elocuentes, frases ingeniosas y verdades incómodas elaboradas con naturalidad.
Los diálogos, marca de la casa de Pascal Thomas, fluyen con ligereza. Parecen simples, casi improvisados, pero esconden una gran precisión emocional. Todos ellos aportan matices y permiten que el espectador complete los huecos con su propia experiencia. Consigue eso tan difícil que se define como verdadera comunicación, y logra lo que el cine ha pretendido desde sus inicios: involucrar, servir.
Ejemplo de comedia madura
En un panorama cinematográfico dominado por los ritmos acelerados de la superficialidad de las propuestas cinematográficas comerciales, Las mujeres que no nos quisieron reivindica la comedia madura, aquella que confía en la inteligencia del espectador y en la fuerza del ingenio y de los pequeños detalles.
Además, el cineasta demuestra que el humor no está reñido con la melancolía ni con el daño causado, y que se puede hablar del paso del tiempo con la profundidad que también puede residir en la ligereza. La película sonríe, pero también suspira, y ahí reside gran parte de su encanto. Porque esta comedia es eso: una muestra encantadora y tierna, llena de vida, que acaricia el corazón.
Triunfo de la sugerencia y la sobriedad
Se trata de una película ideal para quienes disfrutan del cine discreto de diálogos, que continúa la elegante tradición clásica de personas que cuentan cosas a otras, y que no impone emociones, sino que las sugiere desde su sobriedad. Es un elogio de la imperfección, de los amores fallidos y de la madurez emocional que llega —si es que llega— con las décadas. No es una película ruidosa, sino que apuesta por la sutileza educada, la sonrisa y la reflexión.
En definitiva, una pequeña joya del cine galo que confirma a Pascal Thomas como un maestro en el arte de contar historias sencillas para todo tipo de espectadores, en apariencia intrascendentes, pero que dicen mucho más de lo que aparentan, y que, por todo lo escrito, merece rescatarse del fondo del armario para disfrutar de una buena comedia, de una buena película.
Ficha técnica
Título: Las mujeres que no nos quisieron.
Título original: Celles qu’on n’a pas eues.
Año: 1981.
País: Francia.
Duración: 110 minutos.
Género: Comedia. Color.
Equipo técnico
Dirección: Pascal Thomas.
Guion: Jacques Lourcelles (a partir de una idea de Roland Duval).
Música: Vladimir Cosma.
Fotografía: Renan Pollès.
Montaje: Jacques Witta.
Sonido: Michel Laurent.
Decorados: Raoul Albert, Geoffroy Larcher.
Formato: Color · 35 mm · 1,85:1.
Reparto
Michel Aumont: Francis.
Daniel Ceccaldi: Guillaume.
Michel Galabru: Émile Loubignac.
Bernard Ménez: Robert.
Sophie Grimaldi: Lucie.
Jacques François: el viajero elegante.
Jean-Claude Martin: Justin Laval.
Jean-Pierre Darroussin: Amédée.
Anouk Ferjac: la mujer fallecida.
Jacques Jouanneau: el marido de la mujer fallecida.
Christian Pereira: Julien Loubignac.
Magda Mavrojani: la pianista.
Lorna Marvin: Miarka.
Margot Van Slyke: Elsa.
Elisabeth Margoni: Mathilde.
Roland Topor: el esgrimista.
Clément Thomas: Alain.
Danièle Gueble: «Tu m’tues».
Henri Poirier: el subdirector.
Antoine Duléry: el policía.
Isabelle Krasniqi: Christine.
Maurice Jacquemont: el abuelo de Christine.
Aline Bertrand: la abuela de Christine.
Florence Brière: la madre Villedieu.
Jean-Claude Bouillaud: el padre de Christine.


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